miércoles, 17 de junio de 2015

LA SOLEDAD DE UN SIN TECHO




Aunque el título de este video pueda inducir a error por la segunda acepción de "vagabundo" en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: "holgazán y ocioso..."; el contenido del mensaje de este ser humano nos debería hacer reflexionar. Nadie sabemos lo que la vida nos puede deparar, por muy seguro que estemos de nuestras capacidades.
Nos repelen las imágenes de estas personas cuando las vemos por nuestras calles, y a todos los juzgamos por igual. Tal vez busquemos nuestra propia justificación para pasar por su lado sin pararnos a pensar en el por qué de su situación.
Todos hablamos del "estado de bienestar" como algo que todos tenemos derecho a alcanzar, y no somos capaces de reflexionar sobre el "estado de malestar" en que se encuentran estas personas, donde lo único que domina su vida es la SOLEDAD.
En otras ocasiones, su presencia, despierta sentimientos de compasión, mas pronto son olvidados y seguimos nuestro caminar. Dicen que el “olvido” es un mecanismo de nuestra mente que nos permite no recordar situaciones no deseadas y permite nuestra supervivencia. Aunque yo creo que, ante estos casos, lo que generamos es una liberación a través del olvido de las vidas ajenas para pensar sólo en las nuestras propias.

INSOLIDARIDAD ANTE LA REALIDAD

Lo que vemos en los siguientes videos es producto de un experimento social, pero la realidad supera, en ocasiones, la situación que en ellos se presenta. Nuestra sociedad está acostumbrándose a una "solidaridad" a través de las redes sociales, mas cuando se enfrenta a la realidad vuelve la vista hacia otro lado o simplemente mira sin ver. El resultado del experimento deja bien clara la insolidaridad de quienes pasan junto al niño, aterido de frío y envuelto en una bolsa de basura. Sólo otra persona en su misma situación, es decir mendigo y con carencias, que desconocía que aquello era un experimento, fue capaz de interesarse por él y atenderlo. 
Todo esto nos debe hacer reflexionar sobre el punto de deshumanización a que se está llegando.

