miércoles, 21 de agosto de 2013

La importancia del arbol



Los árboles han sido desde el principio de los tiempos fundamentales para la vida en nuestro planeta. Esa planta perenne, de tallo leñoso que se ramifica a cierta altura del suelo y que, cada año, produce ramas secundarias desde un único tronco, dando lugar a una copa separada del suelo, es lo que los humanos denominamos ÁRBOL. Las planas leñosas que no reúnen estas características, por tener varios troncos o por su pequeño tamaño, son consideradas arbustos.
El árbol está formado por tres partes: 
La raíz, el tronco y la copa.
Las raíces, penetrando en la tierra la fijan a ella y a su través obtienen las sales minerales de las que se nutren para sus supervivencia. Podemos encontrar, fundamentalmente, dos tipos de raíces:
Una raíz principal de la que derivan otras, o bien, numerosas raíces en las que ninguna de ellas predomina sobre las demás. Es raro encontrar en los árboles raíces aéreas, pero se dan en algunas especies que viven en entornos pantanosos.  El tronco sostiene toda la estructura del árbol y termina en una copa, formada por la serie de ramas que nacen de él, y que a su vez se dividen en otras más finas, donde se encuentran las hoyas y la yemas de crecimiento. 
Cuando no existe ramificación, como es el caso de la palmera, que solo tiene un penacho de grandes hojas en su extremo superior, no se habla de tronco sino de ESTIPE.
En el interior del tronco hay un doble sistema conductor,constituido por los vasos leñosos o xilema,que transporta el agua y las sales minerales desde el suelo a las ramas y hojas,y los vasos del líber o floema,que llevan la savia y los azúcares fabricados en las hojas,mediante la fotosíntesis,a los demás tejidos del árbol.
En el caso de los especímenes de mayor edad, se puede apreciar la siguiente estructura en los troncos: - Corteza: es la zona externa. Su contextura porosa e impermeable protege y aísla al árbol del frío y la sequedad. Está constituida por tejido muerto, más conocido como súber o corcho. Su grosor va aumentando de acuerdo a la edad del árbol. - Líber: delgada capa que cumple funciones de sostén y conductoras (floema). - Duramen: capa presente sólo en algunas especies. Tejido interno duro y muerto, que debido a la estratificación de las sustancias resinosas adquiere un tinte oscuro y una enorme resistencia a la putrefacción. - Cambium: tejido vivo que cubre la parte leñosa, cuya reproducción determina el crecimiento del tronco, ramas, ramillas y raíces. El cambium crece hacia afuera, por lo que va formando nuevos anillos de crecimiento cada año. Durante la primavera se forman conductos más amplios, que le dan un color más claro al leño respecto al verano y otoño. Estas capas de albura -por su color claro- se alternan con las del duramen, dando origen a estos anillos, visibles en algún corte del tronco.
Los anillos son menos evidentes en algunos árboles y, en las especies ubicadas en los trópicos pueden estar ausentes del todo, porque su crecimiento es igual durante todo el año. Las ramas y hojas forman la copa. La copa adopta formas diversas, según las especies, distinguiéndose básicamente tres tipos: la alargada y vertical, la redondeada o la que se extiende de manera horizontal, como si fuera una sombrilla. Las ramas salen del tronco, se subdividen en ramas menores y en éstas están las yemas y las hojas. De la yema nacerá una flor, una rama, u hojas. Las yemas que quedan en el extremo de las ramitas se llaman yemas terminales. Suelen estar cubiertas por escamas o catafilos como forma de protección. A través de las hojas el árbol realiza la fotosíntesis y puede por lo tanto alimentarse. Las raíces absorben el agua con minerales disueltos en ella. Suben por el tronco hasta las hojas. Allí reaccionan con el carbono procedente del anhídrido carbónico y forman azúcares. Luego el azúcar se transforma en celulosa, que es la materia prima de la madera. La hoja tiene una parte superior (haz) y otra inferior (envés), en el que se encuentran los estomas, pequeñas aberturas por las que penetra el anhídrido carbónico y por los que sale el agua sobrante y el oxígeno. Pueden tener una sola forma (aovada, acorazonada, sagitadas, reniformes, lanceoladas, etc.) o bien ser recortada, lobulada, con entrantes más o menos marcados. El borde de la hoja (borde foliar) también es un elemento de distinción, pues puede ser entero (liso), crenado, dentado (con pequeños picos), aserrado y doble aserrado (como dientes de sierra), sinuado y lobulado; además, el borde puede ser espinoso (con espinas en el borde, como en el borde dentado punzante).
