viernes, 10 de mayo de 2013

Andalucía, cuna de viejas culturas.


Andalucía, cuna de viejas culturas, en ella se asentó una de las más antiguas conocidas, en las costas que baña el “mar en el medio de las tierras”, según su nombre en latín “Mar Medi Terraneum”, los tartessos. Todas dejaron su impronta en ella y también se beneficiaron con lo que en sus entrañas encerraba, y algunos de sus hijos contribuyeron a agrandar la historia de aquellos pueblos que sus pies la horadaron.
Cuna de guerreros, aventureros, escritores y poetas. En las aguas que bañan su litoral grandes gestas se vieron que cambiaron del mundo la historia.
La naturaleza es sabia y como tal la dotó de todo lo necesario para que por sí brillara y resplandeciera a lo largo de toda su historia, sus entrañas muchas riquezas atesoraban, sus tierras eran y son terreno abonado para que el trabajo y el sudor del hombre obtenga de ellas frutos de inconmensurable sabor y de sus viejos o nuevos olivos el “oleum” nos ofrece, lo que algunos han dado en llamar el “oro de Andalucía”. Pero el oro realmente se encuentra en el corazón de sus gentes. Hijos suyos han expresado con su música y su poesía la profundidad de sus sentimientos. Sentimientos lanzados al aire en las canciones de otros hijos suyos, unos afamados y conocidos, otros anónimos o desconocidos fuera de su propio ambiente, pero todos ellos expresaron y expresan claramente lo hondo de su pasión.
Sólo algunos hombres movidos por ocultos o personales intereses tratan de deformar el alma de esta tierra mía. Que Dios les perdone tamaña felonía.

Hay quienes se arrogan el derecho a una tierra que dicen suya cuando en realidad hasta el nombre que ellos le dieron deriva del que ya era conocida desde mucho tiempo antes de su llegada. Sus antiguos pobladores la llamaron “Vandalucía” o “Landahlauts” (lotes de tierra en alemán antiguo), términos que derivarían hacia la denominación árabe de al-Andalus.
Andalucía ya era cuna y foco de civilización cuando los musulmanes cruzaron el Estrecho y pusieron, por primera vez, sus pies en el continente europeo. Y, es cierto, dieron continuidad a la larga y fructífera historia de Andalucía. Pero de ninguna de las maneras fueron creadores de la historia de esta, mi tierra de nacimiento. Convirtieron a Córdoba en la primera ciudad del mundo occidental. Y años después fue Sevilla, mi amada Sevilla, la que se convirtió en el centro cultural de aquel vasto territorio bajo el reinado de Al-Mutamid, el rey poeta, y bajo el poder almohade en capital de sus dominios y la más esplendorosa de las ciudades.
1. Templo de Melkart (Hércules) en Santi Petri. 2. Vista general de la ciudad de Baelo Claudia
en Tarifa. 3. Baelo Claudia, plaza pública y foro. 4. Factoría de salazones
de Baelo Claudia
Y aunque hoy las tres ciudades más conocidas de aquella época de la invasión musulmana sean Sevilla, Córdoba y Granada, no podemos olvidar los territorios que hoy conforman Andalucía: Cádiz, la marinera, donde los tirios se asentaron tras la guerra de Troya, la Gádir fenicia donde establecieron sus factorías;
1. Petroglifos en Zalamea la Real. 2. Grabado de la ciudad de Huelva.
3. Puente romano sobre el río Tinto en Niebla. 4. Bomba hidraúlica romana.
Huelva, crisol en que se funden antiquísimas culturas y relacionada con Tartesios, a la que el poeta romano Avieno se refería como “isla entre dos mares”;
1. Dolmen de Menga, vista exterior. 2. Vista interior del dolmen.
3. Fachada del ninfeo romano en Antequera.
4. Teatro romano de Acinipio, Ronda. 5. Termas romanas, Málaga
Málaga, territorio del pueblo íbero de los bástulos y en la que los fenicios, atraídos por su puerto natural y la riqueza de sus entrañas, fundaron su Malaka, que los romanos convirtieron en Malaca;
1. Puente romano en Linares. 2. Mosaico romano. 3. Mosaico romano en Linares
4. Detalle central del mosaico de la casa de los amores en Linares
Jaén, que hunde sus raíces en la cultura argárica de la edad del bronce, regida por los oretanos y horadada por cartagineses, romanos y alanos, tierra de encrucijadas donde se desarrollaron batallas que cambiaron el curso de la historia;
1. Poblado de los Millares, reproducción. 2. Interpretación del poblado de
los Millares. 3. Puente romano en Alhama de Almería.
