miércoles, 20 de enero de 2016

POLÍTICOS O ACTORES DE UN ESPERPENTO



“No puedo enseñar nada a nadie, solo puedo hacerles pensar”, decía Sócrates, y es lo que pretendo con estas líneas, hacer pensar a nuestros políticos sobre la realidad social de nuestro país, inmerso en estos momentos en una lucha por hacerse con el poder cuando deberían estar esforzándose en conseguir el bien para todos aquellos que emitimos nuestro voto el pasado 20 de diciembre y el de todos que se quedaron en casa, cada uno con sus propias convicciones para tomar sus decisiones.
  
Louis de Bonald 
El pueblo, dicen casi todos ustedes, con sus votos ha pedido un cambio, pero no solo un cambio político, creo que mucho más que eso lo que hemos pedido ha sido un cambio de conciencia social en nuestros políticos. Por ello deberían pensar en las palabras de Louis de Bonald: “En las crisis políticas lo más difícil para un hombre honrado no consiste en cumplir su deber, sino en conocerlo”. Y el deber de cualquier político debe estar enlazado con el bien general y no con sus intereses personales o de su partido.
De ahí que, aun respetando esas acciones, no termine de comprender las llevadas a cabo estos días pasados durante la constitución del nuevo Congreso de los Diputados con lo que entiendo que son simples gestos de cara a la galería y poco efectivos de cara al reconocimiento real de los derechos. Esas puestas en escena no conducen a nada. Eso que algunos llaman actos reivindicativos solo sirven para llamar la atención y, tal vez, captar más votos. Y, como siempre, dichos gestos, y las reacciones de quienes los han criticado, han servido de carnaza a los medios de comunicación para distraer la atención de aquellos que están más pendientes de la crítica y el ataque a quien piensa diferente que a los problemas reales que nos conciernen.
John Selden
La coherencia debe ser la base de la realidad y acciones o posturas como las que estamos viendo de mantener las ansias de poder o el “donde dije digo, digo Diego” es simplemente demagogia. “Todo podía discurrir bien en el Estado si cada uno, en el Parlamento, olvidara su propio interés y mirase tan solo el bien general”, dijo John Selden, y bien cierto es porque realmente qué me importa a mí como vistan sus señorías, ni si llevan a sus bebés a su escaño, si realmente se dedicaran a cumplir con el deber adquirido de representar al pueblo que los eligió.
No olviden la frase: “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”, de Abraham Lincoln; para no hacer realidad la de Louis Dumur: “La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”; sin olvidar la del líder comunista Nikita Jrushchov cuando manifestó: “Los políticos siempre hacen lo mismo: prometen construir un puente aunque no haya río”. Son muchos años ya, yo diría siglos, aguantando las mismas mentiras, de ahí que sea necesario ese cambio que añoramos, ese cambio en la conciencia social de todos los políticos para que podamos olvidar el pensamiento, que hemos hecho nuestro por la realidad que nos rodea desde hace años, de Pítaco de Mitilene, uno de los Siete Sabios de Grecia: “Si queréis conocer a un hombre, revestidlo de un gran poder. El poder no corrompe, desenmascara”.
No, no basta con que se renuncien a coches oficiales, como están haciendo algunos, ni siquiera a las dietas de aquellos que, elegidos por otras circunscripciones, tienen residencia en Madrid. De acuerdo que eso pueden ser muestras de honestidad que otros no han dado, pero al pueblo eso no le solucionada nada mientras que a ese dinero ahorrado no se le asigne un fin específico para atender imperiosas necesidades, como la atención a todos esos niños con enfermedades raras o cuyos tratamientos requieren la “recogida de tapones” para tratar de poder atenderlos.
Por eso les digo: Señorías (permitan que utilice este término que es el que les corresponde por su cargo de representación, el respeto para mí se antepone), tan difícil es ponerse de acuerdo para que este país avance y no se pierdan más derechos del pueblo, mientras se mantienen los privilegios de usías y sus compañeros de partido que les acompañarán como “asesores”.

¡Basta de privilegios!, señores políticos. Pues privilegio es que sus señorías dispongan de una guardería para atender a sus hijos menores de dos años y no se hayan promovido leyes que fomenten la creación de ese servicio en las empresas como lo es la existencia del comedor, por cierto una ley de 1938 que es efectiva al no haber sido derogada expresamente. Leyes que permitan la conciliación familiar y que promuevan excedencias laborales, durante los primeros años de vida del bebé, a cargo del Estado, algo que de alguna manera las mamás diputadas se pueden permitir pues nadie controla su presencia en el escaño.
Privilegio es cobrar un sueldo más las asignaciones aunque no se asista al trabajo, pues no existe ningún control de absentismo laboral, lo que en muchas ocasiones producen lamentables imágenes del Hemiciclo casi vacío, solo están completo a la hora de las votaciones. Por cierto, un salario fijo de 2.813,87 euros mensuales que se incrementa con los complementos que perciben y que oscilan entre los 3.000 y los 600 euros mensuales, en función del cargo o pertenencia a Comisiones, en 14 pagas al año, y de los cuales una tercera parte o más está exenta del IRPF.