domingo, 14 de junio de 2015

EDUCACIÓN Y ENSEÑANZA


Recuerdo cuando en otros tiempos a los niños nos preguntaban qué deseábamos ser y contestábamos: maestras, médicos, investigadores, enfermeras… ahora al preguntarle a un niño sus respuestas suelen ser: famoso, futbolista, rico… No debe sorprendernos, pues pueden tener pocos años pero no son tontos. La sociedad actual está basada en unos valores que no tienen nada que ver con el esfuerzo y el ansia de conocimientos. Solo impera lo material, la comodidad y la falsa felicidad del tener y poseer más. Tal vez todo parta de aquel falso concepto de que el ser humano es el único animal que necesita educar a sus crías.
La naturaleza nos enseña que eso no es así, todas las crías, de cualquier animal, son educadas y enseñadas por sus progenitores y su entorno.
Equlibrio entre educación y enseñaza
Todos hablamos, cada día más, de la educación de los niños, sobre todos quienes tenemos hijos en edad escolar. Es normal, si tenemos en cuenta que los cimientos de su proceso evolutivo son la familia, la escuela y la sociedad, o para mejor definirlo, el entorno en que se desarrollan. Mas es frecuente confundir los términos enseñanza y educación. Tal vez influenciados por las propias leyes que los políticos vienen utilizando, desde hace años, para referirse a los planes de estudio.
Ese, para mí, gravísimo error trae consigo nefastas consecuencias pues, algunos padres, delegan, o pretenden hacerlo, la educación de sus hijos en los colegios; al igual que, algunos profesionales de la enseñanza, trasladan al hogar del niño sus tareas, en una falsa interpretación de la interrelación entre colegio y familia. 
Educar, término cuyo origen está en la palabra latina “educare”, significa conducir, guiar, perfeccionar en los niños una serie de facultades intrínsecas de la naturaleza humana que les permita desarrollarse y vivir en comunidad, haciendo uso de su libertad y el respeto hacia los demás. Una tarea que debe ser indiscutiblemente de los padres.
Enseñar, que procede del latín “insignare” (in = en y signare = señalar hacia), se relaciona directamente con instruir, iluminar, mostrar ideas o conceptos para ser vistos, apreciados y aprendidos. Tarea fundamental de un profesional que ha sido formado expresamente para ello.
En mi experiencia como madre son dos términos del proceso evolutivo de un niño, relacionados entre sí pero que no necesariamente siempre van unidos. Una madre o un padre pueden no tener los conocimientos suficientes para enseñar a sus hijos los conceptos matemáticos, científicos o generales de la materia que esté estudiando. De la misma manera que un profesional de la enseñanza puede indicarle a un niño la importancia de la honestidad y la veracidad, mas no tiene por qué saber guiarle o conducirle, en su vida diaria, a la práctica de esas virtudes. Una persona, y lo vemos todos los días, puede carecer de los conocimientos técnicos o teóricos pero ser una persona honesta y respetuosa con los demás y con su entorno. Lo mismo que observamos otras personas con muchos conocimientos y carentes de cualquier signo de educación para convivir en sociedad. 
“Un niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que hay que avivar” (Michel Eygem de Montaigne).
Nuestros actuales planes de estudio, a mi entender, parecen tener como único objetivo “llenar la botella”, pero no “avivar el fuego” del deseo de descubrir todo lo que le rodea, y de saber y conocer que todo niño lleva implícito en sí mismo.
Sin pretender generalizar, pues de todo podemos encontrar, y basándome en mi experiencia con mi hijo en primaria, estamos ante un sistema basado únicamente en los resultados de las evaluaciones o exámenes que miden los resultados académicos; un sistema de valoración que desarrolla un espíritu competitivo en los niños; un modelo fundamentado en motivaciones negativas, como es el miedo al suspenso; una práctica que, a la larga, genera desigualdad en la enseñanza pues no todos los padres están preparados, o se sienten implicados, para afrontar la instrucción de los niños en casa, en esa pretendida colaboración colegio-familia.
Suscribo totalmente las palabras de Ken Robinson, educador y escritor británico: “No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad”. La realidad nos demuestra que aprobar un examen no lleva implícito el aprendizaje. Aprender para poder aprobar un examen es algo totalmente distinto a aprender por aprender, y es esto lo que echo en falta, NO SE LE ENSEÑA A LOS NIÑOS A APRENDER A APRENDER, si no a superar una prueba con una calificación.
Estamos ante un sistema en el que se antepone lo memorístico; un sistema que no permite profundizar para fortalecer la imaginación y la creatividad del niño; un sistema obsoleto que desemboca en un permanente enfrentamiento entre los padres y aquellos profesionales de la enseñanza, anclados en viejos conceptos, que cargan a los niños de deberes para casa, que, en numerosas ocasiones, más parecen dirigidos a los padres que a los propios niños, alguien se echará mano a la cabeza ante esta idea, pero es la realidad cuando un profesional de la enseñanza se limita al contenido de los libros de texto, que en la mayoría de las ocasiones son galimatías de difícil comprensión y los conceptos expuestos quedan tan solapados que al niño le es difícil identificarlos, no queda otro camino que ser los padres quienes asuman la tarea de explicárselos, de lo contrario al niño será fácil calificarlo de “tonto, distraído…” pues no se pone en duda la presentación y redacción de los libros de texto y la capacidad del docente para transmitir los contenidos.