El árbol es uno de los símbolos que asociamos con la naturaleza y la ecología.Los árboles han sido desde el principio de los tiempos fundamentales para la vida.
Nos aportan oxígeno y alimento (en forma de frutos).
Los árboles nos proporcionan madera con la que desde hace siglos se han construido herramientas, viviendas, o leña para proteger los poblados. Las ventajas que nos aportan los árboles son muchas: 
Producen oxígeno y absorben dióxido de carbono y otro gases a través de sus hojas, corteza o raíces, de esta forma contribuyen a mantener el aire más limpio. Ayudan a prevenir la erosión del suelo y mantienen la humedad del mismo a través de sus raíces y sedimentos.
Son hogar y refugio para muchos animales, sin árboles no podrían vivir ardillas, insectos o multitud de aves. Los árboles producen semillas y frutos que son una importante fuente de alimentación para muchos animales. 
Para los humanos producen gran variedad de frutos que comemos a diario. Los árboles proporcionan madera. La tala de árboles de forma responsable, no indiscriminada y ayudada por la repoblación de especies de crecimiento rápido es importante para la actividad económica. Es difícil mirar a nuestro alrededor y no encontrar algún objeto hecho de madera. Muebles material para la construcción, herramientas. Las especies ornamentales de los árboles utilizadas en las ciudades, proporcionan sombra y disminuyen la temperatura en las ciudades. Si en época de calor paseas por un parque notarás que la temperatura es más agradable. Los árboles crean microclimas que ayudan a refrescar el ambiente debido a que liberan vapor de agua al aire a través de sus hojas. Ayudan a disminuir la contaminación acústica en las ciudades, por esto en determinadas zonas de las ciudades expuestas a ruidos como viviendas cerca de carreteras o aeropuertos se plantan zonas arboladas ya que ayudan a disminuir los ruidos.
Para las culturas antiguas,el árbol además de ser parte de la esencia de sus vidas,por ser su primer cobijo, proveedor de frescas sombras y refugio de aves,buscadas para la caza,era también motivo de admiración,respeto,veneración,ante su fortaleza de erguirse hacia los cielos,plantarse con firmeza en la tierra y adaptarse a los ciclos de los tiempos.Ellos, significaban la conexión entre la tierra y el cielo.Era el simbolismo de la verticalidad,de la vida en completa evolución.Sentían,que cada hombre o mujer lleva en su interior un árbol,que los impulsaba a crecer de la mejor manera.Oír a los arboles,les permitía entender su destino y predecir el futuro.Los árboles, eran a su vez, los  protectores de todo lo material y espiritual.
Muchos pueblos de la Antigüedad, profundos conocedores de los Misterios de la Naturaleza, nos han dejado en sus mitos y tradiciones multitud de referencias sobre el mundo vegetal; su relación con el hombre, su profundo simbolismo y los poderes que otorga este singular reino. Ellos, a través de su relación con este hermoso y verde mundo que nos acompaña en nuestra vida, supieron descubrir que no sólo otorga belleza, sino que también ofrece conocimiento y vida.Dos concepciones de aquellas tradiciones nos hablan del “Árbol de la vida” y del “Árbol del conocimiento”
Como “árbol de la vida”, este fue considerado como encarnación del principio vital, por una parte porque a través de su ciclo de las estaciones del año representa el retorno de la regeneración, y por otra parte, los coníferos siempre verdes son una encarnación de los principios inagotables y eternos de la vida. Por ello se ha mantenido hasta hoy en día en algunos lugares el rito de plantar un árbol al nacimiento de un niño, el cual le transmite su vitalidad. Además, el árbol aparece en muchas mitologías como portador de inmortalidad. Es fácil constatar que hay árboles que viven más de mil años, y parecen prácticamente inmortales para
los hombres.
