viernes, 16 de agosto de 2013

"A quien ha visto la luz, le es imposible vivir entre las sombras."




 Reproducción en 3D de la ciudad de Heracleion.
Bahia de Abukir
Thonis-Heracleion, una antigua ciudad, puerto de entrada a Egipto antes de la fundación de Alejandría, y que hoy se encuentra sumergida en la bahía de Abukir. Se calcula fue construida en el siglo VIII AC en el delta del Río Nilo.
Las ciudades sumergidas del Egipto de los faraones.
Lo que hasta hace unos años se consideraba como fantasías de escritores y poetas de la antigua Grecia,la arqueología está demostrando que no solo eran mitos y leyendas, y que en ellas se encuentra una parte de la historia que fue, y que de nuevo ve la luz, porque el esplendor de aquellas culturas no se resigna a permanecer en la sombra. Es por ello por lo que no debes de dudar de Herodoto o de Homero, ni de los viejos poetas que en sus escritos recogieron viejas canciones que se habían transmitido de forma oral a lo largo de generaciones. Como sucedió con la antigua ciudad de Troya, se creía que Heracleion existía únicamente en los textos de Homero, visitada por la bella Helena y su amante Paris.
Strabo
Antigua ciudad de Canopus 
El geógrafo Strabo escribió que la ciudad de Heracleion, que poseía el templo de Heracles, estaba localizada al este de Canopus (otra ciudad desaparecida bajo las aguas),en la desembocadura del brazo canópico del río Nilo.
Las aguas del Mediterráneo la engulleron y sepultaron hace 1.200 años y ahí se quedó,escondida por la arena del fondo marino,en la bahía de Abu Qir, cerca de Alejandría.
Fue redescubierta hace trece años por el arqueólogo francés Franck Goddio, al frente de un equipo del Instituto Europeo de Arqueología Submarina (IEASM), y en colaboración con el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto.
Heracleion debe su nombre al dios Heracles, y entre las razones de la fama que poseía en la Antigüedad se encuentra la leyenda que relaciona la ciudad con los míticos Paris y Helena de Troya. Herodoto, que visitó Egipto en torno al año 450 a. C., relata en sus crónicas (Historia, Libro II: Euterpe) cómo los dos amantes llegaron a Heracleion. Esto es lo que él nos cuenta:
Helena y Paris
CXIII. He aquí en verdad lo que me referían los sacerdotes acerca de Helena cuando yo les pedía informes. Al volver a su patria Alejandro (Paris) en compañía de Helena, a quien había robado en Esparta, unos vientos contrarios lo arrojaron desde el mar Egeo al Egipto, en cuyas costas, no mitigándose la tempestad, se  vio obligado a tomar tierra y aportar a las Taríqueas, situadas en la boca del Nilo que llaman Canóbica. Había a la sazón en dicha playa, y lo hay todavía, un templo, dedicado a Hércules, asilo tan privilegiado al mismo tiempo que el esclavo que en él se refugiaba, de cualquier  dueño fuese, no podía ser por nadie sacado de allí, siempre que dándose por siervo de aquel dios se dejase marcar con sus armas o sello sagrado, ley que desde el principio hasta el día se ha mantenido siempre en todo su vigor. Informados, pues, los criados de Alejandro del asilo y privilegios del templo, se acogieron a aquel sagrado con ánimo de dañar a su señor, y le acusaron refiriendo circunstanciadamente cuanto había pasado en el rapto de Helena y en el atentado contra Menelao; deposición criminal que hicieron no sólo en presencia de los  sacerdotes de aquel templo, sino también de Tonis, gobernador de aquel puerto y  desembocadura.
CXIV. Apenas acabó este de oír la declaración de los esclavos, cuando despacha a Memfis un expreso para Proteo con orden de decirle: «Acaba de llegar un extranjero, príncipe de la familia real de Teucro, que ha cometido en Grecia una impía y temeraria violencia, viniendo de allí con la esposa de su misino huésped furtivamente seducida; y trayendo con ella inmensos tesoros, arribó a tierra arrojado por la tempestad. ¿Qué haremos, pues, con él? ¿le dejaremos salir impunemente del puerto con sus naves, o le despojaremos de cuanto consigo lleva?»
