lunes, 9 de marzo de 2015

Palestina, una tierra con "pueblo"


 Diferentes escenas de aquella Palestina que no estaba desierta ni abandonada
En mis escritos siempre utilizo fuentes históricas para documentarme, y cuando expreso mis opiniones lo hago con la sinceridad de lo que pienso, procurando siempre que mis palabras no signifiquen críticas que puedan molestar o perturbar las creencias de otras personas. Por eso, en ocasiones, opto por el silencio, ya que decir lo contrario a mis pensamientos sería una actitud de cinismo e hipocresía. Mas ante las, cada día más acentuadas, manipulaciones sobre los conceptos “palestinos”; “Palestina”; y la creación del estado judío de Israel, basado en una serie de mitos y leyendas de cierta belleza poética recogidos en los antiguos escritos de la Biblia, y reconocidos como tales por historiadores y arqueólogos judíos. Creo que debemos recurrir a aquellas fuentes historiográficas y arqueológicas que puedan aclarar que Palestina era una “tierra con pueblo”, frente a la trama urdida en torno a la frase: “Una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”. Cuando hablamos de Historia no vale apaño alguno, lo que es real es real, y lo que no lo es no puede serlo de ninguna manera, por muchas componendas que se quieran hacer.
 Asher Guinsberg “Ahad Haam
Ashe Guinsberg, más conocido por el seudónimo bajo el escribía, Ahad Haam (uno del pueblo), fundador del sionismo cultural y enfrentado a Theodor Herzl por el contraste de opinión de lo que debería ser Israel en Palestina. Tras su viaje a Palestina en 1891 escribió: “En el extranjero estamos acostumbrados a creer que casi toda la tierra de Israel es un desierto deshabitado, y que cualquiera que desee comprar tierras puede comprar aquí las tierras que le plazcan. Pero esto no es cierto. Es difícil encontrar campos no cultivados en todo el territorio. Los únicos campos no cultivados son los terrenos arenosos o de montañas pedregosas no crecen más que los árboles frutales, y esto, tras una dura labor y un gran trabajo de limpieza y recuperación […] En el extranjero estamos acostumbrados a creer que los árabes son todos gente salvaje del desierto que, como burros, ni ven ni entienden lo que está sucediendo a su alrededor. Pero esto es un grave error.” (Ahad Haam. Obras completas en hebreo. Tel-Aviv. Devir Publ. House. 8 a edición, p.23.) 
La región de Palestina, situada entre los desiertos de África y Asia, por un lado; y por el mar Mediterráneo por el otro, fue ocupada, desde tiempos muy remotos, por migraciones de pobladores procedentes del norte de África, algunas fuentes señalan que la primera migración, por los restos encontrados, se sitúa hace 90.000 años, pobladores que, al parecer, desaparecieron por completo. Nuevas migraciones procedentes de las costas del golfo Pérsico llegaron a estas tierras, hacen unos 40.000 años, eran pobladores del África oriental que se habían desplazado hacia la zona arábiga. La región de Palestina, dada su situación geográfica entre los continentes africano y euro-asiático, ha sido paso obligado para todas las migraciones que se han producido entre ambos, así como, su zona costera con el mar Mediterráneo, terreno deseado por todas las grandes civilizaciones e imperios para ser conquistado.
Mapa representativo del área con lenguas semitas
August Ludwing Schlözer
La región fue poblada por migraciones semitas procedentes de Arabia o del golfo Pérsico, entendiendo como “semitas” desde su concepción lingüística y que designa a una familia de lenguas de origen en el Oriente Medio.
El término “semita” fue utilizado por primera vez a finales del siglo XVIII por el historiador alemán Schlözer, e incluye las formas antiguas y modernas del acadio, el amhárico, el árabe, el arameo, el fenicio, el ge’ez, el actual hebreo, el maltés, el yehén, el tigriña y otras cuantas derivadas de ellas. 
 Ejemplares de “Murex brandaris”, conocido popularmente como “cañailla”, una de las tres especies de esos moluscos utilizados para conseguir el tinte púrpura
