viernes, 12 de agosto de 2016

EL SER HUMANO ES LO QUE LA EDUCACIÓN HACE DE ÉL


A la izquierda, mi abuelo Antonio Velasco con sus alumnos. A la derecha mi hijo menor.
La dedicación a la educación de mi hijo menor, en edad escolar, tanto en la faceta de su formación académica como humana hace que esté en contacto permanente con el mundo de la educación actualmente. Ello se incrementa con la investigación que vengo realizando para escribir la historia de mi abuelo, Antonio Velasco Martín, maestro en El Saucejo (Sevilla), asesinado durante la represión de las tropas que se alzaron contra el gobierno emanado de las elecciones generales que se habían celebrado en febrero de 1936, y cuyas ideas sobre la docencia quedan claramente definidas por quienes le conocieron. Es así como, tanto una cosa como la otra, me hacen entrar en contacto con las reflexiones de pensadores que defendieron y defienden aquella pedagogía.
Don Emilio Lledó
En el silencio de la madrugada de estas noches de verano, cuando la brisa marina refresca el ambiente, es un placer leer y escuchar las palabras de Emilio Lledó, sevillano de nacimiento y universal de adopción. Esas ideas que su ágil y brillante pluma dejan plasmadas para siempre en sus obras escritas.

Un hombre que en su infancia vivió la tragedia de la guerra española. Hijo de un militar republicano, a los seis años, como él mismo rememora, los avatares de aquellos momentos llevaron a sus padres a Vicalvaro, un pequeño pueblo de Madrid, por entonces. “De ese tiempo recuerdo la miseria y el hambre. Para mí la palabra hambre no es una metáfora. Desde los años 40 hasta casi el año que muere mi padre, en el 50, en mi familia lo pasamos muy mal. Fue una época muy dura. No había qué comer en el Madrid de esos años. La gente modesta, humilde, como éramos nosotros, lo tenía muy difícil, y por eso yo me marché en cuanto pude.”
Su grandeza como ser humano y como pensador no reside solo en la transmisión de sus reflexiones, sino en el respeto que siempre ha tenido y tiene sobre aquellos que, de una manera u otra, contribuyeron a su formación humanística, en ocasiones tan dispares como las del filósofo Julián Marías, de quien fue alumno y de quien reconoce que fue quien le apasionó por la filosofía.
Fue en aquel pueblo donde tuvo su primer maestro que él siempre evoca con admiración: “Don Francisco, mi maestro, en el fondo era un hombre que nos liberaba la conciencia, que nos hacía personas y nos daba libertad. Esa es la grandeza de la enseñanza. Si a ti de pequeño te meten únicamente frases hechas en la cabeza; si te introducen lo que yo llamo grumos pringosos, ya no vas a poder pensar, ya no vas a poder ser libre, ni tener un espíritu creador, ni siquiera racional, dejando claro que en la enseñanza no sólo hay que cultivar la racionalidad. Otra de las cosas importantes que nos aportó ese maestro fue la educación de la sensibilidad. Nos animaba a pensar las palabras, a no asumirlas sin entenderlas. Sabía que sólo así podíamos salvarnos de la manipulación, de la agresividad a que conduce la falta de comprensión.”
Como me recuerda esta semblanza que él hace de aquel maestro a lo que he podido saber, por quienes le conocieron, sobre mi abuelo Antonio Velasco Martín, quien enseñaba a los niños a través de la experiencia, de la mirada, del tacto de las cosas, del continuo contacto con la realidad que les rodeaba, por encima de inculcarles ideas preconcebidas o memorización de conceptos que en muchos casos no comprenderían.
Es permanente, en el pensamiento de Lledó, la preocupación por la educación. Por la educación del ser humano desde la niñez. Como deja reflejado en su libro “Ser quien eres: ensayos para una educación democrática”: “Esa educación es, como sabemos, algo que tiene que comenzar en la infancia, porque es entonces cuando la libertad inicial de la mente puede quedar lastrada por todos los reflejos condicionados que los intereses de determinados grupos de poderes ideológicos o religiosos son capaces de inocular. Educar es crear libertad, dar posibilidad, hacer pensar. Y hay instituciones que parecen haber nacido para combatir tal libertad y tal pensamiento, al levantar en la mente infantil un mundo de fantasmagorías que, más tarde e inevitablemente, coagulan en atontamiento y en su consecuencia inmediata, el fanatismo.”
 A la izquierda, dibujo representativo de Juan Mairena, realizado por José Machado e incluido en la primera edición del libro "Juan Mairena". A la derecha una imagen de Antonio Machado.
Y en ese mismo libro leemos una referencia a la, casi desconocida para el público en general, obra en prosa de Antonio Machado, “Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo”. En la que aquel profesor utiliza con sus alumnos la pedagogía de la pregunta, del diálogo e invita a él. “La razón es hija no de la disputa, sino del diálogo, que busca verdades, absolutas o relativas, pero independientes. Abolir el diálogo es renunciar a la razón humana, volver a la barbarie”. Es por ello que el profesor Lledó nos transmite: “Comprendo que Machado fuese un discípulo entregado a los ideales de la Institución Libre de Enseñanza y que luchase por establecer, frente a la pedagogía del odio, de la exclusión y el fanatismo, la doctrina de la libertad y creatividad intelectual, de la libertad ética. Y eso se aprende, según se dice, en la familia y en la escuela. Pero la palabra “familia” se puede utilizar en contextos muy confusos, en los que aparece esa ideología de la hipocresía solapada que Kant criticaba, y donde se esconden el clasismo, la discriminación y la ignorancia. Y en la escuela, entendida como el espacio público para la formación del ciudadano y en donde no se dore la píldora de la desigualdad, la irracionalidad y el atontamiento, para provecho de los pretendidos educadores. La lectura y el diálogo en nuestros institutos del Juan de Mairena podría ser, entre otros, un elemento fundamental para esa nueva conciencia ciudadana que tanto necesitamos.” De él señala el profesor Lledó: “Hay un texto interesante de Machado en su Juan de Mairena que dice algo así como que no serían los obreros, como algunos podrían creer, los que se reirían al escuchar el nombre de Platón; que la que se reiría sería esa oligarquía indigna, estropeada por el bajo nivel de nuestro sistema educativo y por el pragmatismo eclesiástico, enemigo de las grandes actividades del espíritu”.