4. El Indalo y pinturas rupestres en la Cueva de los Letreros, Vélez Blanco
Almería, cuna de las dos grandes culturas de la edad de los metales en la península ibérica: la de Los Millares y la de El Argar, descubiertas por el arqueólogo belga Luis Siret y Cels quien dijo que Almería era “un museo a cielo abierto”, y territorio ocupado luego por fenicios, cartagineses, romanos y vándalos;
1. Entradas a las galerías de minas de oro. 2. As ibero acuñado en Ilíberis.
3. Reproducción de moneda de Recaredo. 4. Interior de una cabaña en el
yacimiento de Castellón Alto. 5. Mosaico de villa romana de Salar.
Granada, cuya historia no comienza en la época musulmana, sino muchos siglos antes con la cultura ibérica donde dos núcleos urbanos se disputan la primacía: Ilurco e Iliberri o Ilíberis (la Florentia romana). Más tarde serían los cartagineses los que lucharían por su dominio y por la explotación de la riqueza de su subsuelo en oro, y en época visigoda alcanzó esplendor;
1. Columnas del templo romano de Córdoba. 2. Reconstrucción del templo
romano de Córdoba, autor: García Bellido. 3. Puente romano de Córdoba,
imagen de 1862. Séneca y Lucano, nacidos en Córdoba
Córdoba, donde convivieron los iberos naturales de aquel poblado de la Colina de los Quemados con el ejército romano y que a partir del siglo II a.C., tras la fundación del pretor romano Claudio Marcelo comenzaría su desarrollo y embellecimiento para convertirse, más tarde en la capital de la Hispania Ulterior;
ITÁLICA. 1. Ciudad romana de Itálica en Santiponce, vista aérea.
2. Teatro romano. 3. Detalle de una calle de la ciudad. 4. Columnas romanas
5. Villa romana 6. Ara báquica 7. Mosaico del Planetario 8. Mosaico de Neptuno
9. Mosaico de los Pájaros. 10 Estatua de Diana Cazadora. 11. Busto de Adriano
1. Tesoro del Carambolo. 2. Bronce de Carriazo 3. Escultura "Amazona herida", Écija
4. Acueducto romano "Caños de Carmona" 5. Acueducto romano de Itálica.
6. Baños romanos de La Luisiana 7 Columnas romanas de la calle Mármoles.
8. Columnas romanas en la Alameda de Hércules. 9 Mosaico romano de Alcalá del Río
10. Mosaico romano de Écija
y Sevilla´, mi amada Sevilla, la tan deseada en todos los tiempos y por todas las civilizaciones, porque sus tierras las baña el Guadalquivir, como decía García Lorca: “Para los barcos de vela, Sevilla tiene un camino…” Camino que utilizaron los fenicios y al frente de ellos Merlkart, a quien los griegos llamaron Heracles y los romanos Hércules. Mucho habría que ahondar para llegar a sus orígenes sumergidos en más de tres mil años de historia, que, confundiéndola con la mitología, fueron los tartesos sus pobladores y en las entrañas de esta bendita tierra dejaron huellas de su cultura en el tesoro del Carambolo, y tras ellos llegaron turdetanos, iberos y cartagineses, mas fue Roma quien primero engrandeció aquella ciudad que los nativos llamaban Spal o Ispal, y bajo el mandato de Julio César se convirtió en Hispalis, mientras en sus cercanías se erigía Itálica de donde fueron originarios dos emperadores romanos: Trajano y Adriano. Como dicen los versos: “Hércules me edificó / Julio César me cercó / de muros y torres altas”. Nuevas invasiones llegaron a ella y al final los visigodos reinarían desde ella, periodo en que Sevilla destacó como centro cultural en torno a la figura de Isidoro de Sevilla.
1. Territorios visigodos en el año 711 2. Conquista musulmana de la península
ibérica entre el 711 y el 726 3. Coras del final del emirato de Córdoba
4. Reinos de taifa en el año 1080
A lo largo de los ocho siglos en que la dominación musulmana se asentó en la Hispania visigoda, propiciada por las luchas internas por el poder entre la cúpula visigoda, el poco control que ejercían sobre los pueblos del norte de la península (galaicos; astures, cántabros, vascones…) que no se sometían al poder de los reyes visigodos, y el descontento de los judíos reprimidos fuertemente que les llevó a colaborar con los musulmanes para liberarse del yugo visigodo. El hecho de que aquella conquista se produjera en poco tiempo y con la colaboración de algunos de quienes formaban parte del reino visigodo, no resta para que se pueda considerar una invasión del territorio peninsular, como lo demostrarían los hechos a lo largo de esos ocho siglos.

No están todos los que son pero sí son todos los que están.
