miércoles, 10 de septiembre de 2014

CUANDO EL PASADO SE HACE PRESENTE


Familia Velasco Ramos. Mi familia.
Cuando el pasado se hace presente lo primero que viene a tu mente son los recuerdos de tu niñez. Parafraseando al insigne poeta sevillano, Antonio Machado:
Barrio de San Jerónimo en Sevilla
Mi infancia son recuerdos de unas calles del barrio sevillano de San Jerónimo, donde convivía con mis padres y hermanos.
¡Han pasado tantos años desde aquella niñez! Mi niñez. Los recuerdos de toda mi infancia van y vienen. Afloran a mi mente como el nacimiento de un río de sentimientos, dulzuras y añoranzas. Recuerdos de aquellos momentos vividos en las calles, correteando y jugando, con otros niños y niñas, a uno de mis entretenimientos preferidos: las canicas.
Estación de San Jerónimo en Sevilla
Recuerdos que trepidan por los raíles de mi vida, como lo hacían aquellos trenes que circulaban por las vías de la cercana estación ferroviaria. Aquellos trenes a los que, en mis sueños infantiles, tantas veces me subí. Sueños incesantes en busca de aquellas historias que tanto me entusiasmaban. Locos sueños que me llevaban a tratar de conocer la historia de la tierra que me había visto nacer: Sevilla.
Mis abuelos paternos, Antonio y Teresa
Sed de conocimientos tal vez imbuida por el recuerdo de mi abuelo paterno, Antonio Velasco Martín, nacido en Los Corrales, un pueblecito de la sierra sur sevillana, pero que ejerció su labor docente como maestro en el pueblo cercano de El Saucejo. Allí conoció a una bella muchacha del lugar, Teresa Díaz Salazar, y unieron sus vidas hasta que fueron separadas por la violencia de la guerra. A él no llegué a conocerlo, pues las barbaries y la sinrazón de la guerra civil española acabó con su vida. Tras su detención la aplicación de un "bando de guerra" acabó con su vida.
Su cuerpo permanece en alguna fosa común junto a los de otros vecinos de aquel pueblo de El Saucejo. Teresa, su esposa, logró reivindicar su memoria a través de un expediente de depuración en que fue absuelto de todas las falsas acusaciones que se vertían en el expediente de detención y  fue declarado INOCENTE, señalando como ERROR su detención. Su único delito había sido formar a los niños de aquella localidad. Aquel pueblecito, y los recuerdos de los años felices que había vivido junto a su esposo, a Teresa la ahogaban. Con la fortaleza que le caracterizaba cogió a sus cuatro hijos y se trasladaron a vivir a Dos Hermanas, donde, por entonces, residían sus padres, Francisco Díaz Sánchez y Rosario Salazar Palop, y junto con ellos marcharon a Sevilla. En agosto de aquel fátidico 1936 había sido fusilado, en Dos Hermanas, su hermano, Francisco Díaz Salazar, concejal que fue de aquel ayuntamiento. Más tarde, mi abuela con sus hijos se trasladaron al barrio de Triana de Sevilla.
Puerto de Sevilla en el transcurso del tiempo
Esta singladura nos llevará a recorrer la historia de Sevilla, algunas de su leyendas y el conocimiento de su numerosos monumentos, muestra de su grandeza y de la impronta que, la civilizaciones que ocuparon estas tierras, dejaron en ella.
Composición de la fachada del club de la tercera edad
Maestro Antonio Velasco, en El Saucejo (Sevillla)
con la imagen de mi abuelo superpuesta
Esa historia que me hubiera ensimismado oyéndola contar de sus labios, como la escucharon, estoy segura de ello, cuando mi abuelo Antonio se la contaba a sus alumnos, aquellos que, al transcurrir los años, aún lo recordaban con cariño y le rendían homenaje poniéndole su nombre al Club de la Tercera Edad de El Saucejo.
Antonio Velasco, el maestro, con sus alumnos. El Saucejo-Sevilla
Es en su memoria. En memoria de aquel maestro que fue mi abuelo, inicio hoy esta singladura por las aguas de este río que los fenicios llamaron “Baits”; mientas que para los griegos fue “Tharsis”, en referencia a que sus aguas bañaban las tierras del pueblo de los tartessos, aquel pueblo a quienes ellos creyeron la primera civilización de Occidente. Para los romanos fue “Baetis”, derivado del nombre fenicio. Más tarde los árabes lo denominaron como “Al-wadi al-Kabir” (valle grande), de donde deriva su nombre actual.
