domingo, 14 de junio de 2015

EDUCACIÓN Y ENSEÑANZA


Recuerdo cuando en otros tiempos a los niños nos preguntaban qué deseábamos ser y contestábamos: maestras, médicos, investigadores, enfermeras… ahora al preguntarle a un niño sus respuestas suelen ser: famoso, futbolista, rico… No debe sorprendernos, pues pueden tener pocos años pero no son tontos. La sociedad actual está basada en unos valores que no tienen nada que ver con el esfuerzo y el ansia de conocimientos. Solo impera lo material, la comodidad y la falsa felicidad del tener y poseer más. Tal vez todo parta de aquel falso concepto de que el ser humano es el único animal que necesita educar a sus crías.
La naturaleza nos enseña que eso no es así, todas las crías, de cualquier animal, son educadas y enseñadas por sus progenitores y su entorno.
Equlibrio entre educación y enseñaza
Todos hablamos, cada día más, de la educación de los niños, sobre todos quienes tenemos hijos en edad escolar. Es normal, si tenemos en cuenta que los cimientos de su proceso evolutivo son la familia, la escuela y la sociedad, o para mejor definirlo, el entorno en que se desarrollan. Mas es frecuente confundir los términos enseñanza y educación. Tal vez influenciados por las propias leyes que los políticos vienen utilizando, desde hace años, para referirse a los planes de estudio.
Ese, para mí, gravísimo error trae consigo nefastas consecuencias pues, algunos padres, delegan, o pretenden hacerlo, la educación de sus hijos en los colegios; al igual que, algunos profesionales de la enseñanza, trasladan al hogar del niño sus tareas, en una falsa interpretación de la interrelación entre colegio y familia. 
Educar, término cuyo origen está en la palabra latina “educare”, significa conducir, guiar, perfeccionar en los niños una serie de facultades intrínsecas de la naturaleza humana que les permita desarrollarse y vivir en comunidad, haciendo uso de su libertad y el respeto hacia los demás. Una tarea que debe ser indiscutiblemente de los padres.
Enseñar, que procede del latín “insignare” (in = en y signare = señalar hacia), se relaciona directamente con instruir, iluminar, mostrar ideas o conceptos para ser vistos, apreciados y aprendidos. Tarea fundamental de un profesional que ha sido formado expresamente para ello.
En mi experiencia como madre son dos términos del proceso evolutivo de un niño, relacionados entre sí pero que no necesariamente siempre van unidos. Una madre o un padre pueden no tener los conocimientos suficientes para enseñar a sus hijos los conceptos matemáticos, científicos o generales de la materia que esté estudiando. De la misma manera que un profesional de la enseñanza puede indicarle a un niño la importancia de la honestidad y la veracidad, mas no tiene por qué saber guiarle o conducirle, en su vida diaria, a la práctica de esas virtudes. Una persona, y lo vemos todos los días, puede carecer de los conocimientos técnicos o teóricos pero ser una persona honesta y respetuosa con los demás y con su entorno. Lo mismo que observamos otras personas con muchos conocimientos y carentes de cualquier signo de educación para convivir en sociedad. 
“Un niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que hay que avivar” (Michel Eygem de Montaigne).
Nuestros actuales planes de estudio, a mi entender, parecen tener como único objetivo “llenar la botella”, pero no “avivar el fuego” del deseo de descubrir todo lo que le rodea, y de saber y conocer que todo niño lleva implícito en sí mismo.
Sin pretender generalizar, pues de todo podemos encontrar, y basándome en mi experiencia con mi hijo en primaria, estamos ante un sistema basado únicamente en los resultados de las evaluaciones o exámenes que miden los resultados académicos; un sistema de valoración que desarrolla un espíritu competitivo en los niños; un modelo fundamentado en motivaciones negativas, como es el miedo al suspenso; una práctica que, a la larga, genera desigualdad en la enseñanza pues no todos los padres están preparados, o se sienten implicados, para afrontar la instrucción de los niños en casa, en esa pretendida colaboración colegio-familia.
Suscribo totalmente las palabras de Ken Robinson, educador y escritor británico: “No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad”. La realidad nos demuestra que aprobar un examen no lleva implícito el aprendizaje. Aprender para poder aprobar un examen es algo totalmente distinto a aprender por aprender, y es esto lo que echo en falta, NO SE LE ENSEÑA A LOS NIÑOS A APRENDER A APRENDER, si no a superar una prueba con una calificación.
Estamos ante un sistema en el que se antepone lo memorístico; un sistema que no permite profundizar para fortalecer la imaginación y la creatividad del niño; un sistema obsoleto que desemboca en un permanente enfrentamiento entre los padres y aquellos profesionales de la enseñanza, anclados en viejos conceptos, que cargan a los niños de deberes para casa, que, en numerosas ocasiones, más parecen dirigidos a los padres que a los propios niños, alguien se echará mano a la cabeza ante esta idea, pero es la realidad cuando un profesional de la enseñanza se limita al contenido de los libros de texto, que en la mayoría de las ocasiones son galimatías de difícil comprensión y los conceptos expuestos quedan tan solapados que al niño le es difícil identificarlos, no queda otro camino que ser los padres quienes asuman la tarea de explicárselos, de lo contrario al niño será fácil calificarlo de “tonto, distraído…” pues no se pone en duda la presentación y redacción de los libros de texto y la capacidad del docente para transmitir los contenidos.