De aquellas primeras migraciones derivaron los pueblos que, tras abandonar su vida nómada, se asentaron en el territorio que nosotros conocemos como Canaán, término cuyo origen discuten los historiadores pero que bien puede derivar de una palabra semita (knʕn) cuyo significado está relacionado con los apreciados tintes púrpuras que obtenían de caracoles marinos de la familia de los muricidos. Sin nada que ver con la interpretación dada por algunos en referencia a ser descendientes de la tribu de Cam.
Se denominó Canaán a la región que ocupaban aquellas tribus, que a pesar de los distintos límites que discuten los investigadores, ocupaban lo que hoy es la Franja de Gaza, Cisjordania, Israel, y parte de Líbano, Jordania y Siria. Las excavaciones arqueológicas han revelado la presencia humana en este territorio desde el año 8.000 a.C. A partir de 3.000 a.C. Están perfectamente documentados los asentamientos de aquellos semitas cananeos, que debían ser descendientes de las primeras tribus que ocuparon la zona sirio-palestina y que representarían el pueblo semita más antiguo conocido de la Historia.
Heródoto, friso representativo de los fenicios, Estrabón
A pesar de lo señalado por diversos historiadores, basados en los escritos antiguos de Heródoto, Estrabón y Justino, no se han encontrado pruebas de que aquel territorio fuera conquistado por incursiones semíticas procedentes de otros lugares, todo parece indicar que allí se desarrolló una cultura autóctona que posteriormente sí incidió, fundamentalmente, en toda el área del Mediterráneo. Hipótesis mantenida por muchos investigadores y que dio origen a lo que los historiadores llamaron “fenicios”.
 Imagen representativa de la actividad de una ciudad fenicia
Una cultura que se desarrolló a partir del 3.200 a.C. y que perduraría por milenios extendiéndose por el Medio Oriente, Norte de África, el sur de Europa y las islas del Mediterráneo. Una cultura que hoy conocemos bajo los términos de “cananeos”, “fenicios” o “púnicos”, utilizados para definirla según el momento histórico. Ellos se referían a sí mismos como “kena’ani” (canaaneos) y a la lengua que hablaban como “kana’an”. Es a partir del 1.200 a.C. cuando a aquellos grupos humanos los griegos los denominan como “phoíniks” (púrpuras) por lo que antes hemos señalado con referencia al comercio de tintes. Mientras que para los romanos fueron los “púnicos”. Los términos “Canaán” y “Fenicia”, por lo tanto, se refieren a los mismos grupos humanos que conformaron la misma cultura. 
 Fenicios comerciando con otros pueblos, en este caso con los íberos, en una representación de M. Navarrete, y la reproducción de aquellos “shekel” que utilizaban en sus transacciones.
Cuando se hace referencia a Fenicia, se ha de tener en cuenta que no se debe confundir con “imperios” como pudieron ser Egipto y Mesopotamia en aquellos tiempos, sino que se ha de contemplar desde el punto de vista de una “cultura”, es decir un estilo de vida que comparte la organización política, social y económica, así como la lengua, las creencias y las costumbres. Fue esto lo que le dio cohesión e identidad y lo que le permitió su expansión en las zonas que hemos señalado. Expansión realizada, en los primeros tiempos, sin ánimo de conquista, sino comercial y cultural y buscando espacios para la ubicación de nuevos poblados donde asentar el desarrollo de la población. Utilizaban como moneda, en sus transacciones comerciales, la denominada como “shekel”.
 Escenas de la vida en Palestina a principios del siglo XX
Hasta finales del siglo XIX poco se conocía de la existencia del mundo fenicio sobre el terreno en que desarrolló su cultura, las únicas referencias se encontraban en los relatos de la Biblia y las menciones de escritores griegos y latinos, referencias que, en muchos casos, han sido utilizadas para reescribir una “historia” acomodada a intereses ajenos a la propia realidad. 

