jueves, 3 de septiembre de 2015

Y MAÑANA, ¿QUÉ?



No, no hace referencia al título de ninguna canción o libro editado, es una reflexión sobre un gran problema que, en mi opinión, no se está abordando con la seriedad necesaria para su solución. Un fenómeno, el de esa migración masiva hacia las fronteras de Europa, que pone ante nuestros ojos noticias e imágenes duras y, en algunos casos estremecedoras, como los 71 cadáveres encontrados en un camión frigorífico en Austria; o las que muestran la bodega, ya vacía, de un barco donde fallecieron otras 51 personas, que huían de la guerra y la miseria en busca de lo que consideraban un paraíso. Imágenes que no son nuevas, que se vienen repitiendo desde hace mucho tiempo atrás y que nos señalan que el Mediterráneo es la tumba de miles de personas que, en busca de lo que creían una vida mejor, pusieron sus vidas en manos de seres desaprensivos que hoy nos recuerdan el comercio de los navíos negreros que proliferaron entre los siglos XVIII y XIX.
Campo de refugiados de Harmali, en Bulgaria, uno de los asentamientos
donde los desplazados esperan la posibilidad de ser transportados
por esas nuevas redes de esclavos. 
Esta es una de las primeras consecuencias de esas grandes migraciones, son caldo de cultivo para esos desaprensivos, y otros que encontrarán en los países que ellos consideraban su tierra de salvación, donde, en la mayoría de los casos, se verán inmersos en situaciones de pobreza, de explotación laboral y hasta sexual. Y de esos desaprensivos vemos pocas detenciones, y en la mayoría de los casos suelen ser simples sicarios de redes mafiosas que, como siempre ocurre, sus dirigentes no se exponen a ser descubiertos, y son los que realmente se lucran de este vil negocio.
Antes de seguir adelante he de exponer las diferencias que encuentro entre los componentes de ese movimiento humano, para poder entender mis reflexiones al respecto. Está claro que en esa gran migración existen, al menos, dos grupos humanos diferenciados, sin tener en cuenta algo que atemoriza a los gobiernos y a los ciudadanos europeos, la posible llegada entre ellos de radicales islamistas. Por un lado, los inmigrantes, aquellos que salieron de sus países en busca de mejorar sus condiciones de vida o su situación laboral, pero donde sus vidas no corrían peligro por la violencia o las armas. Otro grupo, tal vez el más numeroso, está formado por aquellas personas que huyen de la guerra; de la violencia; del hambre y la miseria que produce. Estos no se deberían considerar como inmigrantes, para mí son desplazados, porque ni siquiera el término refugiados puede definirlos en las actuales circunstancias. Hoy no son ni eso, fueron refugiados en Siria, Líbano u otros países, mas ahora son personas errantes en busca de lo que consideran un lugar seguro.
Es por ello que se arriesgan a recorrer miles de kilómetros, traspasando frontera tras frontera, exponiéndose a ser detenidos o encerrados en “campos de asistencia”, como el de Harmali, en la frontera turco-búlgara, y no se dirigen a otros países más cercanos, más acordes con su cultura y creencias religiosas como Arabia Saudita; Qatar; otros emiratos, Egipto… Ellos saben bien que allí no les permitirán entrar por mucho que traten de hacerlo por la fuerza, y aquellos que lo lograran se verán sometidos a peores condiciones que en Europa. Ninguno de aquellos países les permitirá la estancia permanente y terminarán siendo deportados como ya ha ocurrido en otras ocasiones.
En la parte superior imágenes de desastres naturales,
en la inferior del periodo colonial.
Son muchos los estudios socio-económicos y las voces que se alzan, que no pueden ser señaladas como de ideas neo-liberales, que demuestran el fracaso de cualquier medida adoptada en los países receptores de estos desplazamientos masivos de seres humanos, que no se pueden considerar como catástrofes humanitarias, esas se producen por fenómenos naturales: terremotos, volcanes, inundaciones…, mas estas otras son producto de guerras, persecuciones étnicas o religiosas. Basta volver la vista atrás y repasar la Historia, para ver que todo ello no ha comenzado recientemente, tiene su origen durante la época del imperialismo colonial que se extendió a lo largo de todo el planeta.
Campos de refugiados en Siria en 2013
De esos estudios entresacamos un ejemplo que, por su cercanía en el tiempo, nos puede servir de base para acompañar nuestras palabras: Siria, de donde hoy proceden gran mayoría de esos desplazados hacia Europa, recibió, en 2007, más de un millón de desplazados procedentes de Irak, ello trajo consigo consecuencias directas en la economía del país: los precios se dispararon en todos los sectores por efecto de la mayor demanda; así como el consumo de agua y electricidad; el desempleo alcanzó tasas insoportables; los servicios sociales se vieron desbordados, no había suficientes escuelas ni hospitales. Pronto surgieron los problemas entre los residentes sirios y los refugiados iraquíes y los primeros brotes de violencia surgieron. Brotes que fueron aprovechados por quienes les interesaba la desestabilización del país por objetivos económicos, aunque se haya utilizado la religión para sus fines.
No creo que se estén abordando las posibles soluciones a este problema desde un punto de vista práctico y real. De nada sirve que algunas ONG y otras asociaciones busquen soluciones solidarias a esta situación, aunque siempre son de agradecer, en cualquier caso siempre serán pasajeras. Como pasajeras serán esas imágenes, del mismo modo que lo han sido otras muchas que nos han relatado verdaderas catástrofes entre los refugiados y los emigrantes en todas las partes del mundo. Dentro de unas semanas, todos esos desplazados habrán desaparecido, todos esos gestos de solidaridad ya no serán noticia. Todo se habrá esfumado como desaparece el humo, y todas esas personas pasarán a engrosar esas listas que vemos de gente sin trabajo y sin hogar. No hemos de ir muy lejos para ver esa realidad que acabo de señalar, basta dirigir la mirada a nuestro entorno aquí en España.
Parlamento europeo
La solución a esas olas de inmigrantes y desplazados no se encuentra en una Europa inmersa en una grave crisis económica y de identidad. La primera de ellas genera altos índices de desempleo en todos los países, incapaces de generar nuevos puestos de trabajo que permitan reducirlas. La segunda, lleva consigo la desunión entre los distintos gobiernos, liderados por partidos políticos para los que, al parecer, son más importantes sus intereses de partido que un objetivo común europeo, lo que les hace incapaces de llegar a acuerdos para afrontar esta nueva crisis que genera la llegada masiva de esa migración humana.
No, la solución no está en el reparto entre países de todos esos seres humanos, que, como decíamos anteriormente, sus imágenes terminarán difuminadas entre los otros muchos problemas, reales o creados, que tiene cada estado, y que darán pie a las particulares campañas de xenófobos y racistas ante cualquier incidente protagonizado por parte de alguno de aquellos. No es cuestión de negar ayudas, al contrario, es el momento de exigirlas, pero de exigirlas a quienes realmente tienen el poder económico para poder afrontarlas.