1. Abu l-Hassan Ali ibn Nafi (Ziryab), músico (Irak, 789 – Córdoba, 857)
2. Abbas ibn Firnas, científico (Ronda, Málaga, 810 – Córdoba, 887)
3. Abd al Malik ibn Zuhr (Avenzoar), médico (Peñaflor, Sevilla, 1073 – Sevilla, 1161)
4. Nur al Din al-Bitruyi (Alpertagio), cosmólogo (¿?, 1185 – 1204)
5. Al-Kimani, matemático, filósofo y médico (Córdoba, 970 – Zaragoza, 1066)
6. Ibn al-Baytar, médico y botánico (Provincia de Málaga, 1190 o 1197 – Damasco, 1248)
7. Maslama al-Mayriti, astrónomo (Madrid, mediados s. X – Córdoba, 1008)
8. Muhammad ibn Abbad al-Mutamid, poeta y rey de la taifa de Sevilla (Sevilla, 1069 – Agmat, Marrakech, 1090)
9. Abu Abdullah al Bakri, geógrafo, botánico e historiador (Huelva, 1014 - ¿?, 1094)
10. Abu Ishaq Ibrahim ibn Yahya al-Nasqqash al-Zarqali (Azarquiel), astrónomo y geógrafo (Toledo, 1029 – Sevilla, 1087)
11. Muhammad ibn Rushd (Averroes), filósofo y médico (Córdoba, 1126 – Marrakech, 1198)
12. Moshé ben Maimón (Maimónides), médico y teólogo (Córdoba, 1138 – El Cairo, 1204)
13. Abu Muhammad Ali ibn Ahmad ibn Sa’id ibn Hazm, filósofo, teólogo y poeta (Córdoba, 994 – Montijar, Huelva, 1064)
14. Muhammada al-Idrisi, cartógrafo y geógrafo (Ceuta, 1100 - ¿?, 1165-1166)
15. Muhammad ibn Tufail al Qaisi al-Andalusi (Abentofail), médico, filósofo, matemático y poeta (Guadix, Purchena o Tíjola, 1105 o 1110 – Marrakech, 1185)
16. Ahmad ibn Abd Allah ibn Ahmad ibn Galib ibn Zaydun (Abenzaidún), poeta (Córdoba, 1003 – Sevilla, 1071) y Wallada bint al-Mustafki, poetisa (Córdoba, 994 – Córdoba, 1091)
17. Abu Bakr Muhammad ibn Ali ibn Arabi, filósofo, poeta y místico sufí (Murcia, 1165 – Damasco, 1240) 18. Salomón ibn Gabirol, filósofo y poeta (Málaga, 1021 – Valencia, 1058)
Si algo destacó durante aquella dominación fue la convivencia entre las tres grandes religiones del Mediterráneo: la cristiana, la judía y la musulmana, que se vio favorecida por la pujanza económica del territorio y fructificó en la aparición de una cultura con rasgos propios: la cultura andalusí. Una cultura que se enriqueció por las aportaciones de pensadores y hombres de ciencia de las tres religiones pues no solo los musulmanes fueron sus creadores. En aquel clima de tolerancia religiosa e intelectual la enseñanza, aunque reservada a una minoría privilegiada, sí estaba lo suficiente generalizada  para diferenciarse de lo que ocurría en el mundo cristiano. Fue el estudio de la antigüedad clásica, y fundamentalmente de la filosofía griega, lo que dio esplendor a la cultura andalusí y permitió el conocimiento de ella en los territorios cristianos. Averroes, cuya extensa obra abarca temas de historia, derecho, literatura, medicina, astronomía, matemáticas…, es en la filosofía donde se puede considerar el cenit. Basada en las enseñanzas de Aristóteles su obra filosófica es un compendio de juicios críticos y novedosos de la sociedad de su tiempo, es el único autor que habla de la condición de la mujer en el mundo islámico. Casi al mismo tiempo que Averroes había nacido, también en Córdoba, Maimónides, de origen judío, quien también destacó como jurista, médico y filósofo y defendió el pensamiento racionalista donde la razón humana está por encima de la revelación divina. Al igual que Averroes fue perseguido por la ortodoxia musulmana y, en su caso, además por la judía. La ciencia no estaba separa de la filosofía en la cultura andalusí, en donde predominaron las disciplinas prácticas como la agricultura, la navegación, la arquitectura, la física, la astronomía… La medicina andalusí gozó de gran prestigio y, fundamentalmente, estuvo ejercida por mozárabes y judíos que llegaron a crear auténticas dinastías de médicos. La prosa y la poesía fueron dos disciplinas altamente valoradas por los andalusíes, amantes de la belleza, la estética y la naturaleza. La música nunca fue un género bien considerado por el mundo musulmán; no obstante, en al-Andalus proliferaron grandes músicos. La rigidez de las autoridades religiosas de al-Andalus significaría para muchos de aquellos pensadores y sabios la persecución y la quema de sus libros. Como ocurriría posteriormente. La cultura siempre ha sido menospreciada por el poder reinante en cada momento y en cada lugar.