O cuando reflexiona sobre educación e igualdad: “El reconocimiento de la desigualdad real no debe, sin embargo, desanimarnos en la tensión ideal por la igualdad. Solo las sociedades que luchan por la igualdad son las que pueden producir más riqueza cultural, más bienes materiales. Los pueblos marcados por grandes diferencias entre sus clases sociales son los más amenazados por la destrucción y la aniquilación, los más vencidos.
El principio esencial de ese sueño igualitario es la educación. Su más equitativo y generoso instrumento: la educación pública, con la pedagogía de la justicia y la solidaridad. El mal más terrible que puede instalarse en la consciencia democrática es, por el contrario, el cultivo solapado e hipócrita de la diferencia, de la desigualdad.”
Siempre la formación intelectual del ser humano está presente en sus reflexiones, el final de las mismas suele terminar siempre en la necesidad de la educación desde la infancia, puesto que para él la ignorancia es la raíz de todos los males. Es en la infancia cuando la libertad inicial de la mente puede ser deformada por los intereses de grupos de poderes ideológicos o religiosos capaces de contaminarla con reflejos condicionados. Educar es crear libertad, dar posibilidad, hacer pensar. Según sus propias palabras: “Lo importantes es crear libertad intelectual y capacidad de pensar. Se habla muchísimo de la libertad de expresión, pero lo importante es la libertad de pensamiento: tener qué pensar, saber qué pensar” “A mí me llama mucho la atención que siempre se habla, y con razón, de libertad de expresión. Es obvio que hay que tener eso, pero lo que hay que tener, principal y primariamente, es libertad de pensamiento. ¿Qué me importa a mí la libertad de expresión si no digo más que imbecilidades? ¿Para qué sirve si no sabes pensar, si no tienes sentido crítico, si no sabes ser libre intelectualmente”. “Decir las tonterías que se te ocurren, o insultar a quien te parezca o calumniar, eso no es libertad de expresión. La libertad de expresión procede de una libertad de pensamiento, de que tu mente sea libre. Una de las cosas que hay que enseñar en la escuela es la liberación de la mente, eso es realmente la libertad. Y esa libertad de pensamiento es lo que permite que lo que expreses (la libertad de expresión) tenga sentido ético, tenga sentido colectivo, sea útil”. 
Platón, Aristóteles y Epicuro
Mas no olvida otras cuestiones y recurre, permanentemente, a los clásicos, Platón, Aristóteles, Epicuro…, esgrimiendo la vigencia de los mismos a través de sus mensajes, sorprendentemente de actualidad, que proporcionan una ayuda decisiva para reflexionar sobre nuestra realidad actual. En su pensamiento crítico denuncia la corrupción de la política, cuestiona la situación de la democracia y analiza la situación de la sociedad actual. Por eso al hablar de Aristóteles, presta especial atención a su ética: “Hay un texto de Aristóteles que habla de tres niveles en la vida humana: el nivel de la mente, el nivel del cuerpo y el último, el más bajo, el de la economía, el del dinero. Qué duda cabe que el dinero es útil, importante, pero parémonos ahí, no olvidemos que es lo de menos. Lo que dice Aristóteles es que cuando la economía, el dinero, se coloca por delante de los demás niveles, todo se hunde. Sólo las oligarquías sacan sus tajadas. La riqueza de un pueblo no es la del suelo, sino la del cerebro”. 
En su obra, “Los libros y la libertad”, incluye un texto que pertenece a “La República” de Platón, escrito hace 2 400 años y que señala la conducta que deberían tener los políticos: “Serán ellos, los políticos, a quienes no esté permitido tocar el oro ni la plata, ni entrar bajo el techo que cubran estos metales, ni llevarlos sobre sí, ni beber en recipientes fabricados con ellos. Si así proceden, se salvarán ellos y salvarán a la ciudad. Pero si adquieren tierras, casas, dinero, se convertirán de guardianes en administradores trapisondistas y de amigos de sus ciudadanos en odiosos déspotas. Pasarán su vida entera aborreciendo y siendo aborrecidos, conspirando y siendo objeto de conspiraciones, temiendo, en fin, mucho más a los enemigos de dentro que a los de fuera y así correrán en derechura al abismo, tanto ellos como la ciudad”. “Luchamos por formar una ciudad feliz, en nuestra opinión, no ya estableciendo desigualdades y otorgando la dicha en ella solo a unos cuantos, sino a la ciudad entera”. 
Son muchas las ideas, los pensamientos que expone el profesor Lledó en su obra que muchos deberían tener presentes, pues reflejan lo que debería ser y no lo que es actualmente. Por eso cuando, para una apasionada a la Historia como es mi caso, reflexiona sobre la importancia de la memoria impulsa aún más mis deseos de conocer, de ahondar en ella: “Si no tuviéramos memoria, no sabríamos quiénes somos. Por eso, siempre he defendido la tesis de que debemos tener memoria, no sólo individual sino también colectiva.” Y abunda cuando habla sobre la memoria de la Guerra Civil y del trabajo de los maestros de la República: “Esa tesis de que se abren heridas me parece falsa. Yo lo que quiero es saber qué ha pasado en mi país, conocer su historia, y eso no es abrir heridas. Eso es tomar conciencia de las cosas negativas y de los caminos por los que no hay que seguir adelante en ese olvido. El Alzheimer colectivo es todavía mucho peor que el Alzheimer individual, y un país sometido a la falsificación de lo colectivo es un país condenado. En mi opinión, no hay futuro en un país si no ponemos el pasado por delante para aprender de él."