En el concepto de “árbol del conocimiento” o “árbol de la sabiduría” es uno de los dos árboles mágicos mencionados en la Biblia, concretamente en los capítulos dos a cuatro del Génesis. Es un mito central en las religiones de raíz judaica, tales como el judaísmo, islamismo y cristianismo, pues es el motor de la caída del ser humano de un estado de gracia divina hacia el mundo real, con sus padecimientos y limitaciones. Este mito se debe interpretar  como el acceso del ser humano al conocimiento a través del uso del lenguaje, las herramientas y la cultura, un estado ideal que irá distanciándole de un estado “primitivo” de animalidad. 
Muchos árboles han sido considerados como sagrados, a lo largo de la historia, por distintas culturas y religiones, pero hoy nos vamos a centrar en uno de los más conocidos y extendidos entre todos ellos:
Según viejas crónicas, el manzano silvestre era oriundo del Mar Negro. 
Fue llevado a Egipto bajo la Dinastía del Faraón Ramsés II. 
De Egipto fue llevado a Persia. Los persas convirtieron algunos árboles silvestres en árboles de cultivo, y entre ellos el manzano. 
Los persas dieron a conocer este árbol a los griegos, y éstos a su vez a los romanos.
Baste esto como reseña histórica de él, pues nosotros nos centraremos en los mitos, leyendas y tradiciones del manzano.
Entre los celtas, el manzano era uno de los siete árboles sagrados. Para ellos era el símbolo de la inmortalidad, de la perfección y la pureza, y sus flores eran el signo del amor y la fertilidad. Sus flores y frutos se ofrecían en diversas ofrendas a sus dioses, ya que habían observado que el manzano se desarrolla en armonía con el ritmo anual del Sol como ningún otro árbol.
En la mitología nórdica también el manzano tiene un papel importante, y es el símbolo de la juventud eterna y de la inmortalidad. Idunn, la diosa de la primavera para los germanos, es la encargada de custodiar las manzanas de oro. Ella llevaba diariamente a los dioses las mágicas manzanas. Con este fruto los habitantes del Asgard se mantenían siempre jóvenes. En una ocasión, la diosa fue secuestrada por un gigante y los dioses comenzaron a envejecer rápidamente. Una vez liberada Idunn, y al ofrecerles de nuevo los especiales frutos, los dioses recuperaron su juvenil aspecto y su inmortalidad.
En la cultura griega, también aparece el mito del manzano, no en una sola ocasión relatan su leyenda, sino que dos veces nos hablan de ella. En la leyenda de “El Jardín de las Hespérides”, este es el huerto de Hera en el oeste, donde un único árbol o bien toda una arboleda daban manzanas doradas que proporcionaban la inmortalidad. Los manzanos fueron plantados de las ramas con fruta que Gea había dado a Hera como regalo de su boda con Zeus. A las Hespérides se les encomendó la tarea de cuidar de la arboleda, pero ocasionalmente recolectaban la fruta para sí mismas. Como no confiaba en ellas, Hera también dejó en el jardín un dragón de cien cabezas llamado Ladón como custodio añadido. Uno de los relatos referente a este jardín, está relacionado con los trabajos de Heracles (Hércules) el héroe griego por excelencia. Después de que completase sus primeros diez trabajos, Euristeo le asignó dos más afirmando que no contaban ni el de la Hidra -porque le había ayudado Yolao-, ni el de los establos de Augías -porque fue pagado por él, o porque los ríos hicieron el trabajo-. (Cuando abordemos el conocimiento de la historia y los mitos de Grecia, veremos esta antigua leyenda, hoy centrémonos en esta. Heródoto afirma que Heracles se detuvo en Egipto, donde el rey Busiris decidió hacer de él su sacrificio anual, pero Heracles rompió sus cadenas. Continúa la leyenda narrando como el héroe sabía que para afrontar esta prueba correría un gran riesgo, ya que esos frutos procedían de unos árboles de la mismísima diosa Hera; pero tenía una posibilidad, ya que el Jardín se encontraba en las faldas del monte Atlas, según pudo saber tras interrogar de malos modos a Nereo, de forma que en caso de apuro podría pedirle ayuda al titán. Pero claro, había que hacerlo con astucia, ya que Atlas estaba castigado a sostener el mundo sobre sus hombros como castigo por su traición a Zeus.Cuando estuvo ante Atlas le convenció simulando tener lástima de él y de su tremendo castigo; Hércules se ofreció a sostener un poco el Universo si a cambio el Titán iba hasta el Jardín y le traía las manzanas (Atlas podría tomarlas porque era el padre de las Hespérides o tenía algún parentesco con ellas). Así lo hizo Atlas, pero pronto se dio cuenta Hércules de que no parecía muy dispuesto a retomar de nuevo su puesto en el castigo. Hércules, que además de ser un poco bruto, era también muy astuto -por eso es de la raza de los héroes-, engañó de nuevo a Atlas, diciendo que el Mundo no estaba bien equilibrado sobre sus hombros y que le ayudara a colocarlo mejor. Cuando Atlas se acercó a él para ayudarlo, Hércules aprovechó para pasarle el peso y dejarlo clavado allí, alejándose rápidamente de vuelta al palacio de Euristeo, con las manzanas en su poder.
