martes, 23 de julio de 2013

UNA NEREIDA DEL TIEMPO ACTUAL


Si alguien dudaba de la existencia de las Nereidas, a quienes se les considera ninfas del Mar Mediterráneo, creo que esta historia que hoy reflejo acabará con sus dudas.
“Emergían de las aguas para ayudar a los marineros”
Madlín Kulab, de dieciocho años y nativa de Gaza, con sus propias palabras cuenta: 
“Pescar ha sido el trabajo de mi padre y de mi abuelo, y a mí se me da muy bien. Era natural que siguiera su camino”.
Con tan sencillas palabras ella refleja su propio esfuerzo para poder romper todas las barreras de un trabajo propio de hombres, ha tenido que luchar contra las ideas preconcebidas de una sociedad y desafiar las leyes del gobierno islamista de Hamás. Ha sufrido la incomprensión de Hamás, que impone en la franja de Gaza la segregación de niños y niñas en la escuela y relega a la mujer a un papel secundario en la sociedad.
En muchas ocasiones el ejecutivo islamista ha tratado de impedir que esta joven pudiera seguir los pasos de su padre, un pescador de la zona. Llegaron a quemarle los aparejos de pesca y dañaron su barca. 
En tres ocasiones detuvieron a su padre, Mohamed, que se encontraba gravemente enfermo, para presionarla a que abandonara su trabajo en la mar. Y la presión aumentó cuando le confiscaron el bote para impedirle salir a faenar.
Pero su tenacidad ha logrado superar todas las dificultades:
 ““Mi padre ha pasado una época en la que estaba muy enfermo, casi no podía andar, por eso insistí en salir a pescar en su lugar”, son de nuevo palabras de Madlín Kulab. Hoy por fin, tras el permiso del muftí (un experto en derecho islámico) de Gaza, ha conseguido la autorización para que pueda faenar junto con su hermano, de 15 años, y otros pescadores.
“En varias ocasiones, las naves israelíes me han atacado al llegar al límite que imponen”, “Y otra vez, me rodearon dos naves israelíes y dieron vueltas alrededor de mi barco para intentar volcarlo”, relata la joven. Pues no sólo ha tenido que hacer frente a la intransigencia de su propia gente. Todos los días se ha de enfrentar al peligro que supone desarrollar su trabajo dentro de un límite que los israelíes, sin respetar los internacionales, que establecen ese límite a veinte millas de la costa, han reducido sólo a tres.
“Crecí con los pescadores, he pasado mi vida entre el puerto y la barca, así que entre ellos soy uno más. No me siento discriminada, tengo el apoyo de mis compañeros”, señala. Su figura destaca entre la de los demás pescadores. Ellos muestran sus brazos –van en manga corta- y sus cabezas, mientras que la joven lleva un vestido largo, negro, y un hiyab rosa que oculta totalmente su pelo.
“En griego su nombre significa nadar. Simbolizaban todo aquello que hay de hermoso y amable en la mar”.
“Mi sueño es participar en los Juegos Olímpicos”. “Puedo nadar de tres a cinco horas cada día, es algo que me encanta”, explica.
A la menor oportunidad, la joven se sube en su barca y cuando se encuentra a mucha distancia de la costa, practica su afición favorita:
La natación. Con una falda que le cubre hasta los tobillos y una camiseta de magas largas, ataviada a la manera islámica, se lanza al agua para ejercitarse. Y para sentir toda la inmensidad del elemento en que se encuentra, se sumerge en sus profundidades. Sus habilidades acuáticas sorprenden a sus compañeros de trabajo. Nunca han visto a otra mujer entre ellos, ni tampoco a nadie que se sienta como ella “pez en la mar”.
Madlín Kulab, es consciente de lo complicado que tiene cumplir su sueño, puesto que no existe ningún equipo de natación para mujeres en toda la zona, lo que imposibilita poder participar en competiciones internacionales. Pero no por ello renuncia a él. Todos estos inconvenientes no la desaniman, al contrario, a pesar de que ninguna otra mujer haga lo mismo que ella, las anima a que sigan su ejemplo: 
“Quizá en el futuro haya más pescadoras en Gaza”.
Un verdadero ejemplo de Nereida de nuestros actuales tiempos, que merece nuestra admiración y respeto.

La fuerza del mar logrará liberar a quienes hoy están cautivas en las costas de Gaza.

AIRAM


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