Una visión de Siria antes del comienzo de la guerra que la está destruyendo.

Tartous, el segundo puerto naval en importancia, 
una localidad costera que no tenía nada que envidiar 
a las que tanto se ensalzan de países occidentales.
Lattakia, una ciudad que hunde sus raíces en la época fenicia y fundada, posteriormente, durante el imperio seléucida. Conocida como la “Costa Azul” de Siria. Una ciudad que puede equipararse a cualquier ciudad turística de la costa mediterránea.

El antes y después de Homs, la tercera ciudad más importante de Siria, con cerca de un millón de habitantes.
Damasco, 2008
La solución pasa por crear las infraestructuras necesarias, en los países que carecen de ellas, para que sus habitantes puedan vivir dignamente dentro de sus culturas y creencias religiosas, sin injerencias de terceros países basadas en la mentira de defender lo que se ha dado en llamar “democracia”, y que sólo es tapadera de intereses económicos. Porque muchos de aquellos países que hoy ven sus territorios inmersos en guerras sin fin, antes de ellas eran lugares donde las personas vivían con cierta dignidad, los niños asistían a las escuelas y los jóvenes tenían acceso a una formación académica adecuada, y muchas de sus mujeres vestían libremente.
Siria ha sabido siempre conservar su patrimonio e identidad. Antes del 2007, era una nación en la que sus habitantes vivían con cierta dignidad, con las clásicas diferencias sociales que existen en todas las naciones de este mundo. Está claro que bajo un sistema de gobierno al que se puede considerar autocrático, como ocurre también en otros muchos países de este mundo. Solo la intervención de grupos externos llevó a desestabilizar la vida allí, y de ahí a desencadenar esta guerra, que dura ya cinco años y no se le ve visos de solución. Las revueltas sociales fueron el detonante que utilizaron, aquellos cuyos intereses están muy alejados de los derechos humanos, para iniciar un conflicto en 2010 que está destruyendo por completo aquel país. Son los intereses económicos y geoestratégicos las razones que realmente han desencadenado esa catástrofe humana y que mueven a las grandes potencias por la conquista de aquel territorio. Son sus reservas de petróleo y fundamentalmente los inmensos yacimientos de gas lo que la hacen tan deseable. Yacimientos de gas que se extienden a lo largo de toda la cuenca del Mediterráneo oriental que incluye, aunque los medios de comunicación suelen omitirla, a GAZA, territorio que todos sabemos las condiciones a que está sometido y siempre pendiente de nuevas incursiones “de castigo”. Los cientos de vidas que se ha cobrado ese conflicto no han inquietado a los gobiernos de EEUU, de Europa, ni siquiera de Rusia, a pesar de que esta ahora pretende dar todo el apoyo al régimen de Siria. Mucho menos a los ricos países árabes del golfo.
 