La solución, según mi experiencia, no está en más horas, más tareas, más refuerzo… El niño necesita entender y comprender el por qué. En la mayoría de los casos dividen, pero desconocen lo que es el concepto de división; aprenden que dos por dos son cuatro, pero carecen del conocimiento del por qué; en su mente van acumulando datos y más datos, pero en realidad no saben para qué sirven o cuál es el objetivo de lo aprendido. Un niño necesita leer, mas echo en falta un plan que incentive la lectura, no creo que mandar al niño leer un libro por sistema sea lo más adecuado. Además ¿cuándo disponen de tiempo para abrir un libro por puro placer? Cómo van a hacerlo si su mente asocia el libro con una obligación que han de cumplir para alcanzar unos objetivos de calificación en los continuos exámenes y además basados en la competitividad.
Don Emilio Lledó
Todos deberíamos hacer un gran ejercicio de autocrítica. Como señalaba hace unos días Emilio Lledó, el gran filosofo sevillano, miembro de la Real Academia Española y reciente premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades: "Si metemos en la cabeza de los niños unos grumos pringosos ideológicos que les priven de la facilidad de pensar y de la fluidez de las neuronas, les hemos aniquilado la mente". “"La educación es la solución de todas estas cosas que estamos viviendo".
Es imprescindible que la enseñanza esté en el centro de las prioridades de la sociedad. Que los políticos dejen de ver en ella un enfrentamiento permanente que lleva a cambiar los planes de estudios según quien gobierne, pero siempre dentro de una línea conformista que busca poner a los niños a adaptarse a unas circunstancias y un país que no será el mismo cuando ellos lleguen a su pleno desarrollo, en lugar de tratar de poner el país al alcance de ellos para que lo engrandezcan y transformen con su creatividad. Es triste ver que la alegría que se está produciendo en nuestro país por el posible cambio en las diferentes administraciones, no lleve implícito ese deseo de cambio en los planes de estudio. Todos se han olvidado de lo fundamental. Ninguna de las reformas llevadas a cabo ha tenido en cuenta que el sistema de enseñanza está basado en conceptos e ideas desarrolladas hace más de un siglo. Nuestros políticos deberían ser conscientes de la necesidad de invertir muchos más recursos en el ámbito de la enseñanza, y no me refiero ya desde el punto de vista social de ayudas o recursos, sino en modificar y adecuar tanto el modelo de enseñanza como los centros escolares y la formación del profesorado. De entre todos los retos a los que se enfrenta nuestra sociedad, la educación es, sin duda alguna, el más urgente, pues de ella depende no solo el futuro individual de cada uno de esos ciudadanos, sino el crecimiento y la estabilidad de la propia sociedad. 
Una sociedad que debe asumir su responsabilidad y que sea capaz de entender que los niños no deben estar presionados por un sistema regido por las notas; por los intereses de los propios padres; por los intereses mercantilistas basados en una competencia entre los propios niños.
Como padres hemos de asumir nuestras propias responsabilidades. En ocasiones olvidamos que nuestra tarea primordial es la educación de nuestros hijos. Caemos en algunos errores y deberíamos ser capaces, y conscientes, de que también debemos aprender cómo educar a nuestros hijos, no nos valen algunos métodos caducos que utilizaron con nosotros mismos, Aquellos sistemas basados en un autoritarismo cerrado y sin explicaciones, pero tampoco nos valen otros sistemas basados en una educación permisiva casi sin límites. Nos han hablado mucho de la autoestima y de motivación positiva, mas no nos han señalado, que en ocasiones, ello trae consigo consecuencias negativas. Hemos de reconocer, y no pasa nada por eso, que no somos los mejores, y que nuestro hijo o hija ni es el mejor ni tiene que ser el primero. Cuando en el niño o niña se inculca ese sentimiento de sentirse especial, en el trascurso del tiempo, creará una sensación que la realidad de la sociedad le demostrará que no es así, y buscará el medio de disimular sus propias limitaciones a través de la mentira o de la deformación de los hechos para tratar de eludir su propia responsabilidad, lo que conlleva que no estará preparado para hacer frente a las dificultades que en su vida vaya encontrando. Por eso hemos de ser comedidos en nuestros elogios y hacerles ver que ser el mejor no significa ser el primero en todo. Lo mismo que deberíamos pensar dos veces qué estímulos positivos utilizamos con ellos, pues si los mismos están basados únicamente en estímulos materiales, ellos no van a sentir ninguna motivación que no esté relacionada directamente con lo material o económico.
Al igual deberían hacer los profesionales de la enseñanza, aquellos que se consideran “en poder de la verdad absoluta”; aquellos que quieren encontrar en sus aulas niños que lo sepan todo, que estén callados, atentos, pasivos y obedientes. En realidad está aplicando una metodología didáctica nada participativa, en la que los niños se aburren pues nada tiene que ver con su propia naturaleza inquieta por saber, conocer y descubrir. Una metodología basada en el autoritarismo del “porque sí”, o “porque lo mando yo”, cuando algún niño se atreve a plantear una duda, lo que el niño percibe como un desprecio a su interés por nuevos descubrimientos. Y, por supuesto, ese niño no prestará atención a lo que se le está diciendo, no lo entiende, no le interesa y se abstrae por completo de lo que le rodea y busca otros elementos para distraerse.
Vivimos en una sociedad donde todo está estandarizado, y el modelo educativo no escapa de esa situación. Esta metodología conlleva consigo la limitación de la formación del niño, porque frena sus aptitudes y talento individuales. No deberíamos olvidar las palabras de Karl A. Menninger: "Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad."