Sin entrar a valorar si ese importe es justo o no, lo cierto es que está muy por encima del salario medio en España (1.881,3 euros) y cuatro veces más que el salario mínimo interprofesional (655,20 euros) de los trabajadores, esos que con su esfuerzo, y a costa de ver disminuidos sus derechos, están haciendo posible que la economía de este país vaya saliendo adelante. Y no vale el argumento de que el puesto de trabajo de sus señorías, en principio, es solo por cuatro años, pues mucho más precario es el de millones de trabajadores que en ocasiones no llega ni a los treinta días.
Privilegio es que para percibir una jubilación cualquier trabajador tenga que cotizar entre 35 y 40 años y a sus señorías les baste con 7. Con la particularidad de que la Cámara les ingresa el 10 % de su sueldo base mensual (281 euros) a un fondo de pensiones, de tal forma que cuando se jubilen percibirán un complemento a su pensión.
Robert Musil
Privilegio es que sus señorías puedan compatibilizar su escaño con alguna actividad privada. Además de otros cuantos más que todos conocemos y de los que no goza el pueblo que le hemos votado y le mantenemos con nuestros impuestos.
Así que, señores políticos, déjense de posturitas, olvídense de sus ansias de poder y siéntense a trabajar. Elaboren, en conjunto, una serie de medidas que empezando por suprimir sus propios privilegios; las prerrogativas de los partidos y sindicatos; la duplicidad en las Administraciones Públicas; acaben con los cargos, asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que suelen ser los “funcionarios” que más cobran, y saneen la economía de las arcas del Estado. Acaben con los famosos aforamientos, pues la justicia debe ser igual para todos. Para la Ley no deben existir ciudadanos de primera y de segunda. Legislen para acabar con la corrupción que impera en nuestros país, y de la que ninguno está exento, algo que no es nuevo en España por mucho que ahora nos escandalice, pues parece ser innato en el carácter de muchos españoles, basta echar un vistazo a nuestra propia historia y veremos que los primeros vestigios los encontramos en la literatura picaresca del siglo XVI, que tuvo continuidad en el XIX y acabó con el gobierno de Alejandro Lerroux durante la Segunda República, para posteriormente, la corrupción, seguir campando libremente hasta nuestros días, sin que nadie haya sido capaz de poner freno a estos desmanes de políticos y empresarios cuyo único objetivo es el enriquecimiento fácil y rápido. Legislen para que se pueda acabar con la práctica de casi todas las modalidades de la suciedad política:
- robos
- cohechos
- concursos públicos trucados
- subvenciones a los amigos
- listas negras de empresas y personas
- miles de colocados a dedo
- clientelismo masivo
- urbanismo corrupto
- comisiones
- becas falseadas
- oposiciones con trampa
- ventajas fiscales para los amigos
- desaparición de grandes masas de dinero

y un largo etcétera y que deja en mantillas a los más grandes miembros de la mafia. Y muchos de ustedes se justifican diciendo que los suyos son los menos corruptos. Lo cierto es que, en una sociedad donde el sistema hace que lo que prime sea el dinero por encima de otros valores, somos testigos, casi diariamente, de nuevos casos de corrupción. Dejen de hacer teatro y no hagan cierto el pensamiento de Robert Musil: “Como alma noble, no conocía la ley de la causa, según la cual el hombre se conduce en la vida privada de distinto modo que en su vida profesional. No sabía que los políticos, después de haberse llamado mutuamente en la sala de juntas canallas e impostores, se reúnen amigablemente a desayunar en el bar”. Tampoco yo termino de entender estas posturas, así que adóptenlas en sus reuniones de trabajo para hacer posible un gobierno para la mayoría del pueblo.
Antes de cerrar esta reflexión que debería ser para sus señorías, simplemente dejarles una recopilación de otras frases que han sido manifestadas por políticos y pensadores y que les puede venir bien repasarlas a usías y a los votantes.
Gustavo Flaubert
Como decía Gustavo Flaubert: “No tengo simpatía alguna por ningún partido político, mejor dicho los aborrezco a todos, porque todos me parecen igualmente limitados, falsos, pueriles, empleados en lo efímero, sin visión de conjunto y sin elevarse jamás más allá de lo útil”, palabras que suscribo, pero creo en la democracia, en ese Estado donde todo el mundo sea respetado y nadie se crea más que otro, y tengo la esperanza de que al menos algunos sean dignos de llamarse representantes del pueblo y no meros “alzamanos” en las votaciones siguiendo las consignas de su partido.