miércoles, 21 de febrero de 2018

LA HIPOCRESÍA DE UNA CONMEMORACIÓN

Francis Bacon, en su obra Of Wisdom for a Man’s Self. Essays,escribía refiriéndose a la hipocresía:
“Es la sabiduría del cocodrilo, que llora mientras devora a sus víctimas”
Mientras que Thomas Fuller, en The Holy and Profane State,dejó escrito:
"Un hipócrita es a la vez arquero y tirador,porque en todo cuanto hace mira la propia exaltación y la propia ventaja”

 Una composición con la valla del campo de concentración nazi
de Auschwitz-Bikernau sobre un grupo de
gazatíes esperando poder salir de Gaza 
Cada año cuando se acerca el 27 de enero, todos los medios de comunicación y las redes sociales se hacen eco de una conmemoración que muchos dicen que además de recordar a sus víctimas debe servir para que la historia no se repita. Me refiero a la celebración del “Día Internacional de Conmemoración del Holocausto”. Grandes proclamas y lemas lo acompañan en todos los países y en la UNESCO, basta recordar algunas de ellas: “Educar para un futuro mejor”; “Luchar contra el antisemitismo, el racismo y toda forma de intolerancia que pueda conducir a actos violentos contra determinados grupos humanos”… 
¡HIPÓCRESÍA!
La de esos países que han de volver la vista atrás para recordar esa situación, y miran hacia otro lado cuando cada día, en la actualidad, se vive aquella misma situación de genocidio en la Franja de Gaza, convertida en una campo de concentración desde el año 2006.
Genocidio, campos de concentración, términos que, tal vez por su uso continuado, se han convertido en tópicos. Por lo que es conveniente repasar esos conceptos. Un campo de concentración, según su definición, es aquel lugar donde se encierra a personas por su pertenencia a un colectivo genérico en lugar de por sus actos individuales, privándoles de su libertad y sometidos a todos tipos de controles. Y eso es Gaza desde aquel año 2006 en que Israel ejerce un bloqueo absoluto sobre este territorio de unos 385 kilómetros cuadrados en el que se hacinan más de dos millones de seres humanos de los cuales casi el 45 % son menores de 14 años. 
Si bien es cierto que la ayuda internacional para los refugiados del 48 ha venido llegando con regularidad, no es menos cierto que desde aquel año 2006 lo único que ha conocido Gaza ha sido una destrucción sistemática de su territorio hasta convertirlo en un erial donde no se ha invertido nada en infraestructuras o industria.
Aquella tierra que en la antigüedad y hasta bien entrado el siglo XX, llegó a ser descrita como un vergel  donde florecían frutales, olivos, vides y se cultivaban hermosos campos de verduras y plantaciones de sandías, muy apreciadas en Jerusalén donde se llevaban desde los distintos campos de cultivo de Gaza, y grandes campos de cebada que era exportada a otros países para elaboración de cerveza. En el año 1300 d.C. el geógrafo sirio al-Dimashqi, describió Gaza como un territorio “tan rico en árboles que parece una tela de brocado sobre la tierra”; ha padecido la destrucción de todo el arbolado, la contaminación de sus aguas,… convirtiéndola en una cárcel al aire libre o, lo que es lo mismo, en un campo de concentración donde sus habitantes son privados de libertad para entrar o salir debido al cierre, casi permanente, de sus pasos fronterizos y en personas dependientes de sus carceleros en todos los sentidos, desde la alimentación a medicamentos. 
Cuando realmente Gaza tenía y tiene recursos propios: tierras fértiles, sino hubiesen sido envenenadas con aguas contaminadas; yacimientos de gas que no permiten que sean explotados, para ser un lugar próspero con un buen puerto marítimo que, como en la antigüedad permitiera los contactos comerciales con Europa y otras partes del mundo; con un  aeropuerto, que llegó a tener pero que fue destruido por sus carceleros, que la mantenía comunicada con el resto del mundo. Mas Israel con la aquiescencia del mundo occidental, y los intereses económicos de los países árabes, e incluso los líderes palestinos han posibilitado que Gaza se convierta en ese lugar inhabitable que se señala en algunos informes de organismos internacionales sólo con el objetivo de que los gazatíes terminen abandonándola o permitan su traslado a otros lugares. Hoy se habla del Sinaí.
Raphael Lemkin
Genocidio, esa palabra que crea en la mente de quien la escucha o lee imágenes de muerte generalizada, pero genocidio es algo más que eso. Es un término que utilizó por primera vez el jurista polaco de familia judía Raphael Lemkin, que en su libro “El poder del Eje en la Europa ocupada” lo definía como:
“La puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento.”
Lemkin, un hombre con una sensibilidad especial y que durante toda su vida luchó por conseguir que el genocidio fuera reconocido y recogido en las leyes internacionales. En 1939 logró huir a Estados Unidos, mas no pudieron hacerlo sus padres que fueron asesinados en el campo de Auschwitz. Aquello le llevó a iniciar una campaña de denuncia contra las atrocidades nazis. Ya en 1933 elaboró un documento para una ponencia en la Conferencia de Unificación del Derecho Penal, que se celebró en Madrid aquel mismo año, pero el ministerio polaco de asuntos exteriores no le concedió el visado de salida. De aquel documento destacamos esta frase:
“Cuando una nación es destruida, no es la carga de un barco lo que es destruido, sino una parte sustancial de la humanidad, con una herencia espiritual que toda la humanidad comparte” 
Tras ser apartado de su puesto en la Universidad de Yale, en los años cincuenta, muríó en la pobreza en Nueva York en 1959 de un infarto. Pero había visto conseguido su objetivo de que el genocidio fuera reconocido como delito perseguible por el derecho internacional. La resolución 260 de la Asamblea General de la ONU del 9 de diciembre de 1948, aprobaba la “Convención para la prevención y la sanción del crimen de genocidio”, que entraría entraría en vigor el 12 de enero de 1951.
En su artículo II dice:
En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados continuación, cometidos con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
[...]
b) Atentado grave contra la integridad física o mental de los miembros del grupo. 