Hay otra variante de la historia en la que Heracles era la única persona que robaba las manzanas (además de Perseo), si bien Atenea las devolvía luego a su lugar correcto en el jardín. Eran consideradas por algunas las mismas «manzanas de dicha» que tentaron a Atalanta, frente a la «manzana de la discordia» usada por Eris para provocar un concurso de belleza en el Olimpo (que terminaría dando lugar a la Guerra de Troya).
La manzana todavía aparecerá en otro mito griego. En este caso, la diosa de la discordia lanzó una manzana destinada a la diosa más hermosa. Dicho honor lo disputaban Hera, Atenea y Afrodita. El juez que debía otorgar el premio era Paris. Las tres divinidades inician ante él un debate prometiéndole regalos; Hera le ofreció el reino del Universo, Atenea hacerlo invencible en la guerra y Afrodita la mano de Helena. Paris otorgó la manzana a la diosa del amor, Afrodita.
Estesícoro, en su poema la Canción de Gerión, y el geógrafo griego Estrabón, en su libro Geografía (volumen III), las Hespérides estaban en Tartessos, un lugar situado en el sur de la península Ibérica.
En la religión cristiana, el manzano es el árbol del “fruto prohibido”. Cuenta la tradición que la primera pareja de seres humanos, después de su creación, vivían felices en el Paraíso Terrenal; no tenían dolores, ni enfermedades, todo era felicidad. Podían comer de todos los árboles del Paraíso salvo de uno, el manzano. La historia es de sobra conocida, y el estudio del profundo simbolismo de este mito bíblico sería muy extenso; sólo haremos referencia aquí a la manzana, símbolo del discernimiento, de la capacidad de elegir libremente, de diferenciar, que otorga la sabiduría o conocimiento divino. 
En la Edad Media también encontramos el símbolo del manzano en múltiples leyendas. La figura de la Madre Naturaleza, personificada como la diosa, ofrece las manzanas de oro de la salvación y de la inmortalidad al héroe en muchas leyendas medievales. De hecho en la semántica indoeuropea belleza y pureza son sinónimos. Sólo lo bello, brillante y puro puede pasar a formar parte de lo inmortal y eterno. En este contexto se sitúa la leyenda de Arturo, mítico rey que, una vez herido de muerte, es llevado por la Maga Morgana en su barca hacia la isla de Avalon, el país de las manzanas. Allí curó de sus heridas y cuenta la leyenda que sigue viviendo “eternamente joven”. 
El manzano, fue estudio de uno de los hombres más sabios y enigmáticos del Renacimiento, Paracelso.Según él, la Botánica herbolaria astrológica reconoce el signo de Venus sobre todo en las flores delicadas ricas en néctar. 
Las flores del manzano pertenecen a este grupo. Estas flores, cuya belleza glorifica el mes de mayo, desprenden una suave fragancia y están formadas por cinco pétalos, de color rosa por fuera y blanco por dentro, que rodean un ramillete de estambres amarillos.
La estrella de cinco puntas, “el corazón de la manzana”, dibuja el patrón de las cinco órbitas que describe Venus en su movimiento retrógrado durante su trayectoria sinódica de ocho años a lo largo de la elíptica. 
Para Paracelso, el manzano es un árbol sagrado consagrado a la diosa Ceres.
El hombre es el ser más destructivo de la creación.
Desde el momento en se creyó el ser superior de la misma.
Cada árbol tiene una historia oculta, legendaria que contar y solo la contara a quien comprenda que en su tronco, en sus raíces y en sus ramas late la vida de un ser majestuoso. Por eso este post tendrá continuación.
Airam







No hay comentarios:

Publicar un comentario