Representación pictórica del rapto de Europa. Imagen de Holst Stanford
La relación entre los cretenses, de quienes se cree que proceden los “filisteos” que ocuparon una zona del litoral mediterráneo de Canaán, y los cananeos se puede ver reflejada en la leyenda de “Cadmo y Europa”, que puede simbolizar el paso del conocimiento, la sabiduría y las ideas del Medio Oriente hacia Occidente. Según dicha leyenda, Minos, rey de Creta, fue hijo de Zeus y de Europa, una princesa fenicia hija del rey Agénor, que dirigía una tribu de “canaaneos”. De aquella cultura micénica, precursora de  la clásica griega, poco se conoce y sus orígenes no están claramente definidos, mas las investigaciones actuales sugieren, como señala Holst Stanford (miembro de la Royal Historical Society en Inglaterra), en su obra “Phoenicians, Lebanon’s Epic Eritage”: “la cultura minoica es una expresión de la gran cultura fenicia”.
Representación de soldados filisteos, ellos introdujeron el uso del carro de guerra y del hierro.
Aquellos “filisteos”, cuya denominación como tal procede del latín tardío: “Philistinus”, que deriva de “Philistinoi” término del griego tardío, ocuparon las ciudades de Gaza, Ascalón, Adod, Ecrón y Gat. Su procedencia y origen es tema debatido, mas las evidencias arqueológicas y los escasos registros escritos de su lengua, sugieren una procedencia de la cultura micénica, tan conectada con la cananea, como hemos señalado anteriormente. Por encima del avance que representó su civilización y cultura para la zona ha prevalecido su crueldad, algo solo recogido en los primeros libros de la Biblia, y al relacionarlos con los “pueblos del mar” de las inscripciones egipcias de Karnak, cuando en realidad las mismas describen, a esos pueblos del mar, como los “habitantes del Norte que venían de todas las tierras”, sin hacer mención específica a sus orígenes.
Thomas L. Thompson
Hablar de la crueldad de aquellos pueblos generalizándola hacia la totalidad de la cultura que extendieron, dimana de la opinión de quien escribió esa “historia”, que sólo puede surgir del desconocimiento real de lo demostrado por la arqueología, o de intenciones políticas para infravalorar la realidad de aquellos ocupantes. Como señala Thomas L. Thompson (biblista y teólogo nacido en Michigan: Tratar de encajonar y etiquetar a una población en una etnicidad, de ver los pueblos sin evolución ni cambios es “… un aspecto político, no antropológico, de la sociedad humana […] el concepto de etnicidad es una ficción, creada por los escritores. Es un producto de la literatura: un producto de la escritura de la historia. Como tal, pertenece a aquellos que hacen esta escritura”. 
 Estatua de Menkaura junto a su esposa Jamerernebty, e imágenes de los restos de la  esfinge descubiertos en la antigua ciudad cananea de Hazor. En la imagen inferior derecha el texto que los identifica como pertenecientes a aquel faraón.
Independientemente de la importancia que representa el hallazgo arqueológico de los restos de una esfinge egipcia en la antigua ciudad cananea de Hazor, y que, según la inscripción que figura en ella, perteneció al faraón Menkaura (Micerino) perteneciente a la IV dinastía egipcia (III milenio a.C.), y sean cuales sean sus orígenes, es decir, fuera una muestra de buena voluntad entre los egipcios y los dirigentes cananeos de Hazor, o sean otros los canales a través de los cuales llegó esa esfinge, lo cierto es que de manera sutil e interesada se continúa haciendo uso de la arqueología para fines distintos de la realidad histórica. Según la noticia del descubrimiento, por parte de representantes de la Universidad Hebrea de Jerusalén se manifestó. “Los arqueólogos dudan que la estatua fuera traída a Hazor durante el reinado de Micerino, ya que no hay evidencias de lazos entre Egipto e Israel en el tercer milenio antes de Cristo”. Efectivamente, no las hubo ni las podía haber, Israel NO EXISTÍA en aquella época, ni siquiera en la fecha en que señalan ellos como posible llegada de esa esfinge a Hazor (siglo XIII a.C.), como ha quedado claramente demostrado por las investigaciones realizadas por arqueólogos e historiadores israelíes, como señalamos más adelante. Relaciones que sí mantenían con los pueblos y ciudades de aquel territorio cananeo, que después fue llamado Palestina. De ahí la importancia de dicho descubrimiento, pues él puede ir ayudando a conocer el complejo mundo de las relaciones entre Egipto y los pobladores de Palestina.
A aquellos “canaaneos”, como se llamaban a sí mismos, y al desarrollo, a lo largo del tiempo, de sus costumbres, religión, organización social, tecnología, lenguaje, etc. Sus contactos comerciales, a lo largo de todo el Mediterráneo, hizo posible la extensión de su alfabeto por la sencillez del mismo frente a otros tipos de escritura que utilizaban caracteres complejos y difíciles de aprender (cuneiforme, jeroglíficos egipcios,…). Los griegos le añadieron algunas vocales, pues aquel alfabeto carecía de ellas, sólo contenía 22 consonantes que representaban sonidos, así se convirtió en la base, aparte del griego, de los alfabetos latino, cirílico y copto. El alfabeto arameo fue una modificación del alfabeto fenicio y el precursor de los alfabetos árabes y el hebreo actual. Junto a esta gran contribución, fueron los primeros en la construcción de grandes barcos que hizo posible la navegación mar adentro.