En alguna ocasión abstraída en la lectura de alguna de sus obras, subyugada por sus reflexiones, el alba viene a romper la negrura de la noche como la claridad de las ideas del profesor Lledó vienen a iluminar la desesperanza en que parece encontrarse esta sociedad, abriendo caminos fácilmente transitables en la medida en que sepamos asumir que la educación del ser humano es el principal fundamento de su libertad. “Sapere aude” (atrévete a saber) frase acuñada por Horacio en el siglo I a.C. en una epístola a su amigo Lolius, y eso es realmente lo que deberíamos hacer: atrevernos a pensar.
María Velasco

jueves, 2 de junio de 2016

HISTORIA DE UN MAESTRO: ANTONIO VELASCO


A mis abuelos, in memoriam
Más allá de la sangre y de los huesos,
más allá del pan, más allá del vino,
más allá del fuego,
vienes volando.
Pablo Neruda
Hace casi ochenta años la sinrazón, el sinsentido y el odio segaron tu vida. Una vida que desde mi niñez he tratado de ir conociendo. ¡Cuántas veces quise conocerla a través de la abuela! Su reacción siempre fue la misma: sus ojos se anegaban de lágrimas que se deslizaban lentamente por sus mejillas. Lágrimas incomprensibles para la mente de aquella niña que era yo. Inquietud surgida por el mero hecho de ver otras amigas a las que, sus abuelos, iban a recogerlas a la salida de la escuela, las llevaban de paseo, e incluso algunos le llevaban la merienda a la plaza en la que jugábamos ¿por qué ellas tenían abuelo y yo no? ¿Qué había pasado con él? ¿Cómo murió? Algunas de ellas tenían fotografías de sus abuelos en sus casas y en la mía no había ninguna, cuando preguntaba por ellos y por qué no teníamos sus fotografías, nadie me respondía. Era como un secreto que nadie quería revelar. Aquello aún incrementaba más mi deseo de conocer.  Así crecí pendiente siempre de cualquier comentario que se hiciera sobre tu vida. Una y otra vez, cuando se presentaba la ocasión acosaba a la abuela con preguntas. Hasta que un día, creo recordar que fue por su cumpleaños, estando en El Saucejo nos acercamos al cementerio, tampoco había allí una tumba que recordara donde tu cuerpo hubiera sido enterrado. Mientras mi padre y mis tíos esparcían en aquel terreno lleno de matorrales y que parecía abandonado, los claveles que llevaban, me acerque a la abuela y le pregunté que dónde estaba tu tumba para depositar las flores que llevábamos ella me dijo: ¡Bajo tus pies está tu abuelo! Me dejó sorprendida y pensativa, pero ella ya se había alejado derramando el ramo de claveles como si los estuviera sembrando. Deposité el clavel que llevaba junto a mis pies y agachada removía la tierra pensando que tu tumba estaría cubierta por el tiempo transcurrido. La abuela volvió en aquellos momentos y le pregunté por qué habían esparcido las flores por todo el lugar, ella me dijo que yo no comprendería lo que había pasado, “al abuelo lo habían matado unos hombres malos” que cuando fuera mayor yo misma encontraría las respuestas, y “por favor, no me preguntes más por el abuelo, me lo haces recordar y lloro por ello”. Con un puñado de aquella tierra en mis manos le prometí que así lo haría, buscaría respuestas a todas aquellas preguntas y cuando las tuviera dejaría constancia por escrito de aquella historia. ¡Sé que lo harás!, me contestó ella. Tomó mi mano y nos dirigimos a una vieja casa de la que apenas quedaban en pie unas paredes y la puerta y una ventana. Vi como su rostro se demudaba y sus ojos se empañaban, pero en aquel momento llegaron mis tíos y mi padre y me mandaron a jugar con los primos y que no atosigara a la abuela con tantas preguntas. Aquella inquietud por conocer, propia de una niña, se convirtió en deseo vehemente. De esa manera fui escribiendo, con la tinta indeleble con que se graban los recuerdos, cualquier dato que podía obtener sobre tu vida. Recuerdos que surgen a saltos, a golpes, pero que ahora afloran como manantiales sobreponiéndose a cualquier otro pensamiento.
Mi abuela, Teresa Diaz Salazar
Esta es la recopilación de las páginas de aquel libro de la historia de mi abuelo. Páginas que he ido recuperando y cuyo contenido, para aquella niña que fui, eran un misterio hoy por fin desvelado. Es la primera parte de aquella promesa que le hice a mi abuela y que tendrá continuidad en una obra de mayor envergadura que un post en las redes sociales. Relato que pongo en boca de mi abuela, como si ella me lo hubiese narrado. El conocimiento de los hechos me llevan a comprender el por qué no lo hizo ella en aquellos momentos. Del mismo modo que entiendo la tristeza de su mirada, anclada en el pasado como deseando tener el poder de cambiarlo.