Hoy, como ha ocurrido en otras ocasiones, todo el mundo mira con asombro las imágenes que transmiten los medios de comunicación sobre la oleada de refugiados sirios que se trasladan hacia Europa. Desde todos los lados se alzan voces pidiendo y ofreciendo solidaridad con todos ellos. Palabras que encierran toda la falsedad y la hipocresía que domina el mundo, pues esos mismos que ahora rasgan sus vestiduras siguen apoyando, a unos u otros, en este conflicto armado. Y ante las dolorosas imágenes de niños ahogados se sienten angustiados, como si las mismas fueran únicas o no se hubieran producido decenas de veces a lo largo de los últimos cinco años. Parece que hasta en la muerte se establecieran diferencias y no es lo mismo morir bajo las bombas en tu propia tierra, lo que han dado en llamar “daños colaterales”, que hacerlo en otras condiciones. Muertos están, de una manera o de otra. Sus vidas fueron arrebatadas por los intereses de quienes sólo piensan, egoístamente, en los suyos propios en desprecio de la vida de los demás. Al final, como siempre, las guerras son cosas de intereses económicos más que de muertes o desplazamientos masivos de civiles, aunque sean niños.

Para la mayoría de los que he definido como desplazados en esta gran migración actual hacia Europa, esta solución puede llegar demasiado tarde, pero aún quedan muchos otros millones de seres humanos, en África y Oriente Próximo, que ven en Europa el “paraíso de sus sueños”, y ellos sí necesitan de esa solución. Como dice un niño sirio de entre esos desplazados, según las noticias de los medios de comunicación: "Vosotros simplemente parad la guerra y nosotros no querremos ir a Europa". Así como se reconoce el derecho a migrar como derecho humano, los gobiernos de este planeta deberían ser conscientes de la otra cara de esa moneda: el derecho a no emigrar. Deberían crear las condiciones necesarias, en los países de origen, para que esas personas no se vieran en la necesidad de emigrar por el hambre, la miseria o el miedo a las guerras.
Europa, esa Europa de la que muchos de sus países fueron ejecutores de aquel imperialismo, ha de demostrar que realmente es lo que queremos todos los europeos, menos aquellos que se ven beneficiados del caos existente en la actualidad en la misma. Europa debe exigir el cumplimiento de todos los acuerdos internacionales, empezando por aquellos que cubren los derechos de los trabajadores en cualquier país, sean nacionales o inmigrantes, no permitiendo que los mismos se vulneren sin consecuencias, como ocurre en Arabia Saudita, Qatar y otros emiratos. Basta darse una vuelta por “YouTube” para ver infinidad de videos donde se observa las condiciones de los inmigrantes en aquellos países. O en otros países africanos donde la riqueza de su subsuelo o la feracidad de su tierra son capaces de generar riqueza que de ninguna manera revierte en sus ciudadanos.
Imágenes recientes de la actual situación en Gaza
Europa aún está a tiempo de evitar otra gran oleada de desplazados procedentes del Levante del Mediterráneo. Un reciente informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, destaca la crisis a la que se enfrentan los habitantes del territorio de Gaza si se mantienen las actuales condiciones económicas, donde hoy residen casi dos millones de personas. Según ese informe, el territorio de Gaza “resultaría inhabitable en un plazo de cinco años”. ¿Qué ocurrirá con sus habitantes? ¿Cuál creemos que será su reacción ante la proximidad de esa situación?
