viernes, 22 de mayo de 2015

EL VALOR DE LA LIBERTAD


“La libertad consiste en ser dueño de la propia vida, en no depender de nadie en ninguna ocasión, en subordinar la vida a la propia voluntad solamente y en dar poca importancia a las riquezas” (Platón). ¡Adoro la libertad!, mas donde reina la mentira difícilmente puede existir la verdadera libertad.
“Todos los partidos mueren destrozados por sus propias mentiras” (John Arbuthnot). Una realidad latente en nuestro tiempo, pues la mentira en la política está presente en la mente de todos aquellos que hacen de la política su profesión. Tal vez acogiéndose a aquellas palabras de Platón, que llegó a afirmar: “Los regidores del Estado y no otros, podrán recurrir a la mentira frente a un enemigo o frente a los propios ciudadanos, pero solo en bien de la ciudad; en un remedio extremo nadie más debería meter la mano”, viniendo así a justificar los privilegios del poder, mas se olvidan de la parte más importante de este pensamiento: “PERO SOLO EN BIEN DE LA CIUDAD”, es decir del pueblo soberano. En realidad ellos utilizan la mentira en su propio beneficio, en su lucha por el poder.
Y es en esta realidad donde la clase política se apunta su mayor éxito: la desmovilización social, es decir, la transmisión de la idea de que eso de la política es cosa de los políticos, y que hagamos lo que hagamos, votemos lo que votemos todo va a seguir igual. Surge así la figura del “ser apolítico”.
Mi silencio, hasta ahora, sobre las próximas elecciones no viene dado por esa situación. El concepto de “ser apolítico”, no es real, por muy respetable que pueda ser la opinión de quien lo argumente. Ya lo decía Aristóteles: “el hombre (ser humano) es un animal político”. Mi silencio viene provocado por el hastío hacia los políticos, no hacia la política, pues como ser racional no se puede ser apolítico, eso es tanto como decir ser “apersona”, pues cualquier persona tiene ideas políticas, y de hecho las manifiesta, o debe hacerlo, tratando de evitar la injusticia, la ignorancia o en la conquista de nuevas parcelas de libertad. Como decía Bertolt Brecht: “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.”
Enrique Tierno Galván
Porque ¡cómo no estar asqueada! ante lo que viene ofreciéndose ante nuestros ojos en esta campaña política, en donde todo no deja de ser una lucha por el poder, por el acceso al sillón, mejor diría poltrona, que les asegure sus privilegios. Una “compra” del voto utilizando todas las triquiñuelas y mentiras posibles, falsas promesas que no han de cumplir, pues como dijo Tierno Galván, un político al que considero coherente con sus actuaciones, “La política ha dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas”, y en otra ocasión “las promesas electorales están para no cumplirse”. Y a esta idea se aferran todos para, cuando están sentados en la poltrona, no cumplir lo que dijeron, argumentando la imposibilidad de hacerlo basándose en la realidad de lo que dicen encontrarse.
Estos tiempos me recuerdan a aquellos otros, no hace mucho vividos, en los que las ansias de participación ciudadana estaba a flor de piel, me refiero a los años siguientes al final de la dictadura, a aquellos que se conocen como los de la “transición”. Los partidos políticos surgieron como las amapolas en primavera proliferan en los campos, todos querían participar en la toma de decisiones. Mas igual que florecieron se marchitaron a continuación. Dando paso a una alternancia en el poder, en algunos casos ni siquiera a eso pues han hecho de sus poltronas un “cortijo” personal en donde cabalgan a placer, que ha llevado a nuestro país a la actual situación.
 Eurípides
“Tres son los partidos que dividen al Estado: los ricos, gente inútil y siempre ávida de acumular bienes; los pobres, gente violenta, envidiosa y que se dedica a injuriar a los ricos, bajo la influencia de las calumnias que levantan sus perversos jefes. El tercer partido se halla formado por la clase media, siendo ésta la que crea la prosperidad de los Estados, la que mantiene el buen orden y la constitución establecida.” Una frase acuñada hace más de 2.500 años, por Eurípides que, con sus matices de nuestro presente, deberíamos tener muy en cuenta. Así como todas aquellas enseñanzas de los grandes pensadores que, a lo largo de la historia, han ido señalando los verdaderos caminos para formar al ser humano en la verdadera libertad y en el bien convivir. Mas todas esas enseñanzas, las que realmente nos educan en el libre pensamiento, cada día han ido desapareciendo de la formación académica. Hoy sólo se forman en materias de productividad, la sociedad está haciendo seres clónicos fácilmente influenciables y dóciles en base a estímulos económicos o de comodidad, a la que han dado en llamar "bienestar social".