Proteo, avisado, envió luego un correo con la siguiente respuesta: «A ese hombre, sea quien fuere, que tal maldad y perfidia contra su mismo huésped ha cometido, prendédmelo sin falta y llevadle a mi presencia para oír qué razón da de sí y de su crimen».
En cuanto a la ciudad sumergida, las primeras referencias a Thonis-Heracleion se remontan al siglo XII antes de nuestra era, si bien lo más probable es que fuese fundada en el siglo VIII a. C. En cualquier caso, no llegó a ser un importante centro comercial internacional hasta la última época faraónica, durante el llamado Periodo Tardío, cuando logró convertirse en el principal puerto egipcio, antes de la fundación de Alejandría en el año 331 a. C.
La ciudad se mantuvo en pie durante cerca de mil años más, hasta que, probablemente en el siglo octavo de nuestra era, se hundió bajo las aguas.
En su época de mayor esplendor, el conjunto debió de ofrecer un aspecto impresionante. Según explica el profesor Goddio, Heracleion estaba articulada en torno a un enorme templo dedicado al dios Amun-Gereb, la principal divinidad egipcia en aquel tiempo: “Alrededor del templo, una gran red de canales daba a la ciudad la apariencia de estar asentada sobre una laguna. En sus islas e islotes se levantaban a su vez otros santuarios menores, y en el lado norte del templo dedicado a Heracles, un gran canal fluía de este a oeste, conectando el puerto con un lago”.
Las prospecciones realizadas en la zona de Herakleion han descubierto una enorme cantidad de hallazgos. Uno de los más importantes ha sido una gran estela, esculpida en un bloque de granito negro, en la que bajo el disco solar alado se ve representado al rey Nectanebo I ofreciendo en dos registros simétricos, a la diosa Neith entronizada, un collar de oro y alimentos. El documento está fechado en el año 1, cuarto mes del verano, día trece del reinado de Nectanebo I (hacia el mes de noviembre del 380 a.C.) y recoge la creación del pago de un impuesto del diez por ciento del oro, plata y madera en bruto o trabajada que viniera del llamado “mar de los griegos”, así como de todas las cosas a favor del dominio del rey en la ciudad, y otro diez por ciento de los mismos artículos, salvo la madera, que se manufacturasen.
Uno de los descubrimientos más importantes de la zona del templo es esta capilla monolítica, ya que sirve como clave para identificar el resto de la ciudad.
Otro importante hallazgo llevado a cabo en Herakleion ha sido un magnífico naos hecho sobre un solo bloque de granito rosa, según todos los indicios epigráficos y en opinión del Profesor Jean Yoyotte, perteneciente al periodo ptolemaico, aunque su factura recuerda enormemente al naos del templo de Edfu, construido por orden de Nectanebo II.  El hallazgo, ubicado cerca del antiguo muelle, se encuentra entre los restos del gran templo de Ta-Hone dedicado principalmente al dios Zeus-Amon Guereb y a su hijo el dios Herakles-Jonsu, cuyo nombre era La-Casa-de-Amon-Guereb-en-la-boca-de-Ta-Hone. Muy cerca se han hallado también, al menos, tres colosales estatuas de granito rosa que representan al dios Hapy, el Nilo divinizado, y a un rey y una reina, por el momento, no identificados.
Sarcógafo de granito rosa en el momento de su descubrimiento en la zona de Herakleion.
Las futuras excavaciones del recinto del gran templo entregarán seguramente gran cantidad de restos de sumo interés puesto que, de momento, han aportado a los arqueólogos gran cantidad de piezas tales como alcuzas de bronce, monedas de oro y numerosas piezas de joyería datables a finales del siglo I a. C.
El análisis de la arquitectura naval de los barcos egipcios indígenas de Thonis-Heraclion está ayudando a superar la falta de fuentes antiguas sobre dichos buques y abre una amplia gama de preguntas sobre su construcción y evolución en el tiempo.