domingo, 7 de junio de 2015

EL ARTISTA DE LA MÁQUINA DE ESCRIBIR

Hace unos días publicamos un post que, bajo el título de “Nunca juzgues un libro”, pretendíamos reflexionar sobre una realidad social que nos encontramos todos los días: la valoración que se suele hacer de las personas por su apariencia.
Mas las apariencias engañan, no siempre lo que vemos refleja la realidad de esa persona, de la vida de esa persona que no deja de ser como un libro, del que sólo vemos su portada.
Hoy quiero relataros la historia de una de esas personas. Una de esas personas que yo llamo “DIFERENTES”, porque, en realidad, tienen otras cualidades que los “NORMALES” no sabemos valorar o apreciar. Son todas esas personas que, en nuestro entorno, solemos escuchar definir como “discapacitados”, “deficientes”, “minusválidos”… Todas esas personas que la doctora Judith M. LeBlanc define, desde 1998, como “personas con habilidades diferentes”.
Dra. Judith M. LeBlanc
Judith es doctora en psicología y directora de investigación del Centro Ann Sullivan del Perú y defiende su teoría de que “cada niño debería tener una educación según sus cualidades y la oportunidad de llegar a ser personas independientes, productivas y felices en la vida tanto como sea posible.”
Esta es la historia de aquel niño diferente. Aquel niño que hoy es conocido como “Paul Smith, el artista de la máquina de escribir”.
El verano estaba llegando a su fin en Filadelfia (EEUU). Era el 21 de septiembre de 1921 cuando nació aquel niño con parálisis cerebral severa, que afectaba a su movilidad y su habla. En aquella época estos niños, prácticamente, eran desahuciados por los médicos, quienes diagnosticaban pocos años de supervivencia. Mas Paul Smith vivió más años que muchos de los humanos de aquella época, murió en el año 2007, poco antes de cumplir los 86 años. Y si por los médicos fue desahuciado, del mismo modo lo fue por los sistemas educativos. Por aquel entonces nadie se preocupaba por el desarrollo del intelecto de estos niños. 
No podía hablar, no podía agarrar un lápiz, mas sentía la necesidad de comunicarse. A los once años un vecino, al parecer, puso ante él lo que sería su primer juguete, una máquina de escribir, para que se entretuviera aporreando sus teclas. Mas para Paul, aquella máquina fue más que un juguete, fue su medio de comunicación, fue el instrumento a través del cual pudo expresarse. No sabía hablar, pues no aprendió hasta los dieciséis años, pero con aquella máquina de escribir y los símbolos de la parte superior de su teclado: “ * % & ( ) _ ‘ / ^. Al no poder utilizar las dos manos, bloqueaba las mayúsculas para que solo se imprimieran esos signos.
Así creó sus primeras obras. Una de ellas refleja su entorno, la habitación donde pasaba su vida, y en la que no falta su inseparable máquina de escribir.
 La Gioconda y detalle de la misma
Aquellas primera pinturas fueron siempre en blanco y negro, hasta que aparecieron las cintas tintadas en color para las máquinas de escribir y el llegó a cambiar el modelo de máquina. Fue tal el dominio que adquirió sobre la técnica de pintura que sus dibujos parecen ser realizados con lápiz o carboncillo.
 Ardilla y detalle de la misma
Una ardilla de la que llegó a ser gran amigo
Un conjunto de algunos de sus dibujos de animales
Composición con algunas de sus obras
Dedicaba varias horas al día para la creación de sus obras y lo hacía mientras escuchaba música clásica que ambientaba su habitación. Cuando sus padres fallecieron, Paul cambió su habitación a una residencia, donde continuó con sus dibujos pintados con su máquina de escribir hasta que, en 2004, las cataratas que afectaron a sus ojos le apartaron de su gran pasión. 

