miércoles, 22 de enero de 2014

LA MÚSICA HACE MILAGROS


En un lejano país vivía un rey que amaba tanto la música que ofreció una gran recompensa a quien le trajera el mejor instrumento que existiera. 
Un día se presentó en palacio un anciano que le entregó un violín.
El rey mandó llamar al músico real para que lo deleitara con la música de aquel nuevo instrumento, pero de él solo pudo sacar sonidos extraños, estaba desafinado. Muchos otros músicos lo intentaron pero ninguno consiguió buenos acordes. Todos coincidieron en que no servía para nada y que el rey había sido engañado.

Tras castigar al anciano que lo había llevado, tiraron aquel violín a la basura.
Uno de los súbditos más pobres de aquel reino, que buscaba entre los desechos para mantener a su familia, encontró aquel violín y decidió llevárselo para que su hija jugara con él. 
Al tenerlo en sus manos la niña decidió tocarlo, aunque no sabía hacerlo.
Lo intentaba día tras días. Semana tras semana seguía haciéndolo sonar, pero de él sólo salían acordes desafinados. Ella no se  desanimaba y durante meses siguió practicando, haciéndolo mejor cada día.
En un momento dado, de aquel violín, comenzaron a brotar las más hermosas melodías.
Era un violín encantado que sólo estaba dispuesto a entonarlas para quien de verdad se esforzara poniendo todo su interés en hacerlo.
Pronto se extendió por el reino las virtudes musicales de aquella niña, y el rey mandó llamarla para poder apreciar si era realidad lo que de ella se decía.
Cuando la vio con el violín en sus manos, se extrañó que de aquel instrumento que ellos habían desechado pudiera salir la música que tanto le habían ensalzado. Le pidió que interpretara alguna de sus melodías y quedó tan encantado que mando liberar de las mazmorras al anciano que, en su día, se lo había entregado, despidiendo y repudiando a todos aquellos músicos que no habían sabido utilizarlo. A la niña la nombró su músico personal, colmándola de riquezas a ella y su familia.
He querido comenzar este post con este cuento, porque en ocasiones los cuentos se convierten en realidad y, tal vez, sean superados por ella misma.
Barrio de Cateura, de la ciudad de Asunción (Paraguay)
Es lo que sucede en el barrio de Cateura de la ciudad de Asunción en Paraguay. En él se encuentra el vertedero oficial en donde toneladas de basura se vierten diariamente.

Favio Chávez, técnico ambiental y músico aficionado

“Donde hay música no puede haber nada malo”, dijo Cervantes, y debió ser lo que pensó Favio Chávez, técnico ambiental y músico aficionado, cuando en 2006 llegó a Cateura, una barriada de calles sin asfalto, que por entonces sólo aparecía en las páginas de sucesos. Aquel barrio se había desarrollado en torno al vertedero de la ciudad. Personas sin recursos escarban diariamente entre los desechos de sus vecinos para poder sobrevivir. Por sus calles “circulan” carritos tirados por viejos pollinos además de otros elementales medios de locomoción, transportando plásticos, maderas, metales… Mientras unos recogen, otros clasifican y los terceros los trasladan hasta las empresas de reciclaje, en su afán de ganar unas monedas para poder alimentar a las familias que tienen detrás.
Favio se sintió atraído por la situación en que se encontraban los niños de aquel barrio y decidió, con la música de su guitarra, entretenerlos mientras sus padres trabajaban. En torno a él cada vez se congregaban más niños, y con sólo dos guitarras no podía atender las inquietudes que en ellos había despertado por poder tocarlas.
Un día, Nicolás (Don Colá como es conocido entre sus vecinos) un viejo ganchero (término con el que son conocidos los trabajadores del vertedero) encontró un violín roto y se lo llevó a Chávez.Este le propuso que hiciera lo posible por arreglarlo, puesto que en ese estado no le era de utilidad para los niños.
Aprovechando parte del instrumento original y con otros elementos encontrados entre la basura, Don Colá, acabó creando un violín muy especial. Tan especial que se convirtió en símbolo de un gran proyecto.

Con la ayuda del propio Don Colá y otros miembros de la comunidad, Chávez y sus estudiantes tuvieron sus instrumentos musicales, todos hechos de materiales encontrados y reciclados de la basura. Guitarras hechas de latas o de maderas de embalaje; chelos de bidones metálicos; instrumentos de metal, como un saxofón realizado con canales metálicas; o instrumentos de percusión a base de madera reciclada y con la membrana realizada con restos de películas de radiografías; y violines fabricados con viejas cacerolas o asaderas de aluminio o metal, con el mango de madera de palets.
En la actualidad son los propios jóvenes, asesorados por expertos, los que construyen sus propios instrumentos. Cucharas rotas, botes de productos químicos, chapas, latas de aceite, llaves viejas, monedas, cajones de embalaje y mucho ingenio se convierten en los elementos necesarios para que la creatividad los transforme en instrumentos que serán los mejores amigos de un potencial músico. 

Director de orquesta paraguayo Luis Szarán
A través de la organización no gubernamental “Sonidos de la Tierra”, el compositor y director de orquesta Luis Szarán ha llevado esta experiencia a diversos escenarios de Europa y Estados Unidos, donde el público, muy sorprendido por lo que estaba viendo y oyendo, ha podido disfrutar de las mejores melodías como si estuviesen interpretadas con los tradicionales instrumentos de orquesta. “A mí me impresiono el hecho de que viviendo en el estadio más bajo de la pobreza, como es habitar encima de la propia basura, se pueda crear una herramienta educativa que puede cambiar radicalmente la vida de los hijos”. Fueron palabras del propio Szarán refiriéndose al momento en que conoció lo que se estaba haciendo en el vertedero de Cateura.

Escuchar las mejores melodías de Mozart, Vivaldi, Beethoven, Tchaikovsky, música popular de distintos países y otros géneros musicales, con un sonido cercano a las más reputadas orquestas, pero interpretadas con estos instrumentos, cuesta imaginarlo. Los profesionales de la música que se fueron incorporando al proyecto, quedaban asombrados al escucharlos.
Soluciones creativas y simples pueden producir transformaciones sociales poderosas en las comunidades pobres. De ahí que esta experiencia se esté tratando de llevar a efecto en otros lugares del planeta.
Como reza el eslogan de “La armonía del vertedero”: “El mundo nos manda basura, nosotros le devolvemos música”. Ellos nos vienen a demostrar que “en este mundo nada se pierde, todo se transforma”. Es sin duda una solución en donde han puesto en marcha toda su capacidad creativa, pues aunque sus violines no sean Stradivarius, ni los otros instrumentos procedan de las mejores marcas, son sorprendentes los sonidos que emiten y las historias que encierran dentro de ellos.Es entonces cuando creemos en el milagro de la música. 
Todo esto es una demostración de que para producir música y despertar sueños no es necesario el dinero.
AIRAM



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