Los restos de diez barcos hundidos posiblemente durante la época greco-egipcia, prueban como mudos testigos la gran actividad portuaria que Herakleion debió alcanzar antes de ser sustituida por la gran Alejandría.
Una colosal estatua de granito rojo (5,4 m), que representa al dios Hapi, que decoraban el templo de Thonis-Heraclion. El dios de la crecida del Nilo, símbolo de la abundancia y la fertilidad, nunca antes se había descubierto en una escala tan grande, que apunta a su importancia para la región Canopica.
Franck Goddio y su equipo con una estatua colosal de granito rojo (5.4 metros) que representa al dios Hapi que decoraba el templo de Heraclión. Nunca antes se había descubierto una figura tan grande del dios de las inundaciones del Nilo y símbolo de la abundancia y fertilidad, lo cual refleja su importancia para la región canópica. ©Franck Goddio/Hilti Foundation. foto: Christoph Gerigk.
La estatua de granito rojo (5,4 m), que representa al dios Hapi, antes de ser izada a la superficie.
Esta estela fue ordenada por el faraón Nectanebo I, que vivió entre 378 y 362 antes de Cristo. Es casi idéntico a la estela de Naucratis, que se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo.
La diosa Isis fue venerada como madre y esposa, así como patrona de la naturaleza y la magia.
También se analizaron una variedad de objetos religiosos en la ciudad hundida, incluyendo esculturas de piedra de unos 5 metros de altura, que probablemente adornaban el centro del templo, y sarcófagos de piedra caliza, que se cree contenían animales momificados.
La placa de oro descubierta, de 60 centímetros por 10cm , posee inscripciones en griego en memoria de Tolomeo III y su esposa Berenice, como grandes benefactores de un edificio a un Dios.  Fue descubierta cerca de un canal ritual sagrado al norte del templo.  Jonathan Cole, director del Centro de Arqueología Marina de Oxford, declaró: "Es un hallazgo increíble. Encontrar una placa de oro es raro, pero que tenga una inscripción que hable de Heracleion es magnífico".
Pero no solo Heracleión ha visto la luz tras ser engullida por las aguas del Mediterráneo. Debido a una combinación de fenómenos naturales, incluyendo una serie de terremotos y maremotos, una parte de Alejandría, Portus Magnus, en la que se ubicaban partes del barrio real de la ciudad, con sus templos, palacios, jardines reales y estructuras portuarias, también quedó sepultada bajo las aguas. Durante más de mil doscientos años, templos, edificios, palacios, estatuas, cerámicas, monedas, joyas y objetos de la vida diaria se mantuvieron intactos en el fondo del mar, cubiertos por gruesas capas de arena y sedimentos, hasta que Goddio los encontró y documentó.
 Jérôme Delafosse
Encuentro con una esfinge hecha de granito negro. Se cree que el rostro de la esfinge representa a Ptolomeo XII, padre de la famosa Cleopatra VII. La esfinge fue encontrada durante las excavaciones en el antiguo puerto de Alejandría.©Franck Goddio/Hilti Foundation
Aquella sucesión de fenómenos naturales, también acabaron con la ciudad de Canopus. La ciudad fue mencionada en numerosas ocasiones por los autores clásicos y los padres de la iglesia. La mención más antigua de Canopus se encuentra en un poema de Solón, de la primera mitad del siglo VI antes de Cristo. Según el poeta Nicandro (siglo II aC), cuenta que el rey espartano Menelao hizo alto en la ciudad de Herakleion cuando regresaba desde Troya con Helena. Entonces, Canopus, el timonel que gobernaba su barco, fue mordido por una serpiente venenosa y como consecuencia de ello se transformó en un ser divino. Por tal razón Canopus y Menuthis, su esposa, fueron inmortalizados fundándose las poblaciones que llevaron sus nombres.  Esa es la razón por la que la ciudad lleva el nombre de este desafortunado marinero. Durante las últimas dinastías faraónicas y el período ptolemaico, Canopus era famosa por sus santuarios de Osiris y Serapis, que eran visitados por peregrinos de todo el mundo en busca de una curación milagrosa.
