miércoles, 8 de abril de 2015

Yarmouk en mi recuerdo




Yarmouk, ¡que tristeza y dolor!. La realidad de las imágenes de la situación que vienes sufriendo desde hace años, hoy agudizada por la extrema violencia que se ha desatado en tus calles, contrasta con los hermosos recuerdos que afloran a mi memoria de aquellos momentos de felicidad y dicha que vivimos allí en Yarmouk, en sus calles, en sus parques, viendo corretear a los niños; aquellos ratos de convivencia con otras mujeres palestinas; la amabilidad con que fui recibida y admitida entre ellas. Aquel lugar que significó el nuevo hogar para miles de palestinos a la espera de un retorno que nunca se produjo. Palestinos que llegaron allí tras un éxodo al que se vieron forzados por la violencia de aquellos que decían tener "derechos" sobre unas tierras que nunca fueron suyas, salvo por la "promesa" de sus antiguos escritos. Aquellos ejercieron lo que llamaron "derecho al retorno", mas nunca han permitido que los palestinos, expulsados de sus casas y sus tierras a través del terror y la violencia, puedan ejercer el mismo derecho. Hoy, muy lejos de aquellas tierras que ellos cultivaron, cuidaron y amaron, sufren las consecuencias de una nueva guerra que nunca buscaron. Su situación y sus propias vidas traen a mi memoria este poema de Miguel Hernández:
Sigo en la sombra, lleno de luz; ¿existe el día?
¿Esto es mi tumba o es mi bóveda materna?
Pasa el latido contra mi piel como una fría
losa que germinara caliente, roja, tierna.
Es posible que no haya nacido todavía,
o que haya muerto siempre. La sombra me gobierna.
Si esto es vivir, morir no sé yo qué sería,
ni sé lo que persigo con ansia tan eterna.
Encadenado a un traje, parece que persigo
desnudarme, librarme de aquello que no puede
ser yo y hace turbia y ausente la mirada.
Pero la tela negra, distante, va conmigo
sombra con sombra, contra la sombra hasta que ruede
a la desnuda vida creciente de la nada.
Es difícil, muy difícil que para ellos haya una solución que les lleve al retorno a sus tierras de origen, la sociedad cierra los ojos ante su situación, pero como decía el poeta
Soy una abierta ventana que escucha,
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

Son tan conmovedoras las palabras de la niña, que creo que sobran por completo las mías. En ocasiones nos miramos al espejo y nos consideramos unas afortunadas-os ante lo que vemos, mas no nos fijamos en el fondo de la imagen, de hacerlo no solo nos  consideraríamos afortunadas-os, sino privilegiadas-os reinas  y reyes frente a esos niños. Solo viene a mi pensamiento una pregunta ¿qué habrá sido de ellos, y de los miles que se encontraban en su situación hace un año?


Cuando todas las miradas se centran en Gaza, tierra a la que amo pues allí dejé parte de mi historia, ¿qué ocurre con otros refugiados palestinos? ¿qué ocurre con aquella promesa de Filippo Grandi, comisionado general de la UNRWA, cuando dijo: “No os olvidaremos, el mundo no os olvidará”?.
Mientras en Gaza se celebran miles de bodas con el patrocinio de Turquía y los Emiratos Árabes con regalos de 4.000 y 2.000 dólares respectivamente.; mientras en Gaza se hacen promesas de reconstrucción por parte de los países europeos, algo totalmente necesario y de justicia frente a la destrucción causada por la guerra. Los refugiados palestinos de Yarmouk, errantes por diversos lugares, aún siguen preguntándose si no tienen derecho a las ayudas de la Media Luna o la cooperación internacional, pues no a todos llegan, y mucho menos a quienes no pueden enfrentarse al deseo de conseguir algo de alimento de otros compatriotas que no están impedidos o están más cerca de los puntos de reparto; que no tienen ni lo básico para que los niños puedan su subsistir, el coste de los alimentos es tan alto que hasta la hierba tiene precios inalcanzables. Se quejan, y con razón, de que quieren ser tratados como personas y no como animales a quienes se les facilita un poco de pienso.
La composición musical que abre esta entrada, correspondiente a la película “El pianista” en la que se desarrolló una historia que narra los avatares y sufrimientos de un pueblo que había sido desposeído de lo que tenía, similar a la que vive el pueblo palestino, donde lo único que cambia son los protagonistas.
La música, en ocasiones, inunda el aire de Yarmouk, y trata de atraer la atención del mundo sobre su situación, como en este vídeo donde ellos cantan: “¿Qué pasa en estos días? / El mundo envía delegaciones, / las delegaciones van y vienen. / Es un círculo sin fin. / Las delegaciones se multiplican / y las promesas también. / Promesas, promesas, promesas… / mientras las personas siguen muriendo.”

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