Familia Velasco Martín
Juan Martín Rodríguez y su esposa
“Ven, mi niña, ha llegado el momento de que sepas quien fue tu abuelo. Había nacido el 15 de febrero de 1897 en Los Corrales. Sus padres, Juan Antonio Velasco Zamora y Dolores Martín Ramos, conformaban una familia con hondas raíces en la docencia y profundas creencias religiosas. De su matrimonio nacieron cinco hijos: Eugenio, Juan, Ana, Benito y tu abuelo, el menor de todos ellos. Sus padres eran maestros, lo mismo que lo había sido su abuelo, Juan Martín Rodríguez, a quien apodaban “el Santo” por su extrema bondad. Según contaban, un día cuando iba paseando con dos de sus hijas por los viñedos de su propiedad observaron a unos individuos que estaban robando uvas, él les dijo: “Escondámonos que no nos vean. Si lo hacen es porque tienen mayor necesidad que nosotros”. Tu abuelo era sobrino de un buen fotógrafo de Málaga, Francisco Martín Ramos, quien por su parentesco familiar realizó la fotografía de un niño que después sería el gran pintor Pablo Ruiz Picasso.
La Escuela Normal de Sevilla en la década de los 40 del siglo pasado
Siguiendo la tradición familiar, tu abuelo había de ser maestro, como ya lo eran dos de sus hermanos, y cursó sus estudios en la Escuela Normal de Sevilla, donde, como él mismo me contó después, entró en contacto con las nuevas concepciones que sobre la educación escolar iban penetrando en España y que rompían por completo con las ideas obsoletas de otros tiempos. Discrepancias familiares y el hecho de que El Saucejo, por aquellos años, tuviera más habitantes que Los Corrales, le decidieron a trasladarse. Él quería desarrollar su trabajo como docente y la escuela era su único recurso. Fue así como nos conocimos, yo vivía con mis padres en La Mezquitilla, una aldea cercana a El Saucejo. Cuando lo vi me sentí atraída, era un hombre atractivo, como has podido comprobar por la fotografía que tienes de él, y cuando conocí sus magníficas dotes humanas que lo caracterizaban aquella atracción se convirtió en admiración.
Aquel sentimiento fue correspondido por él y pronto unimos nuestras vidas. Él era muy amante de la naturaleza, y aprovechábamos cualquier momento que la escuela le dejaba libre para pasear. El río Corbones nos ofrecía bellos parajes para aquellos paseos que se prolongaban hasta la Fuente del Moro, en la Mezquitilla, momentos en que tu abuelo me hacía participe del entusiasmo que sentía por su trabajo, por aquellas ideas que le impulsaban a emprender nuevos caminos innovadores en la enseñanza de los niños. Éramos felices, muy felices aunque su sueldo como maestro no diera para mucho. Soñábamos. Juntos construíamos torres de esperanza.
A la izquierda Ovide Decroly, a la derecha Francisco Giner de los Ríos
Su entusiasmo por su labor como docente le llevaba a contarme las experiencias vividas durante su formación como maestro en la Escuela Normal de Sevilla, me decía que había tenido la suerte de haber realizado sus estudios con el Plan de reorganización de las escuelas normales de 1914, donde entró en contacto con las nuevas ideas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza que había sido creada en 1876 por un grupo de catedráticos apartados de sus puestos por defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a cualquier dogma dictado, tanto en materia de religión, como de política o moral, entre los que se encontraba Francisco Giner de los Ríos. Así como sobre la teoría expuesta por Ovide Decroly, un pedagogo, psicólogo y docente belga, basada en el respeto por el niño y su personalidad con el objetivo de prepararlo para vivir en libertad, frente a la idea tan extendida hasta entonces de que la educación de los niños se debía fundamentar en una férrea disciplina, estando directamente vinculada al trabajo productivo, sin tener en cuenta las necesidades de los mismos.
Decroly en el campo con los niños
No hay mayor estímulo para mí, me decía, que ver el interés en las miradas de los niños, sus sonrisas, la atención y la avidez que muestran por los nuevos descubrimientos cuando les pido que traigan a clase cualquier tipo de planta que haya llamado su atención, u objetos relacionados con el trabajo de sus padres, así van conociendo la realidad que les rodea, y despierta su deseo de aprender y a razonar de tal modo que tras conocer el origen de los olivos, del trigo o de la agricultura, pasamos a descubrir la circulación de la sangre, o por qué brillan las estrellas, y cuando escriben un dictado vemos el significado de cada palabra de tal manera que a la vez que aprenden ortografía son capaces de reflexionar. Es tal la avidez que tienen de conocimientos que es fácil mantener su atención y surge así su participación directa en las clases y los por qué, por qué…
Mi abuelo con sus alumnos
"¡Don Antonio no castiga…”, “Don Antonio no pega…”, “Con don Antonio el colegio no es aburrido…”, eran frases que se escuchaban entre los niños. Aquello le llevó, en alguna ocasión, a posturas encontradas con otros docentes. Junto con los niños, iba ganándose el respeto y el cariño de la mayoría de los vecinos de El Saucejo. Algunos eran contrarios a su metodología de la enseñanza, unos porque seguían manteniendo que a los niños les bastaba con conocer las letras, saber leer y escribir y las cuentas, sus brazos eran necesarios para las tareas agrícolas, y otros porque veían en ese sistema un peligro para seguir imponiendo sus ideas. Así iban transcurriendo los días, los meses y fruto de nuestra unión fueron llegando los hijos, el primero fue tu tío Juan Antonio, nació el 27 de octubre de 1925, y más tarde nacieron tu tía Dolores y tu tía María Ángeles, y por último tu padre en 1935, a quien pusimos el nombre de Francisco, de común acuerdo los dos, como mi padre. Éramos felices, como te he dicho, yo tenía cuanto deseaba: su amor y la satisfacción de verlo a él feliz con su trabajo y con el entusiasmo que despertaba entre los niños. Aún recuerdo a su sobrina, Lola, hija de su hermano Eugenio, cuando, ya de jovencita, venía a casa para que él le diera alguna clase, decía que ella quería ser maestra, pero maestra como él. Quería ser capaz de dar una lección como sabía que él lo había hecho cuando uno de los alumnos llevó una patata a clase, que además de servir para explicar todo el proceso de plantación, cultivo, crecimiento y recolección, habían terminado hablando del descubrimiento de América, pues antes del mismo en España no existían las patatas que habían sido traídas de allí por aquellos primeros exploradores. O con su colección de minerales explicaba no sólo su composición sino que terminaban hablando de todos los avances que el ser humano había experimentado con el proceso de fundición de los mismos llegando a la fabricación de todos los aperos que se utilizaban en la agricultura.