 Actividad laboral en una ciudad fenicia
La cultura fenicia se caracterizó por una concepción social basada en torno a la participación de la sociedad en la toma de muchas decisiones. Su permanente actividad comercial llevaba consigo la movilidad de la población y era poco viable la presencia de una sola autoridad para la toma de decisiones y los límites de las fronteras en su territorio. De tal manera que en realidad nunca formaron lo que hoy conocemos como concepto de “Estado”. Las ciudades, pueblos, tribus o grupos no eran regidos por un poder central. Sólo en época tardía se puede hablar de algo parecido a un “Estado” en los casos de las ciudades de Tiro y Cartago, y debido, posiblemente, por las influencias y presiones que otros imperios ejercían sobre ellas. Dentro de aquellos grupos sociales había uno al que definían con un logograma cuya pronunciación era “habiri” o “kabiri” que está relacionada con la palabra “hebreo”. Aquel término lo utilizaban para referirse a personas nómadas, errantes o aventureros. 
José María Blázquez Martínez 
Según José María Blázquez Martínez (Historiador. Académico de la Real Academia de la Historia - España), por extensión de la palabra, en momentos determinados de la historia, se les llamó cabiros o hebreos a los trabajadores que realizaban algún oficio, incluyendo a los pescadores. De tal modo que aquel término no hacía referencia a ningún grupo tribal identificado con una religión o un lugar de procedencia, en realidad era un grupo más dentro de la población. Aquel término, es posible, que esté relacionado con el egipcio “apiru” cuyo significado puede ser “los errantes”. En acadio, otra lengua semita, se transcribió como “habiru” o “hapiru, con el mismo significado de “errantes”. Algunos estudiosos bíblicos mantienen la hipótesis de que el término ‘ibri (hebreo) deriva de un verbo cuyo significado es “atravesar – cruzar límites”. Por lo tanto se puede deducir que todos esos términos están relacionados entre sí e identifican a un grupo pero en ningún caso a un pueblo. 
Escenas de la vida cotidiana en Palestina a principios del siglo XX
Aquel territorio llamado en sus orígenes Canaán, fue invadido por grandes imperios a lo largo de la historia, desde los egipcios en sus primeros tiempos hasta los romanos, quienes a partir del año 135 d.C., y por cambios en su administración le llamó Palestina, por lo que a sus habitantes se les conocía como palestinos, sin que eso significara que apareciera una nueva población, sino que la misma se conocía con un nuevo nombre.
Como ha ocurrido en casi todos los países de cualquier otro lugar. Como es el caso de España, que el mundo griego la conocía como “Iberia” (Hiberia), tal vez procedente del nombre de algún río del territorio que ellos conocían. En los escritos de Estrabón la describe con ese nombre, descripción que según él mismo reconoce había tomado de Posidonio: “El primer país de todos hacia oeste es Iberia. Ella es parecida a una piel de buey, cuyas partes que corresponden al cuello caen hacia la Céltica.” Mas para los romanos utilizaron el término de “Hispania”, posiblemente derivado del término fenicio “span”. Fuera como fuese, lo cierto es que sus habitantes eran los mismos en cualquier caso, independientemente del nombre con el que se les designase. Del mismo modo a los habitantes de aquel territorio ya no se les nombraba como fenicios, filisteos, judíos, galileos, etc., sino con la denominación de palestinos, sin distinguir su religión o lugar de procedencia, pero eran aquellos mismos que ocupaban aquellas tierras antes de la llegada de los romanos. Dicha denominación se ha mantenido hasta la actualidad, es decir casi 2.000 años. 
A la izquierda, reproducción de un texto en arameo imperial; a la derecha, imagen de Ghil’ad Zuckermann
Por otro lado señalar que algunos sostienen que el idioma hebreo se origina en el siglo XII a.C., mas esto es una idea errónea y distorsionada, basada en “ideas” y no en realidades. Aquel hebreo nunca existió, pues el idioma o lengua que se hablaba en Canaán era el cananeo y no, como se argumenta, “una forma del antiguo hebreo”. Posteriormente con la aparición del arameo, también al mismo le llamaron hebreo. Mas aquel hebreo es simplemente un concepto para referirse a textos religiosos. El llamado alfabeto hebreo es en realidad el arameo imperial. Durante las dominaciones asirias y persas en el Oriente Medio se utilizaba la lengua aramea como lengua oficial y el alfabeto oficial era el arameo imperial y permaneció como tal hasta que fue sustituido por el griego, el latín y más tarde por el arameo siriaco. Sí se puede decir que la religión judía adoptó el alfabeto arameo imperial para realizar sus escritos, de hecho el “hebreo bíblico” surge al escribir la Biblia Hebrea (sobre el año 1000 a.C) que se realizó con una mezcla de arameo, la mayor parte, fenicio y cananeo con variantes).  En realidad ese ha sido el desarrollo que ha caracterizado a lo que se ha dado en llamar hebreo, una mezcla de distintas lenguas según la localización geográfica en que se hablaba. En la actualidad si existe el idioma hebreo construido hace menos de 150 años y en base a dos fuentes primarias: la semítica (hebreo bíblico) y la indoeuropea. El lingüista Ghil’ad Zuckermann mantiene esta relación entre lenguas semíticas e indoeuropeas: “Genéticamente modificado, con reingeniería parcial el Israelí está basado en hebreo y en yiddish (ambos son contribuyentes primarios más que ser el sustrato), acompañados por una plétora de otras contribuciones tales como ruso, polaco, alemán, judeoespañol (ladino), árabe e inglés. Por lo tanto el término israelí es, por mucho, más apropiado que decir hebreo israelí, hebreo moderno o simplemente hebreo”. 