Y digo que con matices de nuestro tiempo, pues los pobres, o los que se ven inmersos en una pobreza no por ellos buscada ni deseada, son tan violentos como ahí se presentan, ni la clase media es capaz de mantener el buen orden, pues ha sido adoctrinada en ideas mercantilistas, en lo que, en mi particular concepción de los políticos, he dado en llamar “política de dar”. Todos los partidos, sin excepción, lanzan los mismos mensajes, utilizan la misma palabrería, y en sus programas figuran los mismos objetivos: la igualdad de derechos, el bienestar social, la asistencia sanitaria o la atención a los mayores y las pensiones. Lo social se convierte en el “caramelo” que ofrecen, como si fuéramos niños, en ese lote de “regalos” que ofrecen a cambio del voto. En realidad todo con un solo objetivo: el acceso al poder. Cuando llegan al mismo, bien apoyados en el brazo izquierdo o derecho, todos viven como ricos, ninguno renuncia a sus privilegios, por cierto muy por encima de los de cualquier ciudadano. Una lucha por ganar influencia, detrás de la cual existe una gran dosis de vanidad y de soberbia. Y los que solo quieren ser “políticos de profesión”, los que hoy aplauden la voz de “su amo”, aquellos que ocupan puestos secundarios y de poco relieve, lo hacen en busca de buscarse la vida, o un puestecito para sí mismos o para sus hijos o familiares en cualquier consejería de la comunidad o ayuntamiento que sea. Algo que en muchas ocasiones consiguen con solo alistarse a cualquier partido, aún siendo incapaces de ganarse el sustento por otros medios, aquellos que utilizamos cualquier ciudadano de a pie. Y todo eso que ofrecen en su “política de dar”, solo puede salir del mismo sitio, de lo que cada uno de nosotros ha de aportar a las arcas del estado, tengas poco o mucho. Y eso en realidad tiene un límite, pues no es un pozo sin fondo de donde extraer todo lo se precise.
 Pío Baroja
Decía Pio Baroja, definiendo las distintas clases de españoles: "La verdad es que en España hay siete clases de españoles... Sí, como los siete pecados capitales: los que no saben; los que no quieren saber; los que odian el saber; los que sufren por no saber; los que aparentan que saben; los que triunfan sin saber, y los que viven gracias a que los demás no saben. Estos últimos se llaman a sí mismos políticos y a veces hasta intelectuales"
¿Dónde hacer política entonces? En mi entorno, en mi hogar, dándole a mi hijo lo que los políticos no se preocupan de darle, una enseñanza basada en el desarrollo de su libre pensamiento, para que un día pueda ser libre en su pensamiento y en sus actuaciones. “Sembrad en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan, los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón.” (María Montessori). Es ahí donde vuelco todo mi esfuerzo, porque es en los niños donde está el verdadero futuro de este país, y en su educación y formación académica la base de los verdaderos políticos que accedan a la práctica de la política basada en ideas de “servir al pueblo, no de servirse del pueblo”. Pues, como decía Jean Piaget, “El principal objetivo de la educación es criar personas capaces de hacer cosas nuevas, y no solamente repetir lo que otras generaciones hicieron.”
Nadie podemos ser apolíticos, mas la realidad es que la crisis no ha sido, y es, solo financiera, además de lo que ha significado para muchos ciudadanos en el aspecto económico, ha traído consigo un deterioro aún mayor, la incultura de una gran parte de nuestros conciudadanos que ha generado al “apolítico resignado”, aquel que está siempre dispuesto a aceptar los abusos de los poderosos. Son el brazo armado de los astutos políticos, corruptos y desalmados de guante azul o rojo, blanco, negro o multicolor. 
Es hora de despertar a un mundo sin hipocresías, donde nadie nos pueda manipular y en el que gobierne la verdad y la LIBERTAD.