Arando en el campo de El Saucejo. Jornaleros esperando
por la faena, mientras los terratenientes disfrutaban de sus dominios
Pero algo vendría a enturbiar nuestras vidas, mejor diría la convivencia entre los vecinos de El Saucejo: la división, cada vez más patente, entre quienes querían la renovación, el cambio y mayor bienestar social; y de otro, quienes deseaban frenar los cambios y mantener una situación de privilegios que mantenía a España, sobre todo en las zonas rurales, anclada en tiempos pasados. Recuerdo que pocos días antes de proclamarse la República, él me decía: “Estoy convencido de que algo grande se avecina. Pero ello despierta en mí sentimientos contrapuestos. Alegría porque al fin se podrá reconocer que la verdadera nobleza está en el labriego. Lo que muchos confunden con inferioridad es simplemente cortesía innata. Cuando te fijas en su mirada descubres en ella inteligencia y carácter. Hasta ahora se le ha negado la más elemental instrucción, y es su tragedia, pero no tienen culpa de ello. Por otro lado siento miedo de que no nos dejen llevar a cabo esa “revolución cultural” porque en el fondo ellos ignoran sus derechos, sus propias necesidades,  son fáciles de convencer por cualquiera, su falta de conocimientos les lleva a estar en manos de quien los sepa manejar.”
Portada del “Heraldo de Madrid” del día 15 de abril de 1931. 
A la derecha primer gobierno de la República.
En la foto inferior, sentados, a la izquierda Niceto Alcalá-Zamora, a la derecha Manuel Azaña.
El día 14 de abril de 1931, tras unas elecciones democráticas, se proclamó la Segunda República Española, dando fin a la monarquía de Alfonso XIII. El proceso electoral trajo consigo que se acentuara la división y la toma de posiciones. Unos apoyando a los partidos de izquierda, los otros a los de derecha. Aún recuerdo aquel día en que uno de esos vecinos representantes de las ideas conservadoras y de derechas, vino a casa para hablar con tu abuelo. “Antonio, eres muy buena persona pero no te metas en política”, le dijo. “Yo no quiero hacer política, quiero que las personas puedan defenderse de la política…” “El ser humano es un animal político por naturaleza –continuó tu abuelo- además de ser un animal social pues necesita vivir en sociedad para desarrollarse, es el único animal racional y por lo tanto un animal político, que participa en la sociedad y en la resolución de sus problemas, en la aplicación de las leyes y de la justicia, y para ello ha de saber razonar y discernir, su libertad vendrá fundamentada en su capacidad para elegir la sociedad en que desea vivir” “Al fin y al cabo ¿qué es política? ¿Creer en la cultura, la educación, la justicia? No, eso no es política, la política es la actividad desarrollada por los partidos políticos que gobiernan o aspiran a gobernar un país, mi actividad como maestro no está encaminada a eso”.
La proclamación de la República trajo consigo gran cantidad de reformas, en El Saucejo hubo dos que afectaron directamente: el decreto de 20 de abril de 1931 que impedía la contratación de jornaleros de fuera del municipio hasta que no tuvieran trabajo los de la localidad, y en materia educativa pronto llegarían circulares de la Inspección de Enseñanza en donde señalaban: “La escuela ha de ser laica. La escuela no puede ser dogmática ni puede ser sectaria…” Era la puesta en práctica del decreto del 7 de agosto de 1931 que señalaba: “Es deber imperativo de las democracias el que todas las escuelas, desde la maternal a la Universidad, estén abiertas a todos los estudiantes no en orden a sus posibilidades económicas sino a su capacidad intelectual. No hay desigualdad más injusta que la desigualdad ante las instituciones de cultura del Estado; y esta desigualdad existe en el momento en que el inteligente, si es pobre, encuentra estas instituciones cerradas, y el no inteligente, si es rico, las halle accesibles y propicias” Estas palabras recogían perfectamente el sentir y el obrar de tu abuelo. Él seguía manteniéndose alejado de las actividades de los partidos políticos, aunque su hermano Eugenio era un gran activista, era el representante de Izquierda Republicana en El Saucejo. El abuelo decía que su labor como docente estaba por encima de esas actividades políticas. Y aquel temor que me había comentado sobre que no les dejaran llevar a cabo esa “revolución cultural” seguía estando presente en su ánimo. El discurrir del tiempo vino a darle la razón. Las revueltas y los enfrentamientos eran constantes en toda España.
A principios de 1933 se produjo un levantamiento anarquista que en Sevilla significó la declaración del Estado de Guerra y la clausura de los sindicatos obreros. En noviembre de ese año se celebraron elecciones generales, las segundas de la República y las primeras en que las mujeres pudimos votar, cuyos resultados trajeron consigo la derrota de los republicanos de izquierda y de los socialistas, lo que vino a significar el fin de aquellas reformas apenas comenzadas a llevar a cabo. Fueron tiempos convulsos para España, las crisis de gobierno se sucedían y todo acabaría en la convocatoria de nuevas elecciones generales en febrero de 1936. Elecciones que ganarían lo que se conoció como Frente Popular. Eso no trajo consigo estabilidad en el gobierno, ni paz en la convivencia entre los ciudadanos, al contrario los desmanes aumentaban día a día. Basta echar un vistazo al Diario de Sesiones de las Cortes. El día 21 de febrero de aquel año 1936, se produjo un intento de quemar la iglesia de El Saucejo. El abuelo cada vez estaba más consternado, aquel no era el camino a seguir para alcanzar su sueño de ver actuar a hombres y mujeres en libertad, y no movidos por impulsos o pasiones.