Cualquier intento de mantener el mito de “una tierra sin pueblo” es simplemente una falacia cometida intencionadamente para persuadir y manipular una realidad histórica tergiversada por la interpretación interesada de una creencia religiosa que sus orígenes no han podido ser confirmados arqueológicamente como lo demuestran las numerosas investigaciones realizadas y a cuyas obras me remito. Desde los propios investigadores y arqueólogos israelies, como son Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman (“La Biblia desenterrada”, en inglés “The Bible unearthed”); Shlomo Sand (“La invención del pueblo judío”, en inglés “The  Invention of the Jewish People”) y “La invención de la tierra de Israel”, en inglés “The Invention of the Land of Israel”); por señalar los más recientes y conocidos, pero no podemos olvidar a todos aquellos que, bajo la denominación de “nuevos historiadores”, llevaron a cabo distintos trabajos sobre Israel que desmontaban las tergiversaciones que se venían realizando y el famoso mito “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra” base fundamental del sionismo y que no se han cansado de divulgar por doquier los líderes israelíes, que no deja de ser un famoso lema propagandístico del sionismo desde la aparición de ese movimiento político. Muchos de los judíos israelíes y otros simpatizantes del sionismo, han creído a pies juntillas que Palestina estaba deshabitada y era un desierto hasta que aparecieron los “nuevos judíos”, entre ellos señalemos a Simha Flapan (“The Birth of Israel, Myth and Realities”); Tom Segev (“The First Israelis”); Avi Shlaim (“Collusion across the Jordan. King Abdallah, the Zionist Movement and the Partition of Palestine”); Ilan Pappé (“Britain and the Arab-Israeli Conflict 1948-1951). Sin olvidar las numerosas voces que, desde los creyentes judíos, se han ido elevando en contra de esos postulados sionistas.
Para no hacer excesivamente larga la relación de autores de otros países y sus investigaciones y obras realizadas al respecto, señalemos solamente dos de ellos. Roger Garaudy, filósofo y político francés, autor de “Los mitos fundacionales del estado de Israel” (“The Founding Myths of Modern Israel”). Y el estudio publicado por Emanuel Pfoh, “La conexión árabe: una hipótesis sobre el surgimiento de Israel en Palestina” [en línea]. Antiguo Oriente: Cuadernos del Centro de Historia de Estudios de Historia del Antiguo Oriente 8 (2010). Disponible en: http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/conexión-arabe-hipotesis-surgimiento-sociopolítico.pdf
Líderes israelíes que, en cualquier caso sus orígenes, no están en Palestina
Todo lo expuesto sostiene, creo que con fundamento histórico y arqueológico, que los palestinos son los descendientes de aquellos primeros asentamientos semitas que ocuparon la tierra conocida como Canaán. 
 Las similitudes entre los tocados y adornos que lucen las diosas fenicias, en las terracotas de la parte superior de la imagen, con los que lucen las mujeres palestinas, en la parte interior, son tan evidentes que nadie puede dudar del origen ancestral del pueblo palestino.
Es el mismo pueblo que no se ha movido de su lugar, únicamente que ha llevado consigo una evolución histórica, como ha ocurrido en todos los lugares de nuestro planeta, y esto trajo consigo cambios en la religión que profesaban. De aquellas viejas creencias pasaron a las distintas concepciones religiosas que traían consigo las conquistas imperiales, hasta la aparición de las religiones monoteístas, judía, cristiana y musulmana, basadas en el mismo Dios, pero con nombres distintos. Ellos cambiaron su religión pero jamás abandonaron su tierra. Las tan señaladas “diásporas” judías en realidad no existieron, ni la del babilonio Nabucodosor II, acaecida en el 587/586 a.C., ni la del emperador romano Adriano del año 135 d.C., fueron tales. Solo los sacerdotes y personajes insignes fueron realmente deportados. A partir de esta última conquista, cuando aquella tierra pasó a denominarse “Palestina”, como hemos señalado anteriormente, sus habitantes, todos ellos “palestinos”, independientemente de la religión que profesaran: musulmana, cristiana o judía, permanecieron en aquella tierra y convivieron.
 Escenas de principios del siglo XX en donde los musulmanes, judíos y cristianos celebraban sus ritos religiosos. La convivencia fue posible hasta la llegada del sionismo.
Niños musulmanes, judíos y cristianos jugando bajo los olivos en Ramallah, 1914 
El conflicto surgió en el momento en que se decidió crear un “estado judío” sólo para judíos. Pero no para aquellos judíos que nunca abandonaron aquella tierra, sino para “judíos conversos” que en realidad no tenían nada que ver con Palestina. Es por ello que Palestina es la tierra de los palestinos (musulmanes, judíos y cristianos) que en aquel proceso histórico tienen sus ancestros en los primeros semitas que ocuparon Canaán, y que jamás abandonaron sus tierras.