La batalla de las Navas
Nunca deberían olvidar este brillo y esplendor de aquella cultura quienes, si perdieron lo que hoy consideran suyo, fue precisamente por las luchas intestinas por el poder y los enfrentamientos por motivos de interpretación de la doctrina islámica que entre ellos mismos mantuvieron y que los debilitaron hasta el extremo de tener que abandonar lo que tanto embellecieron y amaron.
Fue Abd al-Rahman I, aquel descendiente de los omeyas de Damasco, quien constituyó el emirato independiente de Córdoba, tras ser perseguido por sus enemigos, los abasidas. Aunque la realidad es que una buena parte de aquel ejército invasor no era árabe sino bereber. 
Fue con Abd al-Rahman III cuando dió comienzo la etapa del califato, la de mayor importancia de la España musulmana. Es a partir del siglo XI cuando, tras otras invasiones de pueblos árabes procedentes del norte de África, aquel califato se divide en numerosos reinos independientes, conocidos como taifas, de deslumbrante cultura pero muy debilitados por las propias luchas entre ellos, traiciones y otras muchas cuestiones que hicieron posible el avance de las huestes castellanas.
GRANADA
1. Vista general. 2. Patio de los Arrayanes 3. Patio de los Leones
4. Detalle de la sala de los Abencerrajes 5. Sala de los Reye
 6. Detalle de la sala de las Dos Hermanas 7. Baños reales
8. Cuarto dorado 9. Detalles de decoración.
CÓRDOBA
1. Medina Azahara, exterior edificio basilical
2. Medina Azahara, puerta de la casa del primer ministro Ya'Far
3. Medina Azahara, salón 4. Córdoba, murallas
5. Puerta de Sevilla, estatua de Ibn Hazm 6. Murallas y estatua de Averroes
7. Exterior de la mezquita 8. Mihrab de la mezquita 9. Interior de la Mezquita
SEVILLA
1. Puerta del Perdón, catedral de Sevilla, desde el exterior. 2. Puerta del Perdón desde
el Patio de los Naranjos 3. Detalle de la puerta de madera de cedro forrada
con chapas de bronce, y aldabón 4. Detalle de la yesería de los arcos
del interior de la puerta del Perdón 5. Baños árabes 6. Patio del Yeso,
Reales Alcázares 7. Muralla y Torre Blanca 8. Muralla de la Macarena
9. Torre de la Plata 10 Torre del Oro 11. La Giralda
El legado de aquella cultura pervive hoy en día en la lengua –un castellano cuyo léxico debe mucho a aportaciones árabes-, en numerosas actividades económicas tradicionales, en la música y, sobre todo, en el patrimonio artístico: monumentos internacionalmente conocidos como la Mezquita y el Palacio de Medina Azahara en Córdoba; la Alhambra de Granada; la Giralda y la Torre del Oro en Sevilla; y muchos otros extendidos a lo largo de la geografía de las tierras donde ellos sembraron aquella cultura, además de un impresionante conjunto de murallas, alcazabas y atalayas defensivas. Durante el periodo de dominación musulmana no es solo la cultura islámica la que influye sobre los cristianos y judíos, sino que la cultura de los pobladores de aquel territorio conquistado influye también en ella. El islam asimilaba los conocimientos y el arte de los pueblos vencidos y ello queda reflejado en la arquitectura de la cultura andalusí que contiene elementos de la arquitectura romana y visigoda, el ejemplo más claro de ello lo encontramos en la Mezquita de Córdoba, construida sobre la antigua iglesia visigoda de San Vicente, en la que se reutilizaron muchos elementos romanos y visigodos, y en su arquitectura se encuentran soluciones ya existentes en la península, como los contrafuertes exteriores, la alternancia de piedra y ladrillo, la superposición de arcos utilizada por los romanos para la construcción de los acueductos, y el arco de herradura que tiene su precedente en la tradición hispanorromana-visigótica.
Aquellos que hoy reclaman como suyo lo que tuvieron que abandonar por sus propios errores, deberían admirar la obra que sus antepasados dejaron en esta tierra y soñar con sus insignes personajes andalusíes, pues eso es lo que eran: cristianos, judíos y musulmanes, o si lo prefieren: mozárabes, muladíes, judíos e islamistas. Quienes por encima del poder instituido, sin tener en cuenta creencias religiosas o pertenencia a etnias o pueblos diferentes, hicieron de la cultura andalusí faro y guía de las demás del mundo conocido en aquellos momentos. Tal vez así aprendieran a no volver a caer en los mismos errores en otros lugares y territorios por los mismos o parecidos motivos.
Una vez más se demuestra que la falta de cultura, el dominio de las creencias religiosas por encima de la razón del ser humano y las ansias de poder deforman por completo la realidad histórica de los hechos. Y es la cultura y el conocimiento lo que está siendo necesario reivindicar, pues solo a través del mismo el ser humano puede ser libre para luchar frente a situaciones de injusticia.

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