Queipo de Llano en Sevilla
Mi inquietud iba en aumento, veía como nuestros sueños, los ideales del abuelo, podían arder en la hoguera prendida por el odio y el miedo. El día 17 de julio se desencadenó una sublevación militar en el Protectorado de Marruecos. El día 18 de julio Sevilla quedaba en manos del ejército sublevado al mando del general Queipo de Llano quien desde el primer momento siguió al pie de la letra las instrucciones dadas por el general Mola, cabecilla de la trama golpista: “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades y sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía y huelga”.
Reproducción parcial de la página de ABC del día 23 de agosto de 1936
Nos llegaban noticias de que Osuna había caído en manos del ejército rebelde y que ya eran pocos los pueblos que, junto a El Saucejo, se mantenían como republicanos. 
El día 21 de agosto de este año se produjo un asalto al cuartel de la Guardia Civil del pueblo, donde se  habían refugiado otros miembros de dicho cuerpo que habían huido de otras localidades, y que allí permanecían encerrados por miedo a la reacción de las gentes.  En dicho asalto resultaron muertos un oficial, un sargento, un cabo, siete guardias, un carabinero, así como el padre de un guardia, el cura párroco y su hermano y otros vecinos de derechas. (MIS ANOTACIONES: Como ocurre con frecuencia cuando se leen las páginas de aquel libro que es la historia más triste de España, uno encuentra diversidad en los datos, en muchas ocasiones con grandes diferencias en la manera de exponerlos, esta relación ha sido conformada en base a los datos entresacados de diversas publicaciones)
1. En el centro el coronel Redondo, a su derecha el capitán Barray, y a su izquierda Pepe León.
2. Toma de la localidad de Tocina, uno de los pueblos donde la violencia de los sublevados acabó con la vida de un 10 % de sus vecinos.
3. Entrada triunfal de la columna Redondo en Aracena.
4. Desfile ante la bandera celebrando la victoria.
Escenas que se repetían en todos los pueblos que dominaban.
Mi inquietud se convirtió en temor. Temía por nuestras vidas, por la suya y por la de nuestros hijos, el mayor tenía sólo once años y tu padre, el menor de los cuatro, poco más de ocho meses, había nacido el 19 de diciembre de 1935. Sabíamos por vecinos llegados de otros pueblos, que ya habían sido sometidos por el ejército rebelde, que la represión era muy dura, que no se respetaba nada, ni si eran ancianos, mujeres o niños. El abuelo trataba de tranquilizarme: “No hemos de temer nada. Solo me he dedicado a enseñar a los niños”. Grupos de vecinos y de otras poblaciones que habían buscado refugio allí, establecieron guardia en los accesos al pueblo. El día 4 de septiembre, a media mañana, comenzaron a escucharse disparos en las afueras, y pronto se vio a gente corriendo por las calles, la mayoría huyendo hacia la única salida posible, Almargen o Campillos, entre ellos el hermano del abuelo, Eugenio. Los soldados del ejército rebelde corrían tras ellos, y aunque no tuvieron prácticamente oposición para entrar en el pueblo, perseguían a los que huían. Nosotros permanecimos en casa como decía tu abuelo no teníamos por qué temer. (MIS NOTAS: Aquellas tropas que tomaron El Saucejo el día 4 de septiembre era la columna del comandante Luis Redondo García, formada por seis piquetes de Requetés; un escuadrón de caballería; un escuadrón de voluntarios; una compañía de ametralladoras; un cañón de 75 mm; una sección de zapadores, una sección de morteros, y un blindado). Sobre el mediodía había acabado el ataque y aquellos soldados desfilaban ufanos por las calles del pueblo, algunos vecinos salían alborozados a recibirlos. Al día siguiente se marcharon muchos de ellos, quedando en El Saucejo una guarnición. El abuelo fue detenido y llevado a declarar.
Mi padre, aquel bebé que permaneció despierto
como si presintiera la desgracia que habría de llegar
A partir de ese momento mi temor fue en aumento. Nos quedamos en la casa los cuatro niños y yo. Mis movimientos se convirtieron en repetitivos, no hacía nada más que acercarme a la ventana a ver si el abuelo volvía. Pasaban las horas y aquello no ocurría. La noche se convirtió en una pesadilla, a tu padre no conseguía dormirlo, parecía como si él también presintiera la tragedia que se cernía sobre nosotros. El tiempo transcurría con los dos pegados a la ventana.
El abuelo ya no volvió. Oficialmente nos confirmaron su muerte el día 8 de septiembre, junto con otros vecinos que también habían sido detenidos. Lo que ocurrió durante aquellas horas en que estuvo detenido nunca se llegó a saber. Le habían aplicado el “bando militar” o “bando de guerra”. No tuvo ningún juicio, fue declarado culpable directamente.
Comenzaba así para los niños y para mí un camino incierto. Pero debía mostrarme fuerte, por ellos y por lo que tu abuelo había infundido en mí.
Él no fue represaliado como maestro, pues esas represalias vendrían mucho tiempo después. El simplemente fue asesinado por permanecer en lo que aquellos militares comenzaron a denominar “zona roja”.