El documental está montado por Renen Berelovich, un ex soldado del ejército de Israel que en su juventud participó de la ocupación a palestina.


Nurit Peled-Elhanan
Nurit Peled-Elhanan, hija de un destacado político y general israelí que tras su retirada del ejército elevó sus protestas contra la política de asentamientos y colonización, nos habla en este vídeo de su investigación relacionada con el contenido de los libros de educación para los niños de Israel. En dichos libros los palestinos nunca aparecen como seres humanos que puedan ser considerados normales. En ellos siempre aparecen enmascarados y en situaciones que señalan amenazas para los israelíes. Desde Israel señala cómo en Palestina se influye en los niños en el rechazo al pueblo judío, y se les acusa de entrenar e inculcar en los niños de Gaza un odio acervado contra Israel. ¿Mas qué se puede decir de la enseñanza sionista para sus niños? Los libros escolares de Israel, según podemos ver por la investigación realizada por Nurit, están basados en un discurso racista donde todos los demás seres humanos, no judios, que viven en lo que desde hace más de 2.000 años es Palestina, y en especial los árabes palestinos, son señalados como seres inferiores.
Palestina era una región y lo seguirá siendo por siempre, por mucho que los sionistas hayan fundado en ella el estado de Israel


BIBLIOGRAFÍA

Wagner, Carlos G.,  “Historia del Cercano Oriente”, Universidad de Salamanca, 1999

Wagner, Carlos G.,  “Los fenicios”, Ed. Akal, 1989

Wagner,  Carlos G., “La religión fenicia”, Ed. Ediciones del orto, 2001

Olmo Lete, Gregorio del , “Mitos, leyendas y rituales de los semitas occidentales”, Trotta Ediciones de la Universidad de Barcelona, 1998

Blázquez, José María,  Dioses, mitos y rituales de los semitas occidentales en la antigüedad”, Ediciones Cristiandad, 2001.

Israel  Finkelstein – Neil Asher Silberman, “La Biblia desenterrada”, Ed. Siglo XXI, 2003

Sand, Shlomo , “La invención del pueblo judío”, Ed. Akal, 2011

Sand, Shlomo , “La invención de la tierra de Israel”, Ed. Akal, 2013



















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