c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial.
[...]
En su artículo VI recoge quienes son culpables del delito de genocidio: La asociación para cometer genocidio; la instigación directa y pública a cometer genocidio; la tentativa de genocidio; la complicidad del genocidio…
¿Alguien es capaz de negar que lo que está sucediendo en Gaza no es un genocidio? Todas esas naciones que miran hacia otro lado ante la situación de Gaza y que recuerdan cada año el Holcausto judío. ¿Cuál es la diferencia? Que aquel genocidio ocurrió hace setenta años y el de Gaza está sucediendo cada día en la actualidad, con la complicidad manifiesta del mundo occidental.

Eduardo Galeano
Eduardo Galeano, escritor y periodista, en una carta abierta escrita en 2014 decía:
Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza?

No sólo judios fueron victimas del terror
nazi de los campos de concentración.
Rendimos aquí nuestro pequeño y humilde homenaje a su memoria

No se puede negar que los campos de concentración nazis fueron un horror, donde murieron miles de seres humanos, pero no todos judíos, pues en aquellos centros de exterminio también había gitanos, homosexuales, discapacitados y prisioneros políticos, por lo que el Holocausto no se debería celebrar sin recordar también a todas las demás víctimas.
Mención aparte merecen los campos de concentración especiales para mujeres, donde de nuevo encontramos a todo tipo de prisioneras. Campos de concentración cuya existencia ha sido silenciada durante muchos años, y en los que las mujeres eran sometidas a todo tipo de vejaciones, desde experimentos médicos, pasando por trabajos forzados, hasta obligadas a prostituirse para satisfacción de los soldados alemanes que habían de pagar por utilizar sus servicios y cuyo dinero iba a manos de los oficiales del campo. 
 
En la parte superior fotograma de la película
"La Lista de Schlinder".
Debajo, soldando iraelí emulando aquella
escena en Gaza
Y al hablar de horror, de asesinatos a sangre fría mi mente recuerda la escena de la película “La lista de Schlinder”, de Steven Spielberg, cuando uno de los guardianes del campo de concentración desde la ventana de su despacho se dedica a disparar, con su rifle de mira telescópica, sobre los internos como si de una caza de animales se tratara. Esa escena se repite diariamente en Gaza cuando los soldados israelís, desde sus torres de control y vigilancia, se dedican a la caza de los campesinos gazatíes que tratan de trabajar en las pocas tierras de su propiedad que aún son cultivables. 
Tragedia de Gaza ¡Huir o morir!
El destino de los gazatíes
Me llenan de estupor esas imágenes con que la propaganda sionista inunda las redes en la que aparecen centros comerciales, tiendas con sus estanterías repletas de alimentos. … para dar la imagen de que en Gaza no falta nada y se vive perfectamente.
Mientras el gallo vigila el corral
los otros gallos pelean por las ayudas
¿Acaso esos seres humanos que la habitan sólo necesitan alimentarse como si fueran animales en un corral? ¿Dónde están todos los demás derechos que les son reconocidos por las leyes internacionales?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial brilla cada año cuando llega el 27 de enero recordando un horror que se cometió hace setenta años, pero que al tratar de ese nuevo horror que se vive diariamente en Gaza se vuelve la vista hacia otro lado mostrando indiferencia, o se les llena la boca de discursos vacíos, declaraciones altisonantes o proyectos nunca realizados, y siempre unas escusas banales sobre acciones terroristas realizadas de forma individualizada, como otras muchas que se vienen sufriendo en el resto del mundo. Ante la tragedia de Gaza, los países musulmanes se lavan las manos e incluso llegan a vender el futuro de los gazatíes como si ellos fuesen sus propietarios. Europa, mientras, derrama alguna que otra lágrima de cocodrilo ante esta tragedia diaria, esa Europa que, al parecer pretende pagar las persecuciones judías realizadas desde la Edad Media en todas las naciones cobrándosela a los palestinos de Gaza, lo que convierte su sangre y sufrimientos en moneda de cambio para pagar la cuenta contraída por Europa.

Ante la tragedia de Gaza, sobra hipocresía y faltan soluciones reales.
Los sionistas han demostrado que son el colectivo menos ético de la historia de los judíos con la resurrección de los guetos europeos.
María T. Velasco

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