A partir de aquel momento, aparte del cuidado de nuestros hijos, mi único objetivo se centró en recuperar la imagen y la dignidad del abuelo. Sólo lo pude conseguir años más tarde, cuando solicité la revisión del expediente 1 313 que aparecía incoado a su nombre, en él, quien había sido 2º Comandante de la guarnición de El Saucejo Ángel Fernández Ordoñez, señalaba como cargos contra el abuelo haber pertenecido al partido de Izquierda Republicana y colaborar con el Frente Popular desde el 16 de febrero, así como de propagar sus ideas izquierdistas, calificando así su conducta profesional de mala por lo que fue fusilado. Este expediente nos permitía despejar algunas dudas sobre lo que había ocurrido durante su detención. Una anotación al margen en un documento fechado el 8 de septiembre de 1936 en el que se fijaba su muerte ese mismo día de septiembre, el Juez Municipal de El Saucejo ordena “su cadáver habrá de recibir sepultura en el cementerio de esta Villa” (El Saucejo), por lo que tampoco estaba muy claro que hubiera sido fusilado como el 2º Comandante hacía constar en el expediente. Los fusilamientos se producían en el propio cementerio.
La resolución del expediente de depuración de maestros resultó favorable, en el figuran, entre otros, los testimonios de dos inspectoras de enseñanza si bien uno de ellos aparece totalmente en blanco sólo con la firma de la inspectora, en el otro, del 11 de mayo de 1937, figura esta declaración: “teniendo el honor de informar lo siguiente: su conducta profesional ha sido excelente, comprobada en mi visita de inspección, en la que pude confirmar la misma opinión de inspectores anteriores”. La resolución del expediente con fecha 25 de febrero de 1941 fue favorable, en la misma se calificaba como un error lo ocurrido con el abuelo. Quedaba así rehabilitada su memoria quedando sin efecto la prohibición para ejercer como maestro y nos fueron devueltas las pocas propiedades que nos habían sido requisadas a raíz de su detención. No le devolvieron la vida, pero su imagen como hombre honesto y entregado a su profesión quedaba completamente restituida.
(MIS NOTAS: Hoy deduzco que mi abuelo fue asesinado, sólo quienes ejecutaron su muerte conocen realmente lo que sucedió durante su tiempo de detención. En realidad, como ocurrió en otros muchos casos, en los primeros momentos de la entrada del ejército rebelde en los pueblos y localidades, no existió ningún expediente de acusación contra él. El citado expediente 1 313 fue elaborado mucho tiempo después y consistió en un mero trámite administrativo en el que se vierten acusaciones totalmente falsas y en algún caso contradictorias, por un lado se habla de su mala conducta y en otro se le acusa de pertenecer a Izquierda Republicana. Creo que no existió denuncia alguna contra él por parte de ningún vecino, la terminología utilizada en el pliego de descargado presentado por mi abuela es la propia de aquellos escritos donde se pretendía refutar las acusaciones vertidas. Con él simplemente se llevó a cabo lo señalado en aquel bando del general Mola que antes hemos reflejado: “…aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos…”. No fueron sus actividades como docente lo que le costó la vida, sino sus apellidos. Y todos conocemos la violencia extrema que era utilizada en aquellos interrogatorios en los que muchos de los detenidos perdieron la vida. Sumergirte en la historia de aquellos tiempos es nadar entre numerosos trabajos históricos con diferente nivel de profundización y muchos de ellos con la subjetividad de quienes los ha realizado. En palabras de Robert J. Goldstein, en “Political Repression in 19th Century Europe”, la represión consiste en “la acción de gobierno que discrimina brutalmente a personas o a organizaciones que se considera que presentan un desafío fundamental a las relaciones de poder existentes o las políticas clave del gobierno”. Cuando en el año 1936 España quedó dividida en dos partes, una bajo el dominio del gobierno legítimo del Frente Popular, y otra bajo el gobierno de los militares sublevados, el colectivo de maestros sufrió depuración en ambas zonas. Ambos gobiernos otorgaban a los maestros y maestras un papel relevante en la sociedad como agentes activos de la socialización de las generaciones futuras, en cada caso bajo unos principios ideológicos y culturales distintos. Si bien es cierto que la depuración ejercida por el gobierno del Frente Popular queda enmarcada en un periodo mucho más corto que la ejercida por el franquismo, no se puede negar la existencia de la misma, aunque las cifras manejadas en algunos estudios está alteradas engordándolas. Mientras que la depuración del colectivo de enseñanza, durante el franquismo, se prolongaría en principio hasta 1945, cuando la mayor parte del proceso de depuración quedaría resuelto. No se consigue nada tratando de alterar la historia con la carga subjetiva de quien la escribe, aquel maestro que fue mi abuelo tenía muy claro que la educación del ser humano debe estar por encima de ideologías y dogmatismos, solo el conocimiento y la capacidad de razonamiento lo hacen verdaderamente libre).
