martes, 17 de diciembre de 2013

Mitos y leyendas de instrumentos musicales


“MORIN KHUUR”, EL CABALLO CONVERTIDO EN INSTRUMENTO MUSICAL
Es habitual encontrar leyendas en torno a la creación de instrumentos musicales, cada grupo social trata, a través de ellas, transmitir la magia contenida en esos instrumentos que forman parte de su propia manera de ser y entender el mundo que les rodea. La música tiene el poder de sobrevolar la presencia de lo material, y los instrumentos musicales el valor simbólico de mantener vivos esos sonidos que acercan al ser humano a los momentos sublimes de lo espiritual.
Es lo que ocurre con el “morin khuur” o “violín de cabeza de caballo”, un instrumento ligado profundamente a los rituales, ceremonias y a la vida diaria de los nómadas mongoles. En torno a su creación circulan varias leyendas, todas ligadas a un mismo sentimiento: el amor al caballo por el pueblo mongol.
Una de ellas narra la historia de un joven pastor de nombre Kuku Namjil que había recibido el regalo de un caballo alado. Una noche montó en él para volar hacia su amada que se encontraba lejos del lugar donde él cuidaba de su manada de caballos. Mas otra mujer, que deseaba el amor del pastor, a través de un conjuro, hizo que las alas del caballo desaparecieran cuando trotaban entre las nubes. Jinete y corcel cayeron al suelo, mas este murió al salvar la vida del pastor amortiguando con su cuerpo el impacto de aquel. El Pastor, en su dolor por la pérdida de su caballo quiso mantenerlo siempre junto a él, y con unos huesos del mismo, la crin de su cola y parte de su piel creó el primer “morin khuur”.
Otra leyenda nos habla de un niño llamado Sukle, que sentía especial cariño hacia un caballo blanco de la manada de su padre, con el que siempre jugaba y correteaba por la estepa mientras los demás pastaban. Cierto día, un rival del mismo, mató al caballo. En sueños el espíritu del caballo se aparecía a Sukle para pedirle que creara un instrumento musical que les permitiera permanecer siempre juntos. Así creó, aquel niño, el primer “morin khurr”, con un mango de hueso en cuyo extremo talló una cabeza de caballo, una caja de resonancia cubierta con la piel y dos cuerdas hechas con la crin de la cola del mismo.
Y por último, otra nos habla de un pastor nómada que poseía una gran manada de caballos y entre ellos había uno muy especial para él. Un día aquel caballo murió y el joven pastor se sintió muy triste por su pérdida. Ya sólo pensaba en la manera de poder conservar por siempre aquel caballo junto a él. Decidió crear un instrumento musical y con algunos de sus huesos dio forma al mismo y con la crin de su cola formó las cuerdas que lo hicieran sonar. De esta manera cada vez que lo cogiera en sus manos para tocarlo, además de las caricias que sentiría sobre su piel, el sonido le recordaría a aquel entrañable e inseparable amigo que había sido su caballo.
No podemos olvidar que el pueblo mongol, que ocupaba las inmensas llanuras de la estepa euro-asiática, nómada por excelencia y necesitaba de un animal que les permitiera desplazarse con rapidez de un lugar a otro, fue así como el caballo se convirtió en su animal emblemático y el símbolo de la libertad del pueblo mongol.
Este instrumento, cuya caja de resonancia de forma trapezoidal se prolonga en un largo mástil sin abrazaderas acabado en una cabeza de caballo esculpida, y sus dos cuerdas más las del arco están realizadas con la crin de la cola de estos animales. Habitualmente era tañido por un bardo, acompañando con su sonido la historia y leyendas del pueblo mongol que él transmitia en poemas.

Su simplicidad no impide que de sus cuerdas surjan hermosos y expresivos sonidos que hacen sentir en profundidad los sentimientos que transmite. Declarado patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO, su práctica y el propio instrumento original están en vía de desaparición, solo algunas comunidades pastoriles del sur de Mongolia conservan el arte del “morin khuur”, sus ritos y costumbres.





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