Escribir sobre la historia de Sevilla es recorrer los caminos de gran parte de la historia de España y, me atrevería a decir, del mundo occidental. No podemos olvidar lo que Sevilla representó, para España y para el mundo, a lo largo de su dilatada historia. Recordemos la importancia de la cultura de Tartessos, en la que se conocía a Sevilla como Spal (tierra llana); o de la Hispalis romana; o de la Isbiliya árabe. Rememoremos su importancia cuando fue centro del comercio con el Nuevo Mundo; o su significación como capital artística del Barroco, de la Ilustración. O las biografías de sus numerosos “hijos” que destacaron en el mundo de las artes y las ciencias. Escribir sobre la historia de Sevilla, es sobrepasar la simple historia local y divulgar el interés universal de la misma.
Grabado de un antiguo plano de la ciudad de Sevilla
Situada en el sur de la Península Ibérica, que se encuentra en el extremo occidental del continente euroasiático, muy lejos de las antiguas culturas, es fácil entender que se convirtiera en lugar de mitos y leyendas. La antigua Sevilla nació allí donde el cauce de aquel río, que bañaba sus tierras, presentaba dificultades para la navegación.
En su origen se combinan mito y realidad, como hoy lo hacen evidencia y fantasía, al compás de la música. Como aquella que desgranaba aquel anciano, que en mi infancia, me hizo enamorarme de ella, y del instrumento que utilizaba: el violín. Mientras de sus cuerdas, acariciadas con el arco, brotaban las notas del tercer movimiento de la Sinfonía Española de Édouard Lalo, un concierto para violín dedicado a Pablo Sarasate.
Rutas de navegación comerciales de los fenicios
La realidad es que en el siglo X a.C. los fenicios, un pueblo procedente de la costa oriental del Mediterráneo, partiendo de Siro, Sidón o Biblos, surcaban las aguas del Mediterráneo en busca de nuevos asentamientos para extender su actividad más destacada: el comercio. Que consistía en el intercambio en forma de trueque de los productos elaborados en Fenicia por mercancías disponibles en otros lugares, bien fueran productos acabados o materias primas como minerales o metales preciosos.
Barco fenicio
Ya habían fundado en la costa africana la ciudad de Cartago, y bordeando aquellas costas llegaban hasta lo que ellos consideraban el fin del mundo: el estrecho de Gibraltar. Cuenta la tradición que uno de ellos, de nombre Melkart, se aventuró a cruzar aquel Límite y llegó a la desembocadura de un gran río que no dudó en remontar. La feracidad de aquellas tierras, contempladas desde la borda de su nave, le llevó a pensar que podía ser un lugar excelente para asentarse y explotar las riquezas que intuía encerraban aquellos parajes.
Manada de toros salvajes que abundaban en aquellas tierras
Así llegó a un lugar en que el avance de su nave se hacía con dificultad y decidió desembarca allí y tratar de confirmar lo que él ya suponía: era un lugar excelente para establecer una nueva colonia y poder comerciar con los habitantes de aquellas tierras, un pueblo que ofrecía la posibilidad de hacerse con las pieles de las numerosas reses que pacían en aquellos lugares.
Pintura de Manuel Barrón y Carrillo; Título de la obra: “Vista del Guadalquivir” realizada en 1854
A aquella colonia la llamó “Spal” (llanura junto a un río). Y aquel río pasó a denominarse, para el pueblo fenicio, “Baits”. El tiempo transcurría sin mayores incidentes, y el comercio entre los fenicios y los viejos habitantes de aquellas tierras se desarrollaba sin problemas, hasta que diferencias comerciales llevaron al enfrentamiento entre ambos pueblos. 
Estatua de Heracles-Melkart, conservada en el Museo Barracco, Roma (Italia)
Y aquí comienza la leyenda. Melkart, aquel comerciante fenicio, que se cree fue el fundador de Sevilla, con posterioridad fue considerado por su pueblo como un héroe. Melkart venció a Gerión y sometió a aquellos pobladores a vasallaje comercial. Además, como ha ocurrido siempre a lo largo de los tiempos, aquellos habitantes fueron adaptándose a las creencias y costumbres de los fenicios. Melkart pasó de ser un intrépido navegante, a un héroe y, en el transcurrir de los años, se convirtió para la cultura fenicia en un Dios. 