Fragmento del naos de los Decanes hallado en los suburbios de la ciudad de Canopus.
En los momentos iniciales, el equipo de Franck Goddio halló en Canopus un importantísimo fragmento de un monumento que fue inmediatamente identificado. Se trataba de una capilla de granito negro llamada por los egiptólogos ‘el naos de los decanes’. La parte superior fue hallada en la playa de la bahía de Abukir en 1776 por los integrantes de la Expedición francesa a Egipto y hoy se exhibe en el Museo del Louvre. Otra parte fue descubierta en 1934 y recuperada en 1940 por el arqueólogo turco, príncipe Omar Tusson, y hoy forma parte de los fondos del Museo Greco-Romano de Alejandría. Finalmente, la nueva porción encontrada contiene numerosas inscripciones que facilitan gran información sobre los conocimientos que en materia de calendario y astrología poseían los egipcios.
La capilla, construida por orden del rey Nectanebo I (380-362 a. C.), llevaba textos e imágenes de las estrellas que gobernaban el cielo nocturno a lo largo del año egipcio. Con estas imágenes e inscripciones se representaba el calendario anual de 36 decanes o periodos de 10 días, la semana de los antiguos egipcios. Estos periodos de diez días estaban marcados en su inicio y en su conclusión por la aparición y desaparición en el cielo nocturno de las estrellas conocidas como ‘los decanes’.
Cabeza de granito negro de una estatua del faraón Nectanebo I (380-362 a. C.), hallada en los suburbios de la ciudad de Canopus.© UAD (CG.Abou 26)
Monedas de oro que datan del imperio Bizantino (siglo VII a.d) e islámico (siglo VIII a.d.) encontradas en Canopus. ©Franck Goddio/Hilti Foundation, foto: Christoph Gerigk.
Pero ¿por qué se hundió en el mar toda esta zona? Nadie lo sabe con certeza. Según la opinión de un equipo de técnicos de la universidad estadounidense de Stanford, Heracleion, al igual que otros núcleos urbanos de la misma zona (Canopus y una de sus barriadas, llamada Menuthis) fue destruida como consecuencia de una serie de terremotos y maremotos que asolaron las costas egipcias a causa del surgimiento de una grieta en una falla marina existente entre Sicilia y Egipto.El equipo de Goddio sugiere que los pesados edificios, que se erigían sobre un terreno de arcilla y arena, no soportaron un terremoto. Otras teorías hablan de inundaciones, y de posibles derrumbes combinados con un progresivo aumento del nivel del mar.Sin embargo, continua siendo un misterio sobre qué fue exactamente lo que provocó tal hundimiento.
Y de aquella vieja civilización, de la cual algún día aquí recogeremos su historia, hoy quiero resaltar el significado de esa figura que elegiste entre cientos de ellas: 
EL COCODRILO.
Los griegos le llamaron Sucos (σοῦχος), que quiere decir "cocodrilo" y le identificaron con Helios. En la mitología griega, Helios es la personificación del Sol. Helios era imaginado como un hermoso dios coronado con la brillante aureola del sol, que conducía un carro por el cielo cada día hasta el Océano que circundaba la tierra y regresaba por éste hacia el este por la noche. 
Píndaro lo describió como un carro tirado por «corceles que arrojaban fuego». Posteriormente, los caballos recibieron fogosos nombres:
Flegonte (‘ardiente’), Aetón (‘resplandeciente’), Pirois (‘ígneo’) y Éoo (‘amanecer’).
A medida que pasó el tiempo, Helios fue cada vez más identificado con el dios de la luz, Apolo. Su equivalente en la mitología romana era Sol, y específicamente Sol Invictus.
El norte es quien guiaba a los marinos en las noches oscuras de navegación, la Estrella Polar está tan cerca del polo que puede usarse para obtener una posición aproximada.
"A quien ha visto la luz, le es imposible vivir entre las sombras."Airam.
















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