Ese mismo informe destaca las pérdidas sufridas directamente por la economía de Gaza durante la operación militar israelí del año pasado: 550 millones de dólares en el sector agrícola; más de 20.000 casas palestinas resultaron destruidas o dañadas, sin olvidar las 148 escuelas, 15 hospitales y 45 centros de salud; además redes de agua potable y residuales, y la central eléctrica. Todo ello nos da una clara idea de que la capacidad para producir para el consumo del mercado doméstico es prácticamente nula, no hablemos ya de la posibilidad de exportación que no existe por las medidas de bloqueo impuestas por Israel. Si a eso añadimos que los últimos datos de asistencia a refugiados palestinos en Gaza, señalan que la distribución de alimentos ha pasado en 15 años de 72.000 personas a 800.000, poco menos de la población de Gaza, nos podemos dar cuenta que es una situación insostenible.
Europa, tiene la obligación moral y económica de acabar con esta situación. De adoptar las medidas necesarias para que se cumplan las numerosas resoluciones de la ONU sobre Palestina. De exigir el levantamiento total del bloqueo a que se ve sometido el territorio de Gaza, pues si bien es cierto que desde Israel entran alimentos, también es cierto que eso no deja de ser de interés para la economía israelí. Es necesario que Europa adopte posturas firmes ante las permanentes excusas del gobierno de Israel que dice salvaguardar las vidas y los intereses de los israelíes en sus acciones sobre Gaza o Cisjordania. Es obligación de Europa acabar con el suministro de armas a quienes amenazan la seguridad de los demás. Muchos de los países europeos han reconocido al gobierno palestino, pero eso no es suficiente, han de iniciar las acciones necesarias para que Gaza pueda ser un territorio capaz de generar una economía propia sostenida, que les permita, a sus habitantes, una vida digna alcanzada con el esfuerzo de su trabajo, la feracidad ya demostrada de su tierra y la riqueza de su subsuelo, con yacimientos de gas que no se permite puedan ser explotados, y no tengan que vivir de las ayudas que puedan ofrecerles los demás. En un territorio con una buena economía, con trabajo y alejado de la hambruna y la miseria, el terrorismo y los planteamientos demagógicos del islamismo radical no tendrían cabida.
Las noticias diarias nos acercan la retórica utilizada por los políticos europeos, todas ellas repudiando las imágenes impactantes de unos niños ahogados mientras sus familias trataban de llegar a Europa, cuyos cadáveres aparecieron en una playa del suroeste de Turquía. Titulares de la noticia que hablan del “niño ahogado que avergüenza a Europa”. ¡Qué Europa!, me pregunto, ¿la de las personas sencillas que no tienen en sus manos la toma de decisiones y que actúan al impulso de sus corazones movidos por un sentimiento de solidaridad, promoviendo acciones para la acogida de algunos de esos desplazados, como son el caso de Islandia, Alemania y otros países? o ¿la que los políticos dicen representar incapaces de adoptar posturas firmes frente a acciones de injusticia? Frases elocuentes que escuchamos o leemos de vez en cuando, mas ¿dónde están las acciones efectivas cuando centenares de niños han muerto, y lo siguen haciendo, en Gaza, Siria y otros países por las guerras apoyadas por ellos? Sus acciones demuestran el vacío de sus palabras, la hipocresía que encierran las mismas.
Vergüenza para Europa? Vergonzosa es la postura de los países musulmanes ricos y poderosos. Ninguno de ellos ha abierto sus puertas a sus hermanos árabes. Les han dado la espalda, y levantado murallas, para impedir su llegada. Su culpa y complicidad es mayor que la de Europa. Cuando la vida de tus hermanos está en peligro, no hay peor defecto humano que la pasividad. En Europa, aunque tarde, se ha reaccionado acogiéndolos.
خجل لإوربا٠لكن خجل لموقف الدول الاسلامية الغنية القوية٠لا احد منهم فتح بيته لاخوانه العرب٠اد اعطوهم ظهرهم ووضعوا حواجز لمنع وصولهم٠الحق عليهم اكثر من اوروبا٠عندما تكون حياة اخوانهم في خطر٠العن وضع عندما تترك الاموور الانسانيه بسخافه٠في اوروبا مع العلم انهم تاخروة
لكن تفاعلوا لاخذهم 