La solución, según mi experiencia, no está en más horas, más tareas, más refuerzo… El niño necesita entender y comprender el por qué. En la mayoría de los casos dividen, pero desconocen lo que es el concepto de división; aprenden que dos por dos son cuatro, pero carecen del conocimiento del por qué; en su mente van acumulando datos y más datos, pero en realidad no saben para qué sirven o cuál es el objetivo de lo aprendido. Un niño necesita leer, mas echo en falta un plan que incentive la lectura, no creo que mandar al niño leer un libro por sistema sea lo más adecuado. Además ¿cuándo disponen de tiempo para abrir un libro por puro placer? Cómo van a hacerlo si su mente asocia el libro con una obligación que han de cumplir para alcanzar unos objetivos de calificación en los continuos exámenes y además basados en la competitividad.
Don Emilio Lledó
Todos deberíamos hacer un gran ejercicio de autocrítica. Como señalaba hace unos días Emilio Lledó, el gran filosofo sevillano, miembro de la Real Academia Española y reciente premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades: "Si metemos en la cabeza de los niños unos grumos pringosos ideológicos que les priven de la facilidad de pensar y de la fluidez de las neuronas, les hemos aniquilado la mente". “"La educación es la solución de todas estas cosas que estamos viviendo".
Es imprescindible que la enseñanza esté en el centro de las prioridades de la sociedad. Que los políticos dejen de ver en ella un enfrentamiento permanente que lleva a cambiar los planes de estudios según quien gobierne, pero siempre dentro de una línea conformista que busca poner a los niños a adaptarse a unas circunstancias y un país que no será el mismo cuando ellos lleguen a su pleno desarrollo, en lugar de tratar de poner el país al alcance de ellos para que lo engrandezcan y transformen con su creatividad. Es triste ver que la alegría que se está produciendo en nuestro país por el posible cambio en las diferentes administraciones, no lleve implícito ese deseo de cambio en los planes de estudio. Todos se han olvidado de lo fundamental. Ninguna de las reformas llevadas a cabo ha tenido en cuenta que el sistema de enseñanza está basado en conceptos e ideas desarrolladas hace más de un siglo. Nuestros políticos deberían ser conscientes de la necesidad de invertir muchos más recursos en el ámbito de la enseñanza, y no me refiero ya desde el punto de vista social de ayudas o recursos, sino en modificar y adecuar tanto el modelo de enseñanza como los centros escolares y la formación del profesorado. De entre todos los retos a los que se enfrenta nuestra sociedad, la educación es, sin duda alguna, el más urgente, pues de ella depende no solo el futuro individual de cada uno de esos ciudadanos, sino el crecimiento y la estabilidad de la propia sociedad. 
Una sociedad que debe asumir su responsabilidad y que sea capaz de entender que los niños no deben estar presionados por un sistema regido por las notas; por los intereses de los propios padres; por los intereses mercantilistas basados en una competencia entre los propios niños.
Como padres hemos de asumir nuestras propias responsabilidades. En ocasiones olvidamos que nuestra tarea primordial es la educación de nuestros hijos. Caemos en algunos errores y deberíamos ser capaces, y conscientes, de que también debemos aprender cómo educar a nuestros hijos, no nos valen algunos métodos caducos que utilizaron con nosotros mismos, Aquellos sistemas basados en un autoritarismo cerrado y sin explicaciones, pero tampoco nos valen otros sistemas basados en una educación permisiva casi sin límites. Nos han hablado mucho de la autoestima y de motivación positiva, mas no nos han señalado, que en ocasiones, ello trae consigo consecuencias negativas. Hemos de reconocer, y no pasa nada por eso, que no somos los mejores, y que nuestro hijo o hija ni es el mejor ni tiene que ser el primero. Cuando en el niño o niña se inculca ese sentimiento de sentirse especial, en el trascurso del tiempo, creará una sensación que la realidad de la sociedad le demostrará que no es así, y buscará el medio de disimular sus propias limitaciones a través de la mentira o de la deformación de los hechos para tratar de eludir su propia responsabilidad, lo que conlleva que no estará preparado para hacer frente a las dificultades que en su vida vaya encontrando. Por eso hemos de ser comedidos en nuestros elogios y hacerles ver que ser el mejor no significa ser el primero en todo. Lo mismo que deberíamos pensar dos veces qué estímulos positivos utilizamos con ellos, pues si los mismos están basados únicamente en estímulos materiales, ellos no van a sentir ninguna motivación que no esté relacionada directamente con lo material o económico.
Al igual deberían hacer los profesionales de la enseñanza, aquellos que se consideran “en poder de la verdad absoluta”; aquellos que quieren encontrar en sus aulas niños que lo sepan todo, que estén callados, atentos, pasivos y obedientes. En realidad está aplicando una metodología didáctica nada participativa, en la que los niños se aburren pues nada tiene que ver con su propia naturaleza inquieta por saber, conocer y descubrir. Una metodología basada en el autoritarismo del “porque sí”, o “porque lo mando yo”, cuando algún niño se atreve a plantear una duda, lo que el niño percibe como un desprecio a su interés por nuevos descubrimientos. Y, por supuesto, ese niño no prestará atención a lo que se le está diciendo, no lo entiende, no le interesa y se abstrae por completo de lo que le rodea y busca otros elementos para distraerse.
Vivimos en una sociedad donde todo está estandarizado, y el modelo educativo no escapa de esa situación. Esta metodología conlleva consigo la limitación de la formación del niño, porque frena sus aptitudes y talento individuales. No deberíamos olvidar las palabras de Karl A. Menninger: "Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad."


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