 Nuestros hijos: De izquierda a derecha: Juan Antonio, Dolores, Francisco y Ángeles
Imagen reciente de la casa donde residió mi abuela en el barrio de Triana
Había cogido a mis hijos, en El Saucejo no quedaba nada que me uniera al pueblo, sólo los amargos momentos vividos desde que al abuelo se lo llevaron detenido, y nos fuimos a vivir a Sevilla, al barrio de Triana, a esa casa que tú llegaste a conocer. Ya no me amedrentaba nada, aquella confianza que él había inculcado en mí presidía mis acciones para luchar por mis hijos. Nos había sido reconocido el derecho a recibir una pensión compensatoria, que aunque exigua me permitía comenzar de nuevo. En la educación de mis hijos siempre tuve presente la máxima que para él presidia su vida: “La educación es la vía para la libertad del ser humano, sólo los déspotas quieren la ignorancia de las personas para más fácil poder abusar de ellas. Defiendo una educación que enseñe a pensar y no una educación que enseñe a obedecer”. De esa manera ellos fueron creciendo. En julio de 1945 tu tío Juan Antonio, que por entonces ya trabajaba en una de las oficinas del Banco Español de Crédito, fue detenido acusado de actividades políticas, a mí también me llevaron para interrogarme. Me llevaron a la comisaria que había en la calle Peral. Allí me dejaron encerrada en una pequeña habitación desde la que podía escuchar los gritos y lamentos de alguien que estaba siendo interrogado. Vinieron a mi memoria los momentos vividos durante la detención del abuelo, y de nuevo se apoderó de mí el temor de que tu tío pudiera tener el mismo final. Fueron horas de sufrimiento que no le deseo a nadie y que terminarían por marcar mi vida. Luego a mí me dejaron en libertad pero él aún permanecería detenido por bastantes días. Días que se me hacían interminables, no podía alejar de mi mente el miedo a que él terminara como el abuelo. Cuando llegó a casa me derrumbé, toda la tensión contenida durante aquellos días hizo mella en mí. Luego fue detenido en otras ocasiones, pero jamás le hice reproche alguno por sus actividades políticas, era su libertad. Pero todo aquello me iba sumiendo en momentos difíciles de superar. Todos ellos crecieron y formaron sus propias familias, y comenzasteis a llegar vosotros, mis nietos, y ello significó un nuevo impulso para superar aquellos momentos de soledad y recuerdos. En muchas ocasiones tu comportamiento me recordaba algunas de las maneras del abuelo, sobre todo cuando te veía jugar con tus recortables a ser maestra, o tu costumbre de ir recogiendo las piedras que te parecían bonitas. Por otro lado tu interés por conocer no es que me hiciera daño, lo comprendía perfectamente, pero en algunos casos es preferible no remover viejos recuerdos, sobre todo cuando los mismos han conformado tu vida, como lo hacían aquellos con la mía, y temía no tener las palabras oportunas para que tú pudieras entender todo lo que había pasado.”
Sueños y recuerdos se agitan en mi mente, desde aquellos momentos de mi niñez en la escuela junto a la imagen, creada por mi imaginación, en la que mi abuelo está en su aula esperando la llegada de sus alumnos, o al recuerdo de esa imagen en que él está junto a sus alumnos en lo que entiendo momentos previos para una de aquellas salidas al campo que tanto gustaba a todos. Mi bisabuela Rosario que me mantiene en sus brazos, junto a la imagen recreada de aquellos momentos de mi abuela en el cementerio de El Saucejo. Y por fin ese monolito que mi mente ha creado para honrar la memoria de mi abuelo, erigido sobre aquel terreno yermo donde depositamos nuestros claveles, y bajo el que aún, de forma anónima, permanecen sus restos. Espero que un día pueda ser una realidad que mantenga viva la memoria de mi abuelo, pues el recuerdo está y permanecerá vivo en mi corazón mientras siga latiendo, y donde pueda volver a depositar flores en nombre de mi padre y de mi abuela a quienes adoré.
Hasta aquí la historia de mi abuelo que he puesto en boca de mi abuela Teresa, como si ella me la hubiera contado en aquellos momentos en que tanto deseaba conocerla. Una historia que ha conformado una figura de mi abuelo por la que si antes me sentía atraída, ahora es admiración lo que despierta en mí, cuando he conocido los testimonios de quienes convivieron con él, como es el caso de su sobrina Dolores Velasco, maestra de profesión y docente admirada en Dos Hermanas donde durante muchos años ejerció, cuando con entusiasmo hablaba de él: “Eran hombres sabios, adelantados a su tiempo. Aplicaban métodos pedagógicos innovadores y recababan la atención del alumno con continuas preguntas” “Mi tío Antonio invitaba a los alumnos a traer todo tipo de plantas a clase… Y a partir de ahí estudiaban botánica, biología… En cada dictado se desmenuzaba la frase, y cualquier circunstancia era buena para explicar una regla de ortografía o provocar el análisis y la reflexión.” No obstante aún quedan muchas páginas por escribir sobre su historia, sobre aquellos lugares donde se amaron: El Saucejo, La Mezquitilla y su entorno; y mi abuelo pudo entregarse a lo que fue su ideal: la educación escolar de los niños, algunos de los cuales aún le recordaban no hace muchos años. El devenir de la sociedad y de las personas nunca debe ser el relato de hechos aislados, pues el mismo es la concatenación de sucesos que nos llevan a conocer el por qué de la realidad que los conformaron. Aquel enfrentamiento entre ideas políticas y concepciones sociales, llevó a la sociedad al clima de odio, terror y muerte que la envolvió, y es en este contexto donde se produce el brote de violencia que marcó el transcurso de aquellos años, durante los que la exaltación de lo propio llevaba consigo la exageración de las atrocidades cometidas por el contrario. Las esperanza puestas en la República y en los altos ideales que se señalaban con las reformas propuestas acabarían en el momento en que la unión de las fuerzas contrarias obstaculizaron la acción del gobierno y los intereses de los partidos políticos se antepusieron sobre los comunitarios. La clase más desfavorecida, obreros y campesinos, en las que el analfabetismo alcanzaba niveles que superaban dos tercios de la población, algo contra lo que mi abuelo y otros maestros y profesores pretendieron luchar, fue instrumentalizada en un proceso de transmisión de la información que distorsionaba lo acontecido en uno y otro bando. Con ello se formó la argamasa de sangre y arena de personas inocentes que ligaría las piedras y haría eternos los cimientos de aquella época de nuestra historia. Las limitaciones lógicas de extensión en una entrada de blog impiden que todo eso haya sido desarrollado a lo largo de la misma, es por ello que, como he señalado anteriormente, hoy adquiero el compromiso conmigo misma de afrontar, en su momento, una obra de mayor envergadura que pueda reflejarlo.
María T. Velasco Ramos
Junio 2016