Tomemos un simple ejemplo, las imágenes que acompañan a este texto corresponde a Mina, un lugar cercano a La Meca, en Arabia Saudita. Una gran ciudad-campamento erigida con tiendas de campaña, con aire acondicionado, capaces de acoger a cientos de miles de peregrinos que acuden a La Meca. Mas si hablamos de solidaridad, si hablamos de los cinco pilares del islam, uno de los cuales es esta peregrinación, no deberían de olvidar otro de ellos: el de la limosna o azaque (zakâr). De obligado cumplimiento para los musulmanes y que según su doctrina cualquiera de ellos debería evitar la acumulación de riqueza, y ayudar a los necesitados.
Mientras Europa, conmovida ante las imágenes que los medios transmiten, abre las puertas de los templos; de las parroquias; de las casas de religiosos y religiosas; de las casas particulares de personas de buen corazón a las familias prófugas de Oriente Medio, especialmente de Siria, según se puede leer en las numerosas noticias emitidas por todos los medios de comunicación, para acogerlos, ese gran campamento permanece vacío o semivacío, y además cercano al lugar más sagrado para los musulmanes. Un lugar en donde podrían ser acogidos, de forma temporal, hasta que su rica y saneada economía pudiera absorber esos nuevos trabajadores. Arabia Saudita no ha abierto su mano para recibir a ninguno de sus hermanos sirios.
Algo que parece incomprensible cuando sus alfaquíes (doctores de la ley musulmana) proclaman que su interpretación del Corán es la correcta, y tanto en el Corán como en la tradición del Profeta Muhammad (la Sunnah), se acentúa la sadaqa. En palabras del Profeta: “La sadaqa es una necesidad para cada musulmán”. La sadaqa es mucho más que el simple hecho de hacer una contribución económica. El Profeta dijo: “salir al encuentro de tu hermano con cara sonriente es caridad”, y en el Corán 2, 263, se lee: “Una buena palabra y disculparse es mejor que una limosna a la que sigue la vejación”; y en Corán 2, 217: “Si dais limosna públicamente, es algo excelente. Pero si la dais ocultamente a los pobres, es mejor para vosotros y borrará en parte vuestras malas obras. Alá está bien informado de lo que hacéis”.
Arabia Saudita, según los informes oficiales, donó durante el año 2014 cerca de 750 millones de dólares para la atención humana de refugiados, lo que la convierte en el sexto país donante del mundo, pero no ha acogido ni a un solo refugiado sirio. Contrasta con su actuación con respecto a los refugiados kuwaitíes, cuando en 1999 huían de la invasión de las tropas de Sadam Husein. Tal vez la diferencia entre aquellos y los sirios sólo está en su estatus social, los kuwaitíes refugiados pertenecían a la élite de los árabes ricos. Todo hace pensar, aparte de otras implicaciones políticas y económicas, que las enseñanzas del capítulo 2 del Corán sobre el conocimiento y la buena actuación son descuidadas u olvidadas intencionadamente.

Y si en otra ocasión decíamos que la solución para evitar las crisis de refugiados se encuentra en la paralización de los conflictos armados y la creación de infraestructuras para que sus nativos puedan llevar una vida digna, tampoco parece que eso lo tenga muy presente la monarquía saudita, que de nuevo incrementa su participación en el conflicto armado de Yemen, bajo los argumentos de salvaguardar el sistema político. Lo cierto es que en Yemen son más de 400 los niños que han sido asesinados por la guerra, y más de un millón de ellos sufren desnutrición severa, por lo que es fácil deducir que una nueva migración masiva de personas se producirá, huyendo del horror y de los peligros de ese conflicto armado.
 
Mientras un palestino ondea su bandera en los campos de Gaza, 
la ONU busca el lugar donde ubicarla para ser izada.
Al cierre de esta entrada surge la noticia de que la bandera del estado Palestino ha sido izada en la sede de la ONU, algunos dirán que puede ser un paso adelante para los palestinos. No quisiera ser pesimista pero la historia reciente nos dice que eso no significa que los grandes problemas de Cisjordania y Gaza queden resueltos y que los riesgos de que se desate allí un nuevo conflicto no existan, prueba evidente es que Yemen pertenece a ese organismo y sin embargo se encuentra al borde del exterminio. 
 

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