Jamás llegó a vender ninguno de sus dibujos, todos los regalaba. Se calcula que fueron más de 400 obras las que creó. Mas ninguna de ellas las encontrarmos dentro del mundillo elitista del arte, pero él abrió el camino para que otros muchos artistas lo recorrieran después. Paul Smith no solo destacó con sus dibujos, además dominó y sobresalió en el ajedrez.
Tal vez parezca increíble esta historia, pero Hoax Slayer, un sitio web dedicado a verificar la veracidad de muchas de esas leyendas que circulan por la red, la da por cierta (http://www.hoax-slayer.com/amazing-typewriter-art.shtml).
No juzguemos por las apariencias. Cualquier persona tiene mucho que dar y podemos aprender de ella. La doctora Judith LeBlanc escribió un poema que expresa lo que todas esas personas con habilidades diferentes quisieran transmitir
Soy una persona.
Una persona con sueños.
Una persona con metas por lograr.
Una persona que quiere tener éxito en el trabajo elegido.
Una persona que quiere amar y ser amada.
Una persona que quiere ser aceptada y tener amigos.
Una persona que quiere ser valorada por las contribuciones que hago.
Una persona que quiere oportunidades
para ser independiente, productivo y feliz en la vida. 
También soy una persona con habilidades diferentes.
Una persona que desea las mismas cosas que tú en la vida.
No quiero depender de nadie.
No quiero que tomen decisiones por mí.
No quiero que me compadezcan o traten diferente. 
... Sólo quiero que me den oportunidades para aprender
... y demostrar lo que puedo hacer.
Porque, imaginemos qué sería de nuestra vida si los demás nos trataran siempre como niños, como si nadie nos entendiera, si todos pretendieran hacer las cosas por ti sin dejarte libertad para hacer o tomar tus decisiones… si nos trataran así ¿cómo nos sentiríamos? Seríamos, como ellos son en muchas ocasiones, libros cerrados que nadie se ha atrevido a leerlos simplemente por su portada.







sábado, 6 de junio de 2015

ELLOS SON, realmente, LOS REFUGIADOS PALESTINOS OLVIDADOS


La mayoría de los desplazados palestinos, por la creación del estado de Israel en 1948, no se encuentran en Cisjordania o Gaza, quienes, en teoría, sí reciben ayudas de países europeos y de la ONU. Los realmente olvidados son la inmensa mayoría de aquellos refugiados que huyeron hacia Siria y Líbano. Ellos son los grandes olvidados. A ellos son a los que apenas llegan ayudas y son los que sobreviven, como pueden, comiendo hiervas o peleando por un trozo de pan. En el caso de los refugiados de Siria, desde hace tiempo, sometidos a un doble exilio, si antes fueron expulsados de sus tierras en Palestina, hoy se ven humillados en un nuevo éxodo, inmersos en una guerra que no tiene que ver directamente con ellos. Bombardeados y masacrados por sus propios hermanos árabes, a los que parece no importarles nada su sufrimiento, han de huir, sin saber donde, de aquellos campamentos sirios. Como el caso de Yarmouk, en Damasco, donde están muriendo, pero no solo por el efecto de las bombas o las balas, sino además, y literalmente, de hambre.
O en Líbano, donde viven hacinados en campamentos, muchos de ellos formados con tiendas de lona o cualquier material con el que puedan construir un pequeño refugio, en medio de descampados sin condiciones higiénicas ninguna. O compartiendo pequeñas habitaciones en viejos edificios, llegando a convivir dos o tres familiar en una habitación. Donde, según un informe de Amnistía Internacional, son tratados como “ciudadanos de segunda”. Han de aguantar las restricciones que les impone el gobierno libanés que les impide, en muchas ocasiones, ejercer su profesión. Y “viven en la miseria sin esperanza de mejorar su vida cotidiana ni de regresar a su país.”
Se sienten traicionados por todos esos dirigentes que dicen representar y defender al “pueblo palestino”, olvidados por completo de ellos, que se limitan, desde sus despachos y después de recibir cuantiosas ayudas económicas de la comunidad internacional, a emitir unos breves comunicados, pero sin hacer nada efectivo para acabar con el sufrimiento de esos “hermanos palestinos”.
Tampoco creen en las instituciones internacionales, ante la negativa de la UNRWA, como ya ocurrió con los refugiados palestinos de Siria huidos hacia el Líbano, a prestarles ningún tipo de ayuda por “carecer de medios”. 
Y mucho menos han de creer en los países árabes, todos esos que, en palabras, dicen defender la causa palestina, mas no hacen nada por ellos, si acaso endurecer aún más sus precarias condiciones de vida. A principios del presente año, la Liga de los Países Árabes mantuvo una reunión convocada por el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, pero no fue para hablar del sufrimiento de estos palestinos olvidados, sino para tratar sobre las propuestas de John Kerry, secretario de estado de EEUU, tratando de acabar con el conflicto entre Israel y Palestina, que son muy loables, pero que dejan por completo de lado la denigrante situación de todos esos palestinos que nadie parece reconocer su existencia. 
La complejidad del problema del pueblo palestino hace casi imposible desarrollar el mismo en el contenido de un post, pero como dicen ellos mismos, esos palestinos olvidados de todos: el silencio internacional se explica porque el mundo intenta proteger unos intereses que no tienen nada que ver con los humanitarios; unos intereses que se beneficiarán de las reconstrucciones de las zonas destruidas: Gaza, Siria…
Nadie se preocupa por todos esos palestinos, a nadie parece importarle que aún sigan en el exilio en otros en países árabes, su muerte realmente no importa. Ellos un día no levantarán solo la voz, y ese día todos los señalarán como “extremistas”, pero no nos equivoquemos, no será un extremismo basado en ideas políticas o religiosas, sino el extremismo que origina la miseria y la indignidad. 
Su muerte prácticamente no importa. NO VENDE en campañas humanitarias, ellos están fuera del foco de atención que es Gaza o Israel. ELLOS SON, realmente, LOS REFUGIADOS PALESTINOS OLVIDADOS.

jueves, 4 de junio de 2015

NUNCA JUZGUES UN LIBRO


Never judge a book
لا تحكم على الكتاب
Natalie Trayling
Es lo que ocurriría si juzgáramos la imagen de Natalie Trayling por su apariencia, pues aunque parezca una vagabunda, hubo una época en que lo fue, en nada se parece a lo que realmente es: una pianista extraordinaria, que he descubierto navegando por “YouTube” en donde he escuchado varios videos de ella. He querido conocer su historia y el por qué se encuentra, a su avanzada edad, interpretando esa maravillosa música en la calle.
En primer lugar, Natalie es una figura en las calles de la ciudad australiana de Melbourne en donde, desde hace décadas, viene haciendo partícipes de sus interpretaciones a todos los vecinos de la ciudad. Cuando no disponía de un piano buscaba donde poder encontrarlo, de esa manera ha tocado este instrumento en grandes almacenes, en la biblioteca de la ciudad de Melbourne, en el hotel Victoria, donde ella llegó a estar alojada a cambio de sus interpretaciones, y hasta en The Royal Melbourne Hospital, donde ella estuvo ingresada durante un cierto tiempo.
Natalie había nacido en Perth y fue allí donde entró en contacto por primera vez con un piano a través del colegio de monjas al que asistía. Más tarde consiguió una beca que le permitió realizar estudios en la Royal Academy of Music de Londres. Llegó a formar parte de un grupo con el que daban conciertos y su estrella parecía comenzar a brillar.
Se casó y tuvo cuatro hijos. Pero la vida, en ocasiones, tuerce los caminos. Tres de sus hijos murieron, las dos hijas una por accidente y la otra por una enfermedad, y uno de los hijos falleció al serle suministrada una medicación equivocada. Su matrimonio terminó en divorcio, y la vida de Natalie entró en una espiral de pobreza y necesidad que le llevó a vivir en la calle durante un largo periodo de su vida.

Hoy, con más de ochenta años, se niega a tocar el piano en salas de conciertos, ella dice que la música es para que la escuche todo el mundo, y a las salas de concierto no pueden ir todas las personas, por eso toca en la calle. “La música lo es todo. Me siento parte de ella. El mundo entero es música”, son palabras de Natalie para definir lo que es la música. 
Las grabaciones que acompañan a este post han sido realizadas por su hijo Mathew y bajadas a “YouTube” , así como ha creado una página en facebook en la que se puede seguir y conocer la obra de su madre: https://www.facebook.com/Natalie-Trayling-299684003559642/