 Relieve de Heracles-Hércules en el Louvre
Mientras tanto aquel asentamiento se convirtió en un lugar frecuentado por los griegos, lo que proporcionó una riqueza que posibilitó su crecimiento y desarrollo. Este intercambio con los griegos, al parecer, dio origen al mito de Heracles entre ellos. Aquel héroe mitológico griego sería conocido entre los romanos como Hércules. El enfrentamiento entre Melkart y Gerión se convirtió en uno de los doce trabajos que le fueron encomendados por los dioses como penitencia por haber asesinado, en un ataque de locura, a su esposa, hijos y sobrinos.
Representación gráfica del enfrentamiento de Heracles-Melkart con Gerión
Este trabajo consistía en robar el ganado de Gerión, en este caso, descrito como un ser formado por tres cuerpos, con sus respectivas cabezas y extremidades. El poeta Estesícoro escribió una Canción de Gerión (Gerioneis) en el siglo VI a. C. que es la mejor fuente de esta épica, y que también contiene la primera referencia a Tartessos.
Composición de una fotografía aérea del Estrecho de Gibraltar y una escultura representando a Heracles separando las columnas.
A Melkart se le atribuyó la creación del Estrecho de Gibraltar, al separar con su extraordinaria fuerza dos montañas que en su origen estaban unidas. Esta heroica hazaña fue asimilada por los griegos, que en su mitología se la atribuyeron a Heracles. A pesar de ello, no todos los autores clásicos daban credibilidad mitológica a la referida proeza, como Estrabon, que a principios de nuestra era, afirmaba que el origen del estrecho no era otro que un antiguo lago, que gracias al agua de la lluvia, llego a crecer tanto, que sus aguas acabaron por nivelarse con las del propio océano Atlántico.
 Foto de mis bisabuelos. Mi abuelo Antonio es el niño que figura, entre ellos, a sus pies.
Repasar esta historia de Sevilla trae a mi memoria la de mis propios antepasados, hasta donde he podido descubrir. Esa historia que un día prometí a mi abuela Teresa rescatar en memoria de mi abuelo. No extrañe que entre estas líneas pergeñadas sobre la historia de Sevilla, aparezcan retazos de esa otra historia mía propia. Fueron mis tatarabuelos, por línea paterna, Benito Velasco Ríos e Isabel Zamora Querino, ambos naturales de Tebas (Málaga). Fruto de su unión nació Juan Antonio Velasco Zamora, en 1856, quien contrajo matrimonio con Dolores Martín Ramos, nacida en 1853. 
Juan Martín Rodríguez, "El Santo", 
la derecha junto a su esposa Ana María Ramos Rubén de Solis.
Mi abuelo nació el 15 de febrero de 1897, en Los Corrales (Sevilla), como queda dicho anteriormente, y falleció, asesinado, el 8 de septiembre de 1936, en El Saucejo, donde ejercía como maestro, igual que lo habían sido su padre y sus abuelos. Él era nieto, por parte materna, de Juan Martín Rodríguez, maestro y todo un personaje a quien apodaban “El Santo” por sus excepcionales cualidades humanas reconocidas por sus vecinos, nacido en 1816 en Cañete la Real (Málaga) y de Ana María Ramos Rubén de Solis, natural de Osuna. El matrimonio, sobre 1848, se trasladó al cercano pueblo sevillano de Los Corrales donde fijó su residencia, y aún quedan vestigios de su descendencia.
A la izquierda fotografía realizada por Francisco Martín Ramos,
a la derecha Picasso en su edad madura.
Allí nació un tío de mi abuelo, Francisco Martín Ramos, quien se marchó a Málaga, donde se hizo fotógrafo y a través del parentesco de su esposa con la familia Picasso, tuvo la oportunidad de hacer la primera fotografía del niño Pablo Ruiz Picasso, cuando este tenía aproximadamente cuatro años de edad.
Mis orígenes, por parte materna, se remontan a Chiclana de donde eran procedentes mis abuelos Manuel Ramos Flores y María Benitez Moreno. En las imágenes adjuntas, en la superior aparecen ellos con dos de sus hijas mayores,Dolores y Rosa.
Continuarà...........Cuando